El obispo Durán y la jaula de hierro por el Dr. Miguel Ángel Mansilla y Dr. Luis Orellana Urtubia, publicado en Le Monde Diplomatique.

Les dejamos este artículo: El obispo Durán y la jaula de hierro por el Dr. Miguel Ángel Mansilla y Dr. Luis Orellana Urtubia. Académicos e Investigadores del Instituto de Estudios Internacionales (INTE) Universidad Arturo Prat, publicado en Le Monde Diplomatic.

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El desenlace de la historia del obispo Durán, como argumento mítico del orgullo humano, se puede encontrar en el libro El progreso del peregrino de John Buyán, escrito en el año 1678, desde las prisiones de Inglaterra. Es un libro ampliamente conocido. Se dice que los puritanos, cruzaban el Atlántico, con el fin de formar nuevas comunidades religiosas en Estados Unidos, llevando dos libros bajo el brazo: en el derecho, la Biblia y en el izquierdo, el Peregrino. Leyendo El Peregrino, los puritanos se esforzaban por evitar el mayor mal del ser humano: el orgullo (el hybris, temido por los griegos), los puritanos lograron graficarlo en una dramática alegoría. Si en el mundo griego la paga de la hybris era la locura, en el mundo protestante puritano: era la jaula de hierro, que tan certeramente Weber describió como resultado del proceso de la ética protestante a la ética capitalista. Pero antes del orgullo; es la sencillez, condición inicial de todo movimiento religioso. Así como Tonybee, señaló que la hybris era la causa del colapso de las civilizaciones; es el orgullo, y no la rutinización del carisma como señaló Weber, el estancamiento de los movimientos religiosos carismáticos, como el pentecostalismo.

El mito fundacional del pentecostalismo, que nació en 1909, se sustentó desde sus inicios como la religión de los pobres, de los despreciados y desheredados, pero, sobre todo, era la religión del carisma. Los que tenían el llamado a ser pastor, no tenían nada que abandonar: excepto sus miserias, para ir a predicar el evangelio a otros pobres. Un pastor trabajaba para arrendar una pieza y transformarla en una iglesia. En cuanto, se resaltaba la doctrina (pre)milenarista que incentivaba, tanto a los creyentes como a los pastores, a no acumular bienes y vivir sólo de lo suficiente, para dedicarse exclusivamente a la prédica y a la conversión de nuevos creyentes. Tanto creyentes como el pastor se levantaban cada día y se preguntaba ¿será hoy el retorno del Mesías? ¿Qué hacer mientras se espera? Predicar y renunciar a todo materialismo, era el antídoto a la espera. El sello del llamado del pastor estaba, no sólo en no acumular bienes, sino invertir lo poco que tenía en el templo. No obstante, todo comenzó a cambiar a partir de la década de 1950, entre los Metodistas Pentecostales primero, y luego lo seguirían otras denominaciones pentecostales, cuando aparece la figura del obispo, como forma de emulación del catolicismo y con él la centralización del poder. Fue la manifestación inicial, en que “los bienes exteriores de este mundo ganaron sobre el ser humano un poder creciente y al final invencible” (Weber, 1998: 259).

Si para los griegos, “aquel a quien los dioses querían destruir, primero lo vuelven loco”, para el protestantismo era, “aquel que el Diablo quiere destruir, primero lo vuelve orgulloso” ¿por qué?, porque el orgullo vuelve displicente al ser humano. Por consiguiente, el consejo protestante era la moderación. Principio que los obispos pentecostales, no han querido seguir. El obispo ya no es el que da, sino el que recibe; no es el que distribuye, sino el que acumula. Al inventarse la figura del obispo, aparece la necesidad de la catedral; de este modo la ideología cardenalicia pentecostal evoca e invoca a la ideología del mitrado católico, sin la pompa indumentaria, pero sí con la pompa ritual y concentración del dinero, a partir del diezmo. Esto nace con el pastor Manuel Umaña quien fue entre 1911 y 1964 el primer pastor y obispo desde 1950 de la Jotabeche (hoy Catedral Evangélica). Pero los escándalos en la Jotabeche no son nuevos; éstos se han vivido en distintos momentos de la historia de este templo. El primero en vivirlo, fue el obispo Umaña y el más bullado fue el de agosto de 1964, muy parecido al del hoy. En medio de ese escándalo muere el obispo Umaña y en una pugna fueron elegidos, como obispo nacional, el pastor Mamerto Mansilla de Temuco; y pastor de Jotabeche a Javier Vásquez Valencia, el hombre confianza del obispo fallecido.

