La adoración a los astros. Un poco de contexto.

Cuando uno lee el Antiguo Testamento observa una pelea constante entre los profetas del antiguo testamento y lo que se traduce en la Biblia como los ídolos, la adoración generalmente dada a las estrellas, “al ejército del cielo”.

Una lectura poco contextual, le puede hacer creer a uno que se trata de simples guerras de religiones, como quien dice de “intolerancia religiosa” en que unos quieren imponer su dios o dioses sobre otros. Sin embargo, va mucho más allá de eso.

La adoración a los astros como si fueran dioses es una práctica habitual en muchas culturas, hoy por hoy eso a nuestra cultura occidental puede parecer irracional gracias a los avances científicos, pero en aquellos tiempos eso tenía muchísima lógica.

Resulta que si uno observaba la vida en la tierra, sobre todo si era agricultor, podía darse cuenta que los objetos celestes tenían un enorme poder sobre la vida humana. Una persona atenta se daba cuenta que el ciclo del sol y la luna coincidía con el clima: otoño, invierno, primavera, y verano ocurrían gracias al movimiento y presencia de los astros, y esos estados climáticos determinaban la vida y muerte de la vegetación, de los frutos de la tierra, de las cosechas y los tiempos de trabajo y descanso, del movimiento de los animales, y por ende también influía en la vida del ser humano, su bienestar, sus dificultades, sus necesidades y sus placeres.

Así, si tanto poder tenía el cielo sobre la tierra, -poder que era observable y palpable cada día- resultaba evidente que el cielo determinaba también la vida de las personas, y por lo tanto, ellos eran dioses que decidían desde arriba, desde lejos, y sin que pudiéramos hacer nada al respecto cómo era nuestra vida personal y las relaciones sociales. Todo estaba determinado por los dioses-astros entonces, la vida y la muerte, la riqueza y la pobreza, la opresión o el poder, la libertad o la esclavitud, los que reinan y los que obedecen (por eso los reyes se identificaban a sí mismos con los astros, “la estrella de la mañana”, “hijo del Sol” etc), los astros del cielo determinaban esto de una forma evidente como los ciclos climaticos.

Sin embargo, los profetas del Yahvéh no podían estar más en desacuerdo. En contra de lo que parecía obvio a todos los demás, para ellos la vida en la tierra no estaba predeterminada por los astros del cielo, al contrario, estos eran creaciones de un Dios invisible que las había puesto ahí para beneficio de la humanidad, pero no eran dioses, sino creaciones. Y, por lo tanto, no eran ellos las que determinaban la pobreza y la riqueza, la opresión y la justicia, el poder o la obediencia, la tragedia o el bienestar, sino que lo que pasaba en medio de los seres humanos estaba determinado por la justicia o la injusticia de las personas, pues este Dios, dio su ley y sus normas, y demanda obediencia a ellas, y esas leyes son vivir en justicia. El que no practica la justicia es rebelde a Dios, el que practica la justicia es obediente a Dios. Los astros no eran dioses, sino creaciones, creaciones de un solo Dios, que era Dios de justicia, la religión no era así simplemente adorar a quienes determinaban la vida o la muerte por su sola influencia, sino era vivir en santidad, para el Dios de justicia, la religión de la justicia.

Así, no eran las estrellas quienes determinaban el destino de las personas y de las ciudades, sino la obediencia a la justicia del Señor, el oprimido no lo era por la influencia incuestionable de los astros, sino por el pecado y desobediencia de quien le oprimía. Es por este motivo que los profetas denunciaban la injusticia de la ciudad, de los reyes y gobernantes, de los líderes religiosos, de los dueños de la tierra, denunciaban el derramamiento de sangre, la acumulación de bienes, la corrupción, el maltrato a los desposeídos: huérfanos, viudas y extranjeros, porque su situación no era influencia predestinada por el ejército del cielo, no era decisión de los dioses estelares, sino el pecado de la ciudad, pecado hacia el Dios Creador del cielo y la tierra, el que creó ese sol, el que creó esa luna, el que creó las estrellas que ellos adoran, el cual demandaba una y otra vez justicia y obediencia a su pueblo, a sus reyes, a sus sacerdotes. Eso es lo que se ha llamado “tradición profética” de la cual Jesús es heredero en todas sus enseñanzas, especialmente en las bienaventuranzas. Dentro del nuevo testamento, quizá Santiago es el que más continuidad da al señalar que la religión pura y verdadera es atender a los huérfanos y a las viudas, es decir, a los desposeídos, además de su denuncia intensa del clasismo dentro de la iglesia, y su crítica dura al abuso a los trabajadores por parte de los ricos, además de poner énfasis en el problema de “la fe muerta”.

Hoy por hoy quizá la lucha de los profetas de Dios y los “ídolos” se parece mucho más a la lucha (secularizada) de quienes denuncian que el sufrimiento humano se produce por la injusticia de quienes tienen poder, riqueza e influencia contra quienes creen que eso en realidad sucede por leyes mecánicas dentro de las relaciones humanas, que es así, porque así viene dado y nada puede ni debe hacerse al respecto, “porque te tocó no más”, como una predeterminación, no dada quizá por los astros, sino por la vida misma, las leyes económicas, etc

Ezequiel 16:49 Éste fue el pecado de tu hermana Sodoma: ella y sus aldeas se sentían orgullosas de tener abundancia de alimentos y de gozar de comodidad, pero nunca ayudaron al pobre y al necesitado.

Ezequiel 18:5 »El hombre que es justo, que actúa conforme al derecho y la justicia; 6 que no come sobre los montes ni alza sus ojos a los ídolos de la casa de Israel; que no viola a la mujer de su prójimo ni se une a la mujer menstruosa; 7 que no oprime a nadie, sino que al deudor devuelve su prenda; que no comete robo alguno; que da su pan al hambriento y cubre con vestido al desnudo; 8 que no presta con interés o con usura; que retrae su mano de la maldad y practica verdaderamente la justicia entre unos y otros; 9 que camina en mis ordenanzas y guarda mis decretos a fin de actuar rectamente, éste es justo y vivirá, dice Jehová, el Señor.

EOC.

Fuentes adicionales: Caminando con los profetas, de Hans de Wit.

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