Posición doctrinaria (y biográfica) sobre la homosexualidad y la diversidad sexual. Por favor, si no lo lee entero, no lo comente.

descarga

Hola seguidores de la página, les saludo en la gracia de Cristo.
Constantes veces, y sobre todo cuando he subido post sobre las violencia brutal y asesina que viven las minorías sexuales o en favor de sus libertades civiles, me preguntan si en EOC “creemos o no si la homosexualidad es pecado”.
Voy a dar mi respuesta a continuación y voy a tener el atrevimiento y la egocéntrica patudez de hacerlo en sentido biográfico, porque el tema de la disidencia sexual y las minorias sexuales me parece muy importante aunque yo mismo no forme parte de ninguna de ellas. Intentaré ser sintético, aunque nunca lo logro y ante la tarea propuesta es completamente imposible.
Miren, he sido canuto toda mi vida, criado en la iglesia metodista pentecostal. Como todos, fui criado bajo una cultura de desprecio hacia lo gay, recuerdo que cuando era niño decir “gay o homosexual” era una forma de insultar que empleaba con mis amigos, y recuerdo muy bien el repudio que me daba lo relacionado con ello, me acuerdo del bullying que le hicimos en mi infancia a amigos que creíamos eran gays, y lo más suave que pensaba o decía de ellos era decir con asombro la frase sin sentido de “es gay pero es buena persona”, como si ser gay te hiciera una persona que trata mal a su prójimo. En otras palabras, he sido homofóbico como todos lo hemos sido.
Cumplí 18 años el 2009, y me correspondió votar y lo hice por Sebastián Piñera, mi plan: evitar que salga MEO o Frei, porque con ellos iba a “haber matrimonio gay”, la legalización de un pecado (igual Piñera hizo gratuitas las operaciones de cambio de sexo para trans y creó el AUC en su primer gobierno).
A finales de ese año, gracias a Dios que permitió me dieran una beca estatal, pude entrar a la U a estudiar Derecho (de otra manera imposible). En la Escuela fui una especie de “Marcela Aranda”: discutí con cuanto profesor encontré, entre ellos mi profesor de Civil y de Introducción al Derecho, argumentando contra el matrimonio gay de forma tenaz, pues pensaba que era la “legalización” del pecado. Peleé con todos mis compañeros, nunca tuve miedo de defender mi postura con tanta pasión como siempre defiendo mis creencias, me hice relativamente conocido por eso.
Ese mismo año (2010) me propuse estudiar la Biblia detenidamente, pero como canuto, simplemente haciéndole preguntas, preguntas contingentes entre ellas sexualidad, mujeres, homosexualidad, pobreza, contaminación, etc. No sabía, pero allí comenzó a nacer esta página.
No tardé en darme cuenta de un problema entre la Biblia y mi realidad evangélica: encontré no mas de 10 pasajes que hablaban de homosexualidad, lo que no da para entender que por eso no sea algo a considerar, sin embargo, me di cuenta que –no obstante- esto era casi lo ÚNICO que aparecía en nuestra agenda política. Me di cuenta por primera vez de nuestra obsesión con el tema y nuestra mutilación valórica y moral.

La mutilación de los valores cristianos políticos fue mi primera conclusión sobre el tema
Luego me di cuenta de la enorme cantidad de pasajes que hablaban sobre abuso del poderoso al débil, de abusos de ricos a pobres, de gobernantes al pueblo, la corrupción, la discriminación o “acepción de personas” como un tema central en la ética de los profetas. Me di cuenta de que estábamos mutilando la visión cristiana en relación con las leyes, que no solo hablábamos solo de las minorías sexuales, sino que callábamos sobre lo que la Biblia dice sobre las leyes y que era muy abundante en toda la Biblia. La lectura apasionada de la Escritura despertó mi conciencia social como no lo hizo ninguna otra cosa. Podría poner una cantidad enorme de pasajes sobre eso, pero les dejaré solo uno y es este:

Ezequiel 16:49, marcado en mi Biblia cuando me encontré con él. Redifinió para siempre mi visión sobre “la denuncia del pecado de la ciudad”.
