Racionalidad y transparencia económica: el gran desafío del pentecostalismo chileno.

Publicado originalmente en la Comunidad de Reflexión Cristiana, el 13 de diciembre de 2017 por Esteban Quiroz.

Uno de los temas más delicados dentro del pentecostalismo chileno es el tema de los dineros y la administración eclesiástica, el que parece ser uno de los cuestionamientos más intensos que realiza tanto la ciudadanía reacia a la religión (y sobre todo a lo evangélico-pentecostal), como los propios miembros de las iglesias evangélicas históricas, tales como bautistas, luteranos, presbiterianos o los propios metodistas de los cuales provenimos los pentecostales chilenos.

Y aunque el análisis tiene muchos sesgos cargados por la imagen masiva -y por ende económicamente poderosa- que dejan algunas iglesias pentecostales de gran número tales como la de Jotabeche, Maipú, Sargento Aldea, etcétera, generando la impresión de que sería muy rentable tener una iglesia, lo cierto es que la mayoría de las iglesias pentecostales en realidad son una carga económica para el pastorado (sobre todo en la etapa inicial)  (Mansila & Orellana Urtubia, 2013, pág. 99), en el que el pastor además de dedicar grandes cantidades de tiempo y energía en la obra evangelistica, trabaja en labores asalariadas como todo el mundo  (Orellana Urtubia, 2008, pág. 127). Sin embargo, hay algo que parece ser indudablemente cierto acerca de todo esto: en las iglesias pentecostales no parecen haber reglas razonables en el financiamiento del trabajo pastoral, ni transparencia de ningún tipo respecto a la administración de los fondos eclesiásticos.

En efecto, una característica común del pentecostalismo criollo es el que a nivel estatutario el pastorado disponga libremente de los diezmos de la iglesia que dirige (sean pocos o sean muchos) y que no se rinda cuenta pública alguna de las entradas eclesiásticas en general, de manera que la congregación general e incluso terceros tengan acceso libre a ella. Así lo establecen, por ejemplo, tres de las más grandes entidades religiosas pentecostales: la Iglesia Metodista Pentecostal de Chile de Derecho Público (artículo 101 de su Estatuto), la Iglesia Evangélica Pentecostal (artículo 63 de su Estatuto), y la Iglesia Metodista Pentecostal de Derecho Privado (artículo 54 de su Estatuto).

La razón histórica de esta situación parece provenir de dos elementos esenciales: el pentecostalismo chileno, luego de su quiebre con la institucionalidad Metodista, se formó de manera espontánea a través de pequeños grupos de hermanos entusiastas que carecían de cualquier financiamiento externo al que rendir cuentas (que es el caso de la mayoría de las otras denominaciones, dependientes de apoyos extranjeros) y el hecho de que eran iglesias pequeñas de hermanos de bajos recursos, por lo cual tampoco se manejaban grandes cantidades de dinero, ni una institucionalidad burocrática definida que invitara a ser suspicaces con la administración. Con el tiempo y crecimiento del movimiento pentecostal chileno, se estableció una institucionalidad más ordenada, pero se mantuvo esta forma de administración económica (Orellana Urtubia, 2008, pág. 156).

De esta manera, aunque el pastorado tenga mucho más o mucho menos de lo que parece justo, y estén o no bien administrados los dineros, sea que un pastor se esté haciendo millonario o incluso aun cuando se empobrezca por causa de la iglesia, aquello simplemente no puede saberse ni corregirse, pues es un asunto entregado en forma exclusiva y excluyente al pastorado o a un grupo muy reducido de personas dentro de una corporación pentecostal (muchas veces miembros del círculo familiar del pastorado), resultando evidente la necesidad de corregirlo pues genera no pocos vicios y problemas.

