Comentario sobre Adopción homoparental y evangélicos en Chile

Ningún país socialista ni marxista tiene ni matrimonio homosexual, ni adopción homoparental, ni identidad de género.

Los que la tienen son países capitalistas, y socialdemócratas. Mayoritaria y primeramente los países de tradición protestante, como USA, Inglaterra, Holanda, Alemania, etc y otros países desarrollados, porque esto se basa en algo tan sencillo y bueno como ha sido la libertad de conciencia, que emanó precisamente del quiebre de la Reforma, que puso en la libertad de creencias y la autodeterminación el centro del asunto, desde que Lutero desconociera la autoridad del Papa y dijera que cada cual debe interpretar la Biblia, es decir, autodeterminarse en sus creencias.

Aquello abrió paso a la disidencia religiosa, que luego de muchas persecuciones entre incluso los propios protestantes y disidentes, solo pudo solucionarse políticamente por medio del pluralismo y la igualdad entre todas las creencias y formas de vida.

Por ese motivo los países de tradición protestante/liberal/capitalista o socialdemócratas permiten con mayor facilidad otros tipos de disidencias como las sexuales.

Pero el mundo evangélico sigue comprando la pomada youtubera del “marxismo cultural”, los manipulan políticamente para canalizar el voto hacia una tendencia ante todo económica, les dan diputados con cuotas mínimas de participación y sin peso, a los que ningunean y tratan como torrantes, pues, como explica Mansilla y Orellana, ese mundo de élite sigue viendo en lo evangelico a un obrero/campesino (a Durán le dicen “pez chico), y luego aprueban lo que satanizaron como chavismo “chilezuela” (cuando el Chavismo ha sido terrible homofóbico).

Ese es el tamaño de nuestra necedad e ignorancia, por no decir peores palabras.

Se aseguran así el poder, y sus intereses económicos, canalizando el voto de un pueblo mayoritariamente pobre, para seguir conservando sus privilegios y explotación, para obrar contra ese mismo pueblo. Proteger a las afps, a las Isapres, a los intereses de los monopolios naturales y servicios públicos privatizados, los negocios en educación, el endeudamiento masivo, la usura, la precariedad, explotación y opresión laboral, la acepción de personas y opresión al extranjero, la contaminación y destrucción de la Creación. Etc. Todos esos antivalores cristianos olvidados por los que se llenan la boca de “valores cristianos” para que votemos por sus preferencias valoricas económicas disfrazadas de asuntos valórico sexuales.

Y no me digan que el gobierno presentó una indicación conservadora, porque sí, lo hizo, pero sin ninguna disciplina oficialista, de manera que su propia bancada votó en contra, así quedan bien con los conservadores, a la vez que no les hacen caso. Una brillante jugada política.

Es una pena que una parte tan violenta de nuestros hermanos en la fe olvidara los valores cristianos en materia económica que están tan presentes en toda la Biblia, que olvidara también que por mucho tiempo nosotros los evangélicos, los disidentes religiosos, fuimos también discriminados y privados de derechos civiles en este país, de libertad de expresión, de libertad de expresar nuestra fe públicamente, de derecho a ser enterrado en un cementerio, de derecho a matrimonio y a constituir nuestras organizaciones, bajo la acusación conservadora de ser herejes, de ser disidentes de la verdadera religión, olvidando que militamos junto a liberales (progresistas) y masones para obtener nuestros derechos en oposición al mundo conservador, odioso y discriminador, para ahora discriminar a otras minorías, a otras disidencias, las sexuales. Y más penoso aún es que para muchos, la militancia en esa idea sea el criterio para determinar la hermandad o no, que te digan, si no eres jurídicamente conservador, no eres un auténtico cristiano.

Merecida pues tienen estas derrotas, que estoy seguro seguirán aumentando, hasta que en unos años más digan, como todos los conservadores, “en realidad exageramos”.

Nosotros en cambio decimos que el respeto a la autodeterminación ajena, que no discriminar a otro por su creencia o forma de vida, es un valor cristiano de profundo sentido protestante, pues la relación con Dios es personal, es libre y voluntaria, y los derechos iguales mientras no se dañe a otro. Que viva entonces la igualdad legal de cada forma de vida.

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