Generado este despertar sobre estos valores sociales tan presentes en la literalidad del texto bíblico y sobre los cuales me parecía callábamos y mutilábamos nuestras posiciones sobre las leyes y la sociedad, seguía asumiendo lo literal que encontraba en mi Reina Valera: la “homosexualidad” es pecado, así aparece en Romanos, y en Corintios y otros pasajes.
Me propuse entonces analizar qué significa que la “homosexualidad sea pecado”, y me di cuenta de que en nuestra práctica (y luego en nuestra teoría) la homosexualidad no era pecado, era en realidad un megapecado, el pecado más grande, el pecado más terrible.
Si lo comparas con otro pecado, por ejemplo la idolatría, observas rápidamente que aunque la idolatría para Dios es una abominación, ningún evangélico se opone al derecho a libertad de conciencia (al menos por estos lares), nadie le niega a los idólatras a tener derechos civiles, a expresar, promover y enseñar su idolatría, a tener organizaciones idólatras, a tener su religión idólatra, a tener sacerdotes idólatras, etc., etc. Si observas la “borrachera”, los cristianos en la actualidad sabemos que no tiene sentido cerrar las botillerías (las leyes secas promovidas por evangélicos en USA fracasaron), ni proscribir la venta de alcoholes, ni van a meter preso a una persona que se emborracha (a menos que estando borracho mate o dañe a a alguien, cosa muy distinta). Me di cuenta que habían muchos “pecados legales”, existe en nuestro derecho muchos “derecho al pecado”. Pero nadie se opone a eso, nadie dice “esto es una abominación que debe ser ilegal”, está normalizado, y está bien que así sea, porque en realidad (y en esto sí me ayudó la universidad en parte) aunque el derecho norma la conducta, éste es distinto de los deberes de un cristiano, leyendo la Biblia también me di cuenta de eso, pues los deberes de los cristianos (“no ser gays” en este caso) obligan a los cristianos nada más y no a los que no lo son.
Observé con claridad que las cosas en que sí debía coincidir el derecho con la ética cristiana no era en los asuntos personales de la gente (su genitalidad, su familia), sino cuando la gente se daña ilegítimamente entre sí (no libremente). Así, robar es pecado, y también debe ser ilegal, porque al derecho no le interesa normar la vida privada sino la convivencia. Así, cortarse uno mismo un dedo o tener malos pensamientos puede ser una cuestión pecaminosa, inmoral o loca, pero nunca un delito, o una falta a la ley pues no es para eso que sirven las leyes.
Así, concluí que un cristiano no debía ser gay de acuerdo con la Biblia, como tampoco no debía ser idólatra, pero ello no podía significar en manera alguna que le debiera impedir a un gay ser gay, como tampoco impido a un idólatra ser idólatra. Nuestro problema entonces al tener una posición contra los derechos de los gays no era temor a Dios, sino sentirse violentado por la libertades ajenas, sentirse atacado por que existen conciencias diferentes a la propia.
Me percaté así que el tratamiento dado a este tema que parecía ser “temor a Dios” en realidad era fariseísmo mezclado con una anticristiana aversión por el prójimo (homofobia y transfobia después). Que muchos cristianos no estaban dispuestos a hacer una “torta para un matrimonio gay” porque la homosexulidad es pecado (aunque hacerle una torta a una pareja gay no te hace participar de la homosexualidad), no obstante son capaces de venderle una torta bien llena de azúcar a un diabético aunque les conste que con eso “peca contra su propio cuerpo”, o que no están dispuestos a imprimir partes para un matrimonio gay, porque supuestamente hacerlo los hace participar de un pecado (no sé en qué manera imprimir un parte te hace gay o participar de la homosexualidad), pero bien son capaces de imprimir volantes de un Banco que cobra intereses (usura) lo que de acuerdo con la Escritura es pecado abominable. De manera que no es temor a Dios lo que tenemos, es odio, simple aversión e irracionalidad, pues si usaramos ese criterio de no participar nada que siquiera rodee a algo que consideramos pecado, entonces ¡no podríamos hacer nada!