A continuación, se presentan varios argumentos y razones para modificar con urgencia esta característica del pentecostalismo chileno:

Razones bíblicas:

Mucho más allá del interesante debate acerca de si el diezmo levítico constituye o no parte de los deberes cristianos o es parte de la leyes judías que no obligan al creyente en Cristo, lo cierto es que de acuerdo con las Escrituras, habría sido mandamiento del propio Jesús el hecho de que aquellos que predican el evangelio vivan de él, es decir, reciban mantenimiento económico de la labor evangelistica (1 de Corintios 9:14)[1]. Sin embargo, dicha facultad y orden dada por Jesús, no implica que esto deba funcionar de forma irracional o desproporcionada, ni de forma secreta.

Efectivamente, las Escrituras nos revelan que el movimiento iniciado por Jesús tuvo problemas de administración económica desde sus orígenes, siendo el tesorero de los apóstoles el propio Judas Iscariote, quien de acuerdo con Juan “metía la mano en la bolsa” (Juan 12:6). En otras palaras, la Escritura nos advierte que estas cosas pasan, no son buenas y deben evitarse, pues si al propio Jesús le pasó ¿cuánto más a su iglesia?

El apóstol Pablo nos señala así que la administración de los dineros de la iglesia ha de hacerse con honestidad no solo ante Dios, sino también ante los hombres, evitando ser censurados en cuanto a este tema (2 Corintios 8:20-21), por lo tanto la transparencia es desde ya un deber cristiano que deben observar los administradores de una iglesia, pues la transparencia y claridad es el principio fundamental de la honestidad. No obedecer a ello contradice la Palabra de Dios.

Pedro así mismo, nos advierte que se debe tener cuidado de quienes hacen mercadería de la fe, enriqueciéndose a través de ella (2 Pedro 2:3), que es lo que se daría en el caso de las iglesias de gran tamaño en la que se aplica este esquema administrativo establecido a nivel estatutario, pues en este caso un pastor que administre una iglesia en el que haya solo 100 hermanos que ganen (solamente) el mínimo y que diezmen voluntaria[2] y mensualmente, estaría ganando 10 veces el salario mínimo (unos $2.700.000.-) lo que excede ampliamente lo que gana un profesional de alta preparación y trabajo; mientras que si tuviere 290, ganaría más que el ya muy obsceno sueldo de un Senador de la República, y si tuviere 1000, ganaría más que el presidente de CODELCO, la minera cuprífera más grande del mundo, es decir unos $27.000.000.- mensuales (aunque son pocas las iglesias que tienen ese número de miembros, estas existen dentro de las denominaciones pentecostales)[3].

De acuerdo con las Escrituras, la iglesia debe cuidarse de los falsos maestros que quieren engañar a la grey, y una estructura eclesiástica con este talón de Aquiles, solo se presta para que muchas personas con dobles intenciones realicen esfuerzos por llegar al liderazgo, no con la finalidad de servir a la grey de Dios, sino con la finalidad de obtener beneficios económicos (1 Pedro 5:2). Aquello lleva a que, por ambición, la iglesia se divida cuando más de un líder quiere llegar al cargo de pastor u obispo, no con finalidades de diaconía, sino como por ganancia deshonesta. La experiencia ha demostrado que las iglesias pentecostales se dividen constantemente por causa de enredos de dinero. Un esquema transparente y racional en lo económico es un excelente medio para evitar que aparezcan como pastores aquellos que no lo hacen por causa de Cristo y su obra, lo que es un cuidado constante que la iglesia debe tener de acuerdo con las Escrituras.

De la misma manera, en el caso de las iglesias pequeñas, difícilmente el pastor que se dedica a tiempo completo a la obra cristiana, podrá acceder a un sueldo que le permita mantenerse a sí mismo y a su familia, pues no teniendo diez hermanos que ganan el mínimo y que diezmen, no accederá ni siquiera al ya muy bajo sueldo mínimo, ni a imposiciones o cuidados mínimos de salud, incumpliendo por tanto la corporación eclesiástica a la que pertenece, con un mínimo de respeto cristiano al desempeño de un trabajo a tiempo completo (2 Corintios 5:4), que requiere de muchos sacrificios.

