Bolsonaro.

Explícitas son las frases antivalóricas y que llaman al pecado del candidato brasileño Jair Bolsonaro.

Frases que celebran la tortura (“estoy a favor de la tortura”), que apoyan el asesinato (Pinochet debió matar más gente, “el error de la dictadura de Brasil no fue matar”); que hace apología del uso de armas enseñándolo a los niños, que promueven el prejuicio racial a negros y judíos (según él los negros son inútiles y no sirven ni para procrear, además sus hijos no podrían tener parejas de raza negra porque están “bien educados”, o ha señalado que “si contratan mujeres porque sí, van a tener que contratar negros también”); que proponen la acepción de personas y el odio a las minorías, que banalizan la violación y que la hacen ver incluso como un privilegio que las mujeres “feas” no “merecen” (o sea que las bonitas sí); que promueven el odio a la propia familia (jamás amaría a un hijo homosexual, preferiría que muriera en un accidente); que promueve incluso el asesinato de los pobres para eliminar la delincuencia (“Hay que dar seis horas para que los delincuentes se entreguen, si no, se ametralla el barrio pobre desde el aire.”).

Y esta persona, completamente desquiciada, obtuvo una enorme mayoría en Brasil, con apoyo de no pocos sectores evangélicos ¿por qué? Bueno, porque está en contra de los derechos de la disidencia sexual (no solo eso, además les ofrece golpes y que se inclinen ante las mayorías). Eso es todo.

No importa cuán pro muerte, violencia, odio, acepción de personas sea, no importa que todo eso que hace y dice sea pecado, de hecho pecados graves y abominables, está recibiendo apoyo evangélico por odiar a los gays, porque en Brasil también les fueron con el cuento de la “ideologia de género que los quiere destruir”.

Es verdad, existió una candidata evangélica, pentecostal, llamada Mariana Silva, mucho más razonable, con un proyecto no basado en el odio, sino con un proyecto de desarrollo, con una teología ambiental muy fuerte y necesaria. Sin embargo muchos “cristianos”, en nombre de “los valores”, aunque no se sabe qué valores serían esos que promueven tanto odio y violencia, votaron por Bolsonaro y llamaron a votar por él.

Es verdad también que su éxito no se debe solo a esos sectores evangélicos, pues en realidad, odiar a las minorías, ser racista, ser xenófobo, creer que la violencia soluciona algo (y ofenderse, victimizarse, o negarlo todo cuando se lo encaran), es algo que está en la mentalidad de mucha gente, de hecho, en la mentalidad de las mayorías en muchos países, solo que ha sido detenido con mucho esfuerzo por el Estado de Derecho y por quienes activan en materia de DD.HH, sin embargo, con la crisis actual, los que proponen el odio han ganado fuerza, no moral, sino numérica y explican su crecimiento. Sobre todo en un contexto de crisis económica como el que ha tenido Brasil, y de amplia corrupción entre los sectores políticos tradicionales, que abre el espacio para estos políticos que recuerdan los peores momentos del siglo XX.

Lamentablemente, amados hermanos, el populismo del odio parece que seguirá creciendo y serán muchas las iglesias y cristianos quienes llevaran esta bandera de maldad en primera fila, a través de su obsesión anti gay, a través de su desconocimiento entre religión y derecho, a través de su repudio a su propia identidad marginada y su olvido de su pasado (y presente) como minoría.

Tenemos que hacer frente a esto, y sufrir sus consecuencias, intentar prevenilo, seguir debatiendo, seguir construyendo, seguir viviendo, predicando y anunciando el amor para combatir el odio, la ignorancia y la maldad de estas personas.

Es tiempo que las personas que creen en la piedad, en el amor, en la misericordia, dejen la falsa neutralidad, que quienes manejan información seria y de fuentes serias, debatan y saquen del error a quienes se basan en mentiras o prejuicios para promover prácticas salvajes como la tortura, la pena de muerte, o la violencia libre de las policías, es tiempo de que hablen, y que no callen, que luchemos por la paz, y que suframos por ella, o tiempos de mucho dolor caerán sobre todos, especialmente, y como siempre, sobre los grupos y las comunidades más débiles, más indefensas, más postergadas.

Será un nuevo Fujimori, un nuevo Rios Montt, y los indígenas sobre todo serán los que paguen el precio de este horror.

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