Dado que el obispo Mansilla era de Temuco, por tanto, en esta época el obispo pierde parcialmente visibilidad, potenciando la figura del pastor Vásquez. Este pastor, entre 1965 y 1974 se afanó en levantar el templo que hoy conocemos como Catedral Evangélica. Con la llegada de la dictadura militar en 1973 se esmeró en mantener estrechos lazos con el gobierno de facto. Una vez inaugurada la Catedral (1974) y mediante una prolija campaña y el cohecho, logra los votos para ser electo obispo en mayo de 1985, tres años más tarde muere el obispo Mansilla. A partir de ese momento el obispo Vásquez, concentra todo el poder: como obispo, tendrá el control de la Iglesia Metodista Pentecostal de Chile (IMPCH) a nivel nacional y el control absoluto de la Catedral Evangélica. De este modo, pese a que “la preocupación por los bienes exteriores debería estar sobre los hombros de sus santos, como un abrigo fino que en todo momento debería quitarse, pero la fatalidad hizo que el abrigo se convirtiera en jaula de hierro” (Weber, 1998: 259). Por tanto, ser obispo y dirigir el templo más suntuoso; dirigir una de las denominaciones evangélica más grandes; y ser un ícono religioso en donde asisten las autoridades de gobierno, el abrigo fino se incrustó en la piel y por consecuencia, el abrigo del materialismo se ha vuelto indescarnable.

Con la vuelta a la democracia en 1990 a 1997 surgen distintas voces internas que cuestionan la gestión y acciones del obispo Vásquez, pero él las esquiva mediante el control de las asambleas y normativas, estas últimas diseñada por su círculo más cercano. El obispo Vásquez muere en julio de 2003 tras una estela de escándalos y su familia heredó un cuantioso patrimonio (casas, acciones, joyas y varios millones en sus cuentas corrientes) le sucede en el cargo su secretario: Eduardo Durán Castro, quien desde 2003 se convierte en pastor de la Catedral. Tanto Vásquez como Durán, quedaron atrapados en la jaula, al igual que el creyente descrito por Buyan: “en una jaula de hierro…viven encerrado(s) en ella. Estaba(n) sentado(s) con la cabeza inclinada, las manos plegadas y suspiraba(n) como si el corazón se le estuviera partiendo” (Buyan, 1986: 71). Con la diferencia que el enjaulado de Buyán, era consciente de su prisión, en cambio los obispos enjaulados de la Jotabeche, más bien disfrutan de su encierro y se niegan a salir de él.

De este modo, Durán como hombre de confianza del obispo Vásquez, conoció cómo su superior dirigió la Catedral Evangélica y cómo éste accedió al cargo de obispo en los años de la dictadura militar (1985). Estos dirigentes antes de ser obispo y pastores “eran creyentes prósperos y florecientes ante sus ojos y ante los demás. Creyeron que calificaban para la Ciudad Celestial, y les daba gozo pensar que allí estarían” (Buyan, 1986: 71), pero se dejaron seducir por el orgullo. Durán aprendió de su antecesor, logró ser designado pastor de la Catedral con turbias estratagemas. En el cargo de obispo presidente fue electo Bernardo Cartes Vengas y vicepresidente Roberto López Rojas, esto significo que la Catedral perdió el control de la iglesia a nivel nacional, pues su pastor recién designado para aspirar al cargo de obispo debía esperar 10 años. Por consiguiente, asumió la estrategia de estrechar lazos con el obispo de turno a quien colmó de prebendas a cambio de representar en Santiago a la IMPCH en claro desmedro del Directorio. Esto generó un quiebre en el Directorio y más tarde un cisma de gran magnitud en 2007. Esta alianza, entre el recién designado pastor Eduardo Durán con él también recién elegido Obispo Bernardo Cartes fue más bien breve 2003-2006. Pues en octubre de 2006, el obispo Cartes y su aliado Durán logran expulsar a seis integrantes del directorio quienes desde el año 2004 exigían una administración transparente y democrática. Los pastores expulsados recibieron la solidaridad de 50 pastores, quienes deciden ir a tribunales para revertir la expulsión. Eran los prolegómenos de un gran cisma.

Es válido para el análisis, recordar que en octubre de 1999 se promulga la ley de culto que establece un nuevo trato para las iglesias evangélicas; pasando éstas a ser entidades de derecho público, pero antes debían constituir una nueva entidad en conformidad a la reciente ley, y el traspaso de los templos se debía hacer en forma progresiva, por tanto, era necesario mantener vigentes la entidad anterior. En el caso de la IMPCH ésta se ajustó al nuevo régimen en 2001 y mantuvo vigente la entidad antigua mediante la renovación simulada de asambleas donde se elegía el Directorio. Con la muerte del obispo Vásquez y las tensiones en la fase inicial de la conducción del obispo Cartes la entidad antigua (de derecho privado) quedó prácticamente acéfala. Esto abrió para los expulsados, la posibilidad de recuperar esta personalidad jurídica obtenida en 1929. El pastor Durán en diciembre de 2006 como respuesta a la ruptura con el obispo Cartes se une a los expulsados conducidos por el ex vicepresidente Roberto López y establecen una alianza para recuperar la titularidad de la entidad privada poseedora del 90% de los templos del país. Lo anterior vino a demostrar que la IMPCH tenía dos personalidades jurídicas: la privada obtenida en 1929, ahora dirigida por un directorio liderado por el ahora obispo Roberto López y la pública, conducida por el obispo Bernardo Cartes. Por consiguiente, ¿en qué se transformaron los obispos? “en hombres desesperados, que dejaron de vigilar y de ser sobrios y dieron riendas sueltas a sus pasiones. Transgredieron la luz de la Palabra. Tentaron al diablo, y él les ha venido. Han enfrentado al Espíritu, y Él se les ha ido, y han endurecido sus corazones, tanto que no pueden arrepentirse” (Buyan, 1986: 72)