Razones evangelisticas y misionológicas:

No es desconocido para nadie que esta sombra de poca transparencia presente en todas las iglesias pentecostales y de enriquecimiento potencial en las iglesias grandes, es un enorme impedimento evangelístico, pues da mal testimonio a las personas que están en el mundo. La Escritura nos revela que los cristianos deben hacer todo lo posible por dar un buen testimonio, sobre todo si se trata de una autoridad espiritual (1 Timoteo 3:1-13) y un testimonio de oscuridad económica no es para nada uno que anime a las personas a quitar sus prejuicios para oír con claridad el mensaje de Cristo. Pues incluso cuando las platas estén bien administradas, no se tiene cómo saber que eso es así dada la falta de transparencia, y en el caso de las iglesias grandes, el esquema estatutario parece generar condiciones evidentes para un enriquecimiento desproporcionado e irracional.

Adicionalmente, una iglesia que está llamada a condenar el mal uso del dinero y aun el amor al dinero (1 Timoteo 6:10), señalando el cohecho (Salmo 15:5), la explotación (Santiago 5:4) y la avaricia como pecado (Lucas 16:13), no puede mantener estructuras que les permitan garantizar enriquecimientos desmedidos ni ilícitos o formas de explotación y abandono económico, sino por el contrario, debe ser la primera institución en predicar con el ejemplo (Romanos 2:21-24).

Por último, una racionalización del uso del dinero permitiría que las iglesias con mayor dinero financien a las más pequeñas que evangelizan otros sectores del país e incluso del extranjero (si esto se hace o no y si se hace adecuadamente tampoco lo sabemos, pues no es transparente). No tiene sentido que pastores y misioneros que cumplen una misma labor, sirven a un mismo Dios, participan de un mismo Cuerpo y trabajan en una misma institución, tengan riquezas excesivas unos y pobrezas enormes otros, cuando bien repartidos los dineros, y organizados racionalmente, bien puede alcanzar para todos y sobre todo para potenciar las obras pequeñas en pos de su crecimiento.

Así lo dijo el apóstol Pablo exhortando sobre la ofrenda en 2 de Corintios 8:14-15: Porque no digo esto para que haya para otros holgura, y para vosotros estrechez, sino para que en este tiempo, con igualdad, la abundancia vuestra supla la escasez de ellos, para que también la abundancia de ellos supla la necesidad vuestra, para que haya igualdad, como está escrito: El que recogió mucho, no tuvo más, y el que poco, no tuvo menos.

Razones económicas:

Una administración económica sin transparencia y sin límite en el pago de dineros pastorales, es un fuerte desincentivo para cumplir con el mandamiento y deber cristiano de ofrendar. Una respuesta ética de la organización eclesiástica hacia la transparencia y hacia el uso de los dineros que informe al pueblo acerca de cuánto se requiere y en qué se gastan las platas (especialmente si se utilizan para cumplir el deber cristiano de ayudar a los desposeídos, a las viudas y a los que tienen menos según Gálatas 2:10 y Hechos 6:1-3) debería ser un poderoso incentivo para que de buen corazón y fe, el pueblo ofrende, y lo haga con abundancia para el Señor, sin suspicacias y sin sospechas (que es lo que argumenta Pablo en 2 de Corintios 8).

Razones éticas:

Toda institución que administra dineros ajenos tiene el deber de rendir cuentas de los ingresos y gastos en los que incurriere, y de asegurar que los dineros que a ella ingresan se destinan para sus propios fines. Ninguna institución de carácter público o privado que carece de esos elementos cumple con estándares mínimos de ética, que son por lo demás exigidos razonablemente por todas las personas a toda clase de organizaciones no empresariales ni lucrativas. No hay razones para que la iglesia se exima de los mismos, pues la iglesia de Cristo no es una empresa.

Adicionalmente, no parece conforme a la ética cristiana que un pastor se enriquezca mucho más allá de lo razonable con base en el bajo pero acumulativo aporte de personas de escasos recursos, de manera tal que llegue a tener mucho más que aquellas personas a las que está sirviendo y ayudando espiritualmente, en lugar de ello, parece mucho más conforme a la ética, fijar reglas claras para dar sustento al pastorado sin cruzar la línea de lo morboso. El propio Jesús se lo recriminaba a los fariseos en Mateo 23:14 diciendo: ¡Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas! porque devoráis las casas de las viudas, y como pretexto hacéis largas oraciones; por esto recibiréis mayor condenación.

