Ser pastor en tiempo de elecciones. Colaboración.

Publicado el 23 de noviembre de 2017 en Facebook.

Ser pastor en tiempos de elecciones.

Pastor, líder…
Mantente alejado de abanderarte con colores políticos.
No uses tu influencia para manipular la libertad de los demás.
Porque con ese mensaje, no solo sacralizarás tus opciones (que seguramente no son infalibles) sino que fomentarás (sin querer), que aquellos que en el seno de tu comunidad piensen diferente a ti, sean cuestionados y hasta marginados.

Si vas a luchar, lucha, pero por todos.
Sean del color que sean.
Y si en tu conciencia crees que algo está mal, puedes dar tu opinión, pero no tengas por enemigo a quién opina diferente.
No creas que por abrir tu Biblia la verdad se resume en ti, asume con humildad que tu opinión, aun con Biblia en mano, puede estar sujeta a errores de interpretación y contextualización.

Recuerda al apóstol, la lucha de la iglesia no es contra “carne ni sangre”.
Y aún si tus convicciones te llevan a tomar distancia de ciertas “maneras de vivir”, no te niegues a escuchar las historias de aquellos que viven del otro lado de tus convicciones.

Quizás seguirás en desacuerdo, pero por lo menos, entenderás su historia.

No caigas en el juego de rotular a alguien por su inclinación política, el ser humano no se puede resumir a una opinión.

Recuerda los valores del sermón de la Montaña, que esa sea tu bandera.

Tenderle la mano a los que lloran, a los pobres, a los que esperan justicia.

Fomenta una cultura de la compasión, del shalom (paz) que es buscar el bienestar integral del otro, sea quién sea y crea en lo que crea.
Eso es justamente amar al prójimo, el versículo más predicado, el menos practicado.

No solo ayudes a los tuyos, busca imitar a ese Padre perfecto , que hace salir su sol sobre buenos y malos.

Fomenta una cultura del buen trato, recuerda que para jesús, hasta decirle “tonto” a alguien tiene repercusiones negativas. Sé intolerante a la violencia verbal y a todo tipo de violencia.

Fomenta una cultura que discierna lo perverso que es poner a las riquezas como motor último de nuestras motivaciones.

Y toma esa cruz, esa cruz del carpintero, que no solo es tener fe ante la adversidad, sino también, identificarse como lo era en tiempos de Roma, con aquellos que bajo el peso de un madero (Que ningún ciudadano romano debía cargar) eran rotulados como “gentusa”, indigna de ser considerada un auténtico ciudadano.

Vía, Ulises Oyarzún

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