En consecuencia, el 2008 mediante la firma de un acuerdo entre los obispos se sella la división la IMPCH: una será privada con unos 100 pastores y en la pública 200 pastores, aproximadamente. El pastor Durán y la Catedral Evangélica continúan bajo la conducción del obispo Roberto López, este último, en un acto de mutuo reconocimiento asciende a Durán a Pastor-Presbítero. Así el obispo López estaba ascendiendo a su propio verdugo. Pero, la alianza Durán – López muy pronto se eclipsa. Situación que es tolerada por el directorio, porque el mismo directorio estaba bajo desidia, quizás, porque también eran beneficiados, constituyéndose en “especialistas sin espíritu, hedonistas sin corazón” (Weber, 1998:259

Finalmente, Durán y unos 40 pastores se marginan de la IMP privada y en 2011, pero al igual que su antecesor, junto a un circulo muy estrecho constituye una nueva entidad religiosa que hoy tiene el nombre de Primera Iglesia Metodista Pentecostal. En este proceso Durán se apropio de forma indebida de la Catedral Evangélica y sus templos anexos. Pero, logra convencer a sus feligreses de su nuevo proyecto y se auto proclama obispo – presidente de la Catedral Evangélica. De este modo, “se negó al arrepentimiento y fue encerrado en esta jaula… ¿Cómo podrá soportar el castigo? (Buyan, 1986: 72).

Ajustando los estatutos y estableciendo que la autoridad máxima resida en su persona, luego en la Junta de diáconos y los pastores que se suman a su proyecto forman un capítulo aparte más bien decorativo y legitimador de su accionar. En 2013 con todo a su favor y su capacidad negociadora logra firmar un acuerdo con la IMPCH -privada- representadas por el obispo Roberto López para el uso de la Catedral Evangélica y sus templos anexos. Una vez que Durán logra centralizar el poder junto a un circulo protector; una Junta de diacono tolerante, Duran se mantuvo en el poder durante los últimos ocho años con fuertes vínculos con los gobiernos del actual Presidente de la República Sebastián Piñera.

Sin embargo, en septiembre del año 2017 comete su mayor error, el obispo Durán y su hijo, en ese entonces pre-candidato a diputado, dan una encerrona a la entonces Presidenta de la República Michelle Bachelet: un acto repudiado por la gran mayoría de chilenos, y en particular por los evangélicos chilenos, pero elogiado por sus partidarios. Con ello no sólo pierde la sobriedad material, sino también la sobriedad política.

De ahí en adelante el obispo Durán se transforma en blanco, y destape, de un sinnúmero de investigaciones y ex creyentes y ex pastores de la Catedral o Jotabeche rechazaron su actuar como obispo. A esto se añaden sus desatinadas declaraciones ante la prensa y una investigación de la fiscalía en marcha por lavado de dinero. Pero, lo que constituye, como diría Weber en la causa accidental, para su caída fue, el poner fin a una relación extra marital de 12 años, para elegir una nueva mujer. Esto último, produjo el malestar generalizado de los parroquianos de la Catedral y sus adversarios lograron juntar y empoderar las congregaciones, especialmente las llamadas clases o iglesia satélites de la catedral, que en forma publica logran su destitución el 20 de abril de 2019. Acción que bien se puede llamar el “catedralazo evangélico”. De seguro que el obispo recurrirá a un sinnúmero de argucias jurídicas para recuperar su puesto, pero su legitimidad la perdió frentes a los creyentes de la Catedral y sus templos adyacentes. Desde ahora en adelante, “nadie sabe aún quien habitará esa jaula, ni si al final de este enorme desarrollo figurarán profecías nuevas, o un potente renacer de viejas ideas e ideales o más bien una petrificación mecanizada y adornada con pavoneo exagerado” (Weber, 1998:259). Porque sin importar quien sea obispo, sino cambian los estatutos, sino transparentan y regulan la recepción de los diezmos por parte del pastor; sino independizan las iglesias satélites de la Jotabeche y sino despolitizan el púlpito, el orgullo y no la moderación será el espíritu que encarnará el obispo y la Jotabeche seguirá siendo la jaula de hierro, para los siguientes obispos.

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