Razones históricas:

Aunque hemos señalado que existen razones históricas por las cuales el pentecostalismo se organizó de esta forma poco ordenada a nivel financiero, también es cierto que en su génesis más inmediato, con el pastor Hoover, no operó de esta forma, así lo señaló el propio Hoover al definir la identidad pentecostal:

El Pastor es tal por la invitación y nombramiento de un cuerpo que se llama una Junta de Oficiales, que tiene a su cargo todos los asuntos materiales de la Iglesia, en particular todas las finanzas. Estos perciben todos los dineros que entran en la iglesia y pagan al Pastor un sueldo que ellos mismos fijan. Estos también secundan eficazmente la obra espiritual de la Iglesia[4].

El anhelo por retomar el avivamiento del pasado debería mirar hacia estos elementos iniciales, que parecen mucho más razonables, éticos y bíblicos. Adicionalmente, se debe recordar que el pentecostalismo no fue planteado como un quiebre teológico con el Metodismo ni con la doctrina de Wesley, en la cual se mantiene una lógica de transparencia y racionalidad económica.

Razones de hermandad multidenominacional:

Una de las razones por las cuales el resto de denominaciones evangélicas no tienen buenas relaciones con los pentecostales es esta constante y justificada crítica al problema económico, no solo porque les parece evidentemente contrario a la Escrituras y a la ética cristiana la forma de administración económica, sino también porque siendo las iglesias pentecostales las mayoritarias en Chile, se genera una generalización en virtud de la cual cualquier pastor es considerado como un potencial mercader de la fe a través de esta mala fama que otorga la poca transparencia y la generalización de cara a las comunidades pentecostales de gran tamaño. Un paso firme y seguro para que el resto de denominaciones tomen en serio la institucionalidad pentecostal es este.

Razones políticas:

Aunque la excursión política de los sectores evangélicos que se están organizando en la actualidad, protagonizados especialmente por ciertos grupos pentecostales, es cuestionable por muchas razones teológicas, bíblicas, históricas y jurídicas, si nos sustraemos de ellas para analizar dicho intento político, resulta manifiesto que la intención de participar en la democracia sin cumplir con supuestos democráticos mínimos, como la racionalidad y transparencia económica, entre otros problemas de legitimidad republicana, va a ser un impedimento constante y una fuente evidente de deslegitimación política que hará aún más infructuoso y difícil dicho trabajo, afectando de paso y evidentemente la labor evangelística (que es la verdadera misión de la iglesia, por cierto). Los ataques políticos, investigaciones periodísticas y críticas sociales se harán mucho más intensas mientras aparezca esta debilidad evidente, según ya hemos presenciado. Ver (Ramírez & Pizarro, 2017).

Razones legales:

Las instituciones que funcionan como corporaciones, son personas jurídicas de derecho privado que por esencia deben ser sin fines de lucro (Artículo 557-2 del Código Civil), al establecerse que los pastores recibirán para sus propios fines los diezmos, están cumpliendo de forma muy ambigua con la ley, de la misma manera las instituciones que funcionan como personalidades jurídicas de derecho público (Artículo 9 de la ley 19.638). No debería pasar mucho tiempo como para que estas cosas lleguen a conocimiento tanto de los tribunales como del legislador, ya sea para sancionar a estas instituciones, o como para crear nuevos tipos penales, lo que parece muy razonable.

Otra razón es que las iglesias, al ser personas jurídicas que no pagan impuestos, se pueden prestar como una institucionalidad útil para evadirlos o para lavar dineros, existiendo la posibilidad seria de que se creen sectas con finalidades diversas a las espirituales dada esta fragilidad evidente. El legislador, en búsqueda de mejorar la institucionalidad, no debería tardar mucho tiempo en intentar evitar que esto suceda, siendo imperativo que las iglesias pentecostales se ajusten al derecho en este aspecto (esperando que no intenten extorsionar políticamente a la autoridad, sino colaborando para el bien de todos y velando que personas con dobles intenciones no manchen la profesión de la fe y el ministerio cristiano).

