“365 veces dice la Biblia “no temas”.”.

Muchas veces escuché emocionantes predicaciones sobre esto, sobre las cuales congregaciones enteras sentían mucha alegría y consuelo.

Sin embargo, eso no es verdad, no aparece 365 veces, aunque dicha frase aparece varias veces en la Escritura, no aparece 365 exactas.

Cabía preguntarse ¿qué hacíamos en año bisiesto? ¿había un día en que debíamos temer?

Y si en realidad lo dice 52 veces como me dice un buscador en línea, ¿qué hacemos el resto de días? ¿tener miedo?

Y si lo dice en realidad una vez ¿no es acaso suficiente?

¿Y si en realidad no nos lo dice a nosotros, sino a ciertas personas que estaban en una situación particular en el relato? ¿debemos por ello temer nosotros?

Y si en realidad no lo dijera ninguna vez ¿debemos entonces tener miedo, ni tener razones para no temer?

¿O será que tal vez hacemos uso de una emocionalidad poco pensada, poco reflexiva para acercarnos al texto y vivir nuestra espiritualidad?

A mí me encanta vincular mi fe con mis emociones, pues esa es una fe integral, plena, y eso lo aprendí como pentecostal pero ¿quién debe gobernar, la razón o la emoción, o ambas? ¿debe ser eliminada una en contra de la otra? ¿están en oposición?

Creo en una espiritualidad llena de emoción, pero controlada, racional, no eliminar la emoción, no aborrecer la emoción, no que la suprimamos, pero que la controlemos, que la sujetemos, que la encaminemos por la razón.

Creo que puedo entender algo de Cristo en un momento en que vuelco mi emoción hacia lo alto, y creo también que puedo sentir mucha emoción pensando y reflexionando seriamente en él.

Así dijo Pablo en 1 Corintios 14:15 Oraré con el espíritu, pero oraré también con el entendimiento; cantaré con el espíritu, pero cantaré también con el entendimiento.

La emoción no debe gobernarnos, no debe ser un fin, sino un medio, un complemento en medio de un mensaje: el amor de Dios por la humanidad, el mandamiento de amar a Dios y al prójimo, cual es su justicia, una justicia que practicamos no para agradar a Dios o para justificarnos a nosotros mismos por obras muertas, sino una justicia que practicamos por cuanto él nos amó primero, por cuanto él dio su amor gratuitamente a la humanidad entera y sin mérito nuestro.

De hecho creo que ese es el contexto en que Dios llama a no temer, no importa cuántas veces lo diga la Biblia, si 1 o 365 o ninguna, pues es cosa de cada día, y se trata de que no teman todos los que le siguen, todos los que hacen su voluntad, y su voluntad es esta: que amemos.

Todos los que hacen esto, no deben temer, porque Dios está con ellos cada día, cada año, cada instante. Esa idea, pensada, escritural, reflexionada, también me emociona profundamente.

La imagen puede contener: océano, cielo, exterior, texto, agua y naturaleza

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