Cuando llegué a esta simple conclusión me desesperé. Pensé que “las huecas sutilezas de la filosofía me habían desviado de la fe”, me sentí hereje, pensé en abandonar el estudio de la Biblia y sobre todo abandonar el Derecho, lloré incluso, amargamente, mi madre y algunos amigos son testigos. Sin embargo, cada día me convencí más de esta idea, y hasta ahora, no he visto a nadie que pueda dar un argumento razonable en contra. El asunto me parece claro como la luz del día.
El derecho también me permitió darme cuenta de varias cosas que eran tonterías que decíamos los canutos: “con esto van a meter preso a los pastores”… mentira, el matrimonio civil y el religioso son cosas totalmente aparte, una modificación en la ley civil jamás afectaría al matrimonio religioso, y además una modificación al código civil jamás crearía un delito, los delitos deben crearse expresamente, no se crean ni interpretan por analogía, tendría que haber un proyecto que diga “el ministro de culto que se negare a casar RELIGIOSAMENTE a una pareja gay recibirá tal pena”, y eso no existe como proyecto en ninguna parte del mundo, me di cuenta además que el matrimonio civil es un contrato (artículo 102 del Código Civil) y su gracia es que regula la comunidad de bienes que se forma de la convivencia, pero no tiene nada trascendente, que es muy diferente al concepto religioso de tal, que es absurdo pensar que con su aprobación se nos privaria de algún derecho porque una ampliación de derechos no es quitar derechos a quienes ya lo tienen (básicamente ello se casarían entre ellos, no nos lo impedirían a nosotros) etc., etc. Sería largo de enumerar, y eso que no he entrado ni entraré en este post sobre la consipiración de la ideología de género y toda la idea de que se trata de una conspiración marxista, cuando en realidad este tipo de políticas no son marxistas sino liberales, y el liberalismo no es una doctrina de los seguidores de Marx sino de países capitalistas de gran influencia protesante (eso lo pueden ver en este artículo que escribí hace un tiempo: https://www.elblogdebernabe.com/2017/11/iglesias-pentecostales-ideologia-de.html )
Así, en secreto, con mucho miedo, comencé a sostener tímidamente que deberían reconocerse derechos civiles a las minorías sexuales, comencé a disentir, y a manifestar esa opinión cuando se me consultaba: “aunque es pecado, debe ser tratado como cualquier otro pecado, y por eso, ellos tienen derecho a ser lo que son, y a ser reconocidos por la ley”, “usted y yo somos pecadores, y todos tenemos derecho a vivir en paz, a que se reconozca nuestra existencia, a que se regulen nuestros derechos aunque seamos pecadores”, “deje usted esto al Juez justo, mírese a sí mismo”, “es pecado como cualquier otro, y el pecado no se soluciona por la negación del pecador, sino con amor, respeto y llamado al arrepentimiento”, “los dejo ser y tener derechos, solo les digo que se arrepientan, si no quieren bien, y si no, cosa de ellos”, “respeto la libertad de conciencia de ellos para ser lo que son” Etc., el tratamiento que le damos a todo “pecado personal” que no perseguimos políticamente, como es obvio.
Con posterioridad a eso, escribí un artículo para la revista en línea Pensamiento Pentecostal, (Ver aquí: https://pensamientopentecostal.wordpress.com/2017/01/23/evangelicos-pentecostales-y-homosexualidad-en-busqueda-de-fidelidad-biblica-por-esteban-quiroz/ ) explicando más en detalle esta idea con el ánimo de lograr que muchos más entendieran esta postura intermedia (el 2017, David Hormachea, en medio de su terrible intervención electoral, leyó ese texto y me declaró abierto hereje, además de decirme que claramente yo era gay por defender sus derechos, lo que no es cierto, soy heterosexual, y actualmente estoy felizmente casado con una mujer maravillosa y muy feliz, también me dijo comunista y lobo disfrazado de oveja, sepulcro blanqueado, además de hacer muy mala publicidad a esa página en sus conferencias).
Así, en medio de todo eso, mi conclusión obvia era que la homosexualidad era pecado, así lo dice la Biblia en Romanos y en Corintios, pero siendo pecado y al igual que con todos los pecados personales, ellos tienen derecho a ser lo que son, tienen derecho a que los dejemos en paz, a que los protejan si los agreden, a que vivan como viven, tal como lo hacemos con herejes, fornicarios, ateos, idólatras, todos ellos tienen derecho a ser así, no tenemos que oponernos, no tienen que pedirnos permiso.
Concluí de esa forma que desde una perspectiva literalista, no había razón alguna para oponerse a que ellos vivan de acuerdo con su conciencia y elección. Y creo sinceramente que todo “fundamentalista” debería opinar lo mismo. Lamentablemente, ha sido muy difícil lograr que lo entiendan esos hermanos, pues confunden todo, no entienden la diferencia entre el derecho y la ética cristiana, creen que una ley que reconoce la existencia a la gente en realidad crea a las personas (creen que una ley de matrimonio homosexual creará homosexuales cuando en realidad estos existen con o sin ley, la ley solo les permite acceder a la protección patrimonial de su vida en común), hablan desde el miedo y una ignorancia supina, confunden homosexualidad con transexualidad, o con travestismo, se asuntan por leyes que no han leído ni entendido, se compran cuánta teoría de la conspiración encuentran sobre esto, lo que llaman “ideología de género” e incluso que se trata de un proyecto para acabar con la reproducción de la humanidad. Es muy agotador. Y aunque traté de explicar siempre la posición de que “es pecado y a la vez es una libertad que debe ser reconocida” igual me tildaron a mí personalmente, y a esta página después, de ser gays encubiertos, de promover la homosexualidad y declararla como buena.
Tal es la obsesión y aversión por el tema, que incluso cuando uno lamenta y rechaza los crímenes de odio contra ellos, crímenes, asesinatos, golpes, amenazas, ellos piensan que defenderlos es “aprobar su pecado”, así de loco puede ser, así de privados de afecto natural, misericordia y compasión podemos ser. Para peor, muchos de los pretendidos ortodoxos rajan vestiduras con mucha facilidad si ven que uno llama a respetarles sus derechos y su forma de vida, no lo hacen para nada, guardando silencio (incluso aprobando) si alguna persona –contra todos los principios bíblicos- llama o justifica los insultos, la violencia psicológica o física contra estas personas. Así, incluso se enojan si uno los defiende de las agresiones o llama a su protección, así de locos podemos estar, y constatar esa realidad más de alguna vez me ha llevado a episodios de mucha tristeza y/o enojo, lo que me ha jugado más de una mala pasada.
Con el tiempo además también me di cuenta que (al menos en latinoamérica) los propios evangélicos fuimos (y somos aun) una minoría religiosa, que históricamente también fue discriminada, apartada, invisibilizada, a la que también, en nombre de Dios y de una religión que se quería imponer como única y verdadera (el catolicismo romano), se le intentó privar derecho a existir, a expresarse, a ser reconocida, protegida, y tolerada.
Que también incluso se nos privó de derecho al matrimonio pues al ser un sacramento para los católicos, y al no estar separada la iglesia y el Estado, muchos sacerdotes se negaban a casar evangélicos y protestantes o se negaban a casar evangélicos con católicos. Descubrí que fueron los liberales (los odiados liberales) los que propusieron la separación entre el estado y la iglesia, los progresistas (los odiados progres) los que nos ayudaron a obtener nuestros derechos civiles no solo en Chile sino en toda Latinoamérica. También, y con mayor razón enfaticé en que los evangélicos, al hacer esto mismo con los gays, contradecíamos nuestra historia como iglesia en Latinoamérica y la base ideológica sobre la cual nos asentamos en estas sufridas y bellas tierras: el progresismo liberal, la secularización, la separación de la iglesia y el estado, la libertad de conciencia. Me di cuenta que los primeros canutos de hecho pelearon estas batallas y propusieron estas ideas, y con mayor razón me convencí de que ser canuto y estar contra las libertades civiles de las minorías sexuales es, de hecho, una contradicción. Desde una perspectiva pentecostal de hecho, llegué a la conclusión de que se estaba renunciando al Espíritu de Dios, porque los pentecostales siempre creímos en la conversión como forma de transformación de vidas, y no en la persecución de las personas. Así, a borrachos y a ladrones (estos últimos que sí que merecen sanción legal porque dañan a otros), los convertimos al evangelio no por persecuciones legales o prohibiciones, sino por medio del Espíritu, que acoge, que ama, que perdona, que acompaña.