Conclusiones:

Las iglesias pentecostales tienen el desafío teológico, bíblico, ético, histórico y político de modificar y modernizar su esquema financiero, haciéndolo más acorde con sus características actuales, con sus finalidades morales y evangelísticas y sobre todo como parte del Cuerpo de Cristo, que debe honrar y obedecer a la Palabra de Dios en este aspecto.

Dicho desafío les corresponde con urgencia a los líderes actuales y a los jóvenes pentecostales que han alcanzado nuevos niveles de educación e ingreso. Sabemos que la esencia carismática y caudillistica de los líderes pentecostales no contribuye mucho en modificar este esquema, pues tanto pastores como obispos -en tanto líderes espirituales- resultan elevados hacia una categoría de tal autoridad que cuestionarlos es interpretado como un ataque en contra de los siervos de Dios, dejando a aquel que exige reglas claras como una especie de “hijo de Coré“, personaje bíblico que se rebeló contra el carismático siervo de Dios, Moisés.

Sin embargo esto debe ser corregido aun contra esta adversidad, pues así lo demanda la Escritura. Sabemos también que la estructura piramidal y jerárquica de la administración pentecostal hace de este tipo de situaciones algo mucho más difícil de modificar, pues el pastorado en tanto administrador sin contrapeso de los dineros y fondos, además nombra sin control alguno a todas las autoridades eclesiásticas más elevadas (oficiales diáconos), pudiendo remover instantáneamente cualquier autoridad menor que quiera cuestionar la administración ya sea en forma pública como privada, sin embargo, en el Espíritu de Dios, está es una de las reformas más necesarias para la legitimidad y sobrevivencia del movimiento pentecostal chileno, so pena de que se siga fraccionando, o se sigan produciendo éxodos masivos de pentecostales a las denominaciones históricas, en busca de (entre otros) una eclesiología sin arbitrariedades o con aguas más cristalinas.

Bibliografía

Hoover, W. C. (1927). ¿Quiénes son estos Pentecostales? Fuego de Pentecostés(7).

Iglesia Evangélica Pentecostal. (11 de agosto de 2000). Estatutos Iglesia Evangélica Pentecostal. Persona jurídica de derecho público N°14 de 22 de agosto de 2000.

Iglesia Metodista Pentecostal de Chile. (2001). Estatutos de la Iglesia Metodista Pentecostal de Chile. Persona Jurídica de Derecho Público 00043 de 3 de enero de 2001.

Iglesia Metodista Pentecostal de Chile. (s.f.). Estatutos de la Iglesia Metodista Pentecostal. Persona Jurídica de Derecho Privado de 30 de septiembre 1929.

Mansila, M. Á., & Orellana Urtubia, L. (2013). Haciendo memoria de las líderes religiosas olvidadas. El reconocimiento póstumo del trabajo de las pastoras en el pentecostalismo chileno. Revista Sociedad y Religión, 77-113. Recuperado el 7 de marzo de 2017, de http://www.scielo.org.ar/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S1853-70812013000200004

Orellana Urtubia, L. A. (2008). El Fuego y la Nieve. Historia del Movimiento Pentecostal en Chile. Concepción: Centro Evangélico de Estudios Pentecostales.

[1] Sin olvidar que toda organización humana supone trabajo y bienes, y por ende financiamiento.

[2] Aunque el diezmo es voluntario, se enseña que no cumplir con ello es pecado, y adicionalmente es requisito en la mayoría de las iglesias para obtener posiciones de liderazgo. De manera que no es voluntario, pues tiene una coacción tanto ideológico-religiosa como organizacional e identitaria.

[3] Súmese a ello el hecho de que los pastores no rinden cuentas públicas del resto de entradas que manejan, tales como las ofrendas u otros donativos como algunos generosos y sobreabundantes regalos de cumpleaños, aniversarios, etc.

[4]  (Hoover, ¿Quiénes son estos Pentecostales? 1927) citado por (Orellana Urtubia, 2008, pág 135)

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