Jesús “el de Nazaret”

Como punto de partida quisiera abordar la cristología, pero desde una vereda distinta a lo tradicional, me refiero especialmente a un «Cristo» que es totalmente hombre y, por supuesto, Dios, pero dejando el romanticismo de lado y trayendo las verdades bíblicas a su contexto y al nuestro. En otras palabras, pretendemos hablar las cosas como son presentadas en el texto con un toque de análisis que nos permita aplicar el texto a una realidad en concreta.

Por otro lado, como todos o gran parte de los cristianos canutos evangélicos reconocemos por lo menos un poco la historia del nacimiento de Jesús (Mt 2:1-20) nuestro salvador y Señor según decimos. Él es totalmente hombre y Dios y, por ende, se nos hace muchas veces difícil pensar en el texto sin considerar ese tanto aspecto “romántico”, debido a que exageremos constantemente. En cierto sentido le damos connotaciones divinas a actos totalmente normales y cotidianos en la vida de un ser humano del cual Jesús no estuvo exento y el mismo texto bíblico tampoco.

Un claro ejemplo es el nacimiento de Jesús. Lo extraño, por supuesto, de este caso fue hacerlo en un pesebre (establo, entre animales), de lo que podemos imaginar las condiciones de nacimiento a las que se vio sometido Jesús, es decir, condiciones paupérrimas, ya que en el tiempo en donde se sitúa el relato lo común era nacer en casa con asistencia de parteras o algo por el estilo ¡no en un establo! Donde los animales hacen todo lo que necesitan, por ende, aplicando un poco más el texto y contextualizando el relato a la actualidad un caso similar en estos tiempos en comparación al nacimiento que tuvo Jesús, sería nacer en una casa o bien en un baño público o baño de un hospital como sucedió alguna vez en el hospital de Talca en nuestro país.

Por ello, es lógico pensar que, si Jesús naciese hoy en condiciones similares a las que lo hizo cuando habitó la tierra, sería algo así como aquel “niño nacido en casa o en el baño del hospital o baño público”, ahora bien ¿dónde vemos la cristología en una acto de nacimiento tan paupérrimo? Por supuesto que en el hecho mismo, en las malas condiciones del contexto que vemos a un Cristo totalmente humano y totalmente divino, pues nos enseña cómo el nacimiento de Jesús es un acto el cual trae consigo ciertos elementos que nos hacen pensar en la siguiente pregunta: ¿cómo “el Cristo” nace en aquellas condiciones siendo la encarnación de Dios?

Haciendo una interpretación del texto observamos al Cristo que trae consigo una buena noticia, como dijo el teólogo Jon Sobrino:
“No se puede teologizar a Jesús sin historiarlo y no se puede historizarlo sin teologizarlo como buena noticia”

Al parecer este Rey es distinto, hoy en día quizás sería catalogado de “flaite” o “marginal” nacer en sus condiciones ¡he ahí la buena noticia!

Este rey no nace en medio de un palacio con parteras ni comodidades, sino que parece que el mensaje de Dios es claro, una invitación a los “oprimidos” a lo(a)s “pobres-desposeído(a)s-marginado(a)s de la sociedad” y de las élites religiosas de su tiempo, pues en su nacimiento nos muestra no solo una situación precaria de nacimiento sino en ello una gran invitación:

“Cristo también es para los pobres” no solo para los de cierta “familia” sino un Cristo inclusivo, el cual siendo Dios decide esta forma de mostrarse a todo público, eso verdaderamente es una buena noticia, un redentor que nace de una forma extraordinaria con la cual los más olvidados podemos identificarnos, un Cristo que se identifica con la clase pobre-obrera, ¡que más divino que un Cristo que nace en un lugar donde no se considera que podría salir un “rey”! Donde los mismos evangelios dicen en algún momento; ¿acaso puede salir algo bueno de Galilea)? según decía cierta gente en los relatos evangélicos (Juan 1:45-47), esto pues Galilea era una ciudad despreciable, sin historia, concentrada de gente marginal, algo así como una toma en Chile, una pobla.

En fin, este Cristo, el cual trae consigo salvación y buenas noticias a su misma vez le sigue un milagro: “un rey” de clase pobre. Aunque el nacimiento de Jesús no es solo eso, sino una invitación, una buena noticia para los oprimidos, una identificación del Cristo con los pobres y un claro reflejo de cómo Dios mismo le da valor a las personas que muchas veces en nuestra “sociedad” y lo que es penoso en nuestras “comunidades de fe” no tienen en consideración: los(a)s “pobres”, aquellos marginado(a)s de hoy, con los que simplemente hacemos omisión de lecturas como esta y perpetuamos con nuestro “romanticismo-evangélico” y nuestras interpretaciones “escapistas” su precariedad, tomando la desigualdad como ley de vida.

Sin embargo Jesucristo en su nacimiento y en su vida y desarrollo nos ilustra el valor de la gente sea cual sea su condición y como el evangelio viene justamente a incluir a los excluidos y dar esperanza al desamparado.

Jesús vivió y se pareció al niño de esta imagen de acuerdo con el relato bíblico ¿habrá alguien valioso en ese lugar? sin duda que sí. Si un niño más o menos así, está a la diestra de Dios.

Por Jefferson Salazar, editado por EOC.

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