Con esa explicación y posición, creo, se puede compartir prácticamente todo lo que se publica en esta página. Sobre todo los posteos sobre la violencia, discriminación, asesinatos, miedo, persecución que estas personas sufren y la necesidad de combatirlo y de reconocer su libertad a ser lo que son, a practicarlo libremente, conforme a su conciencia. Si los evangélicos fuimos y somos una minoría disidente a las que se le reconoció su derecho a ser, vivir, expresarse, no ser maltratados, excluídos e incluso golpeados o asesinados por ese hecho y mientras no forcemos a nadie en nuestra fe, las minorías disidentes en su sexualidad también lo merecían por el mismo motivo y las mimas condiciones.

Imaginen por un momento que en vez de gays o trans esas personas fueran ateos, o cristianos en un país con una mayoría de otra religión, ¿no estarían de acuerdo conmigo en que por “malo” que pueda ser considerado ser ateo o ser de otra religión por alguien no hay derecho ni humanidad en darles ese trato brutal y no ampararles o negarte a darles un abrazo o vivir con ellos? Llama mi atención poderosamente que esas publicaciones que denuncian y se oponen a la violencia contra ellos generen la idea de que por el solo hecho de publicarlo se cometa el “mal” de aceptar la homosexualidad o “promover” la transexualidad, es decir, “a contrario sensu”, no denunciar ni oponerse a esta terrible realidad de violencia y asesinato es necesario porque es el resultado del rechazo a ella. Aquello demuestra cuán mezclada está la homofobia y la transfobia con un temor cristiano aparente que llega a negar el valor fundamental de amar, ayudar y proteger al prójimo, que tal como el samaritano, no miró la diferencia con su prójimo judío que era su opuesto en la famosa parábola de Jesús.

:::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::

Ahora bien, después de eso viene una cuestión aún más quebrantadora: la aproximación pastoral al tema, es ahí donde todo esto se revuelve, donde todo se enreda y se hace difícil.
Sin duda, todo el planteamiento teórico que aquí he hecho desde una línea conservadora y literalista resulta cómodo y anestésico, tan rupturista como conservador: no transo por una parte el aparente tenor literal de la Escritura, y, por otra parte, me sacudo fuertemente de la irracionalidad, persecución, y negación del otro que practican muchos cristianos con base en eso. Digo “el que esté libre de pecado que lance la primera piedra, y después digo no te juzgo, vete y no peques más” (en todo caso la mayoría de los que persiguen gays dicen “Jesús dijo vete y no peques más”, y acto seguido y con base a eso siguen tirando la piedra, juzgando públicamente, rechazando desde el vientre, persiguiendo, insultando, burlándose y privándoles de igualdad civil, y desamparándolos antes la discriminación y el rechazo, pero esa es otra historia).
Sin embargo, esa posición se vuelve complicada cuando llegas a la perspectiva pastoral, perspectiva que al parecer los pastores no suelen abordar, que al parecer los grandes predicadores del rechazo a lo gay no han practicado en serio, quién sabe por qué.
No soy pastor, pero fui encargado de diversos grupos de jóvenes, a los que de hecho les expliqué esta doctrina: “es pecado, y es pecado como cualquier otro, pero eso no significa que no tienen derecho a serlo, no hay que perseguirles ni privarles de nada, no necesitan pedirnos permiso, y en el caso de que alguno quiera ser cristiano, pues debe arrepentirse y cambiar de conducta, es solo que hay muchos homofóbicos evangélicos que utilizan la Biblia para disfrazar su aversión por ellos y perseguirles legalmente”.
Sin embargo, con una mano en el corazón les pregunto lo que me pasó a mí ¿qué haces cuando uno (o varios) de los miembros de tu iglesia te dice que es gay, que lucha y lucha, que se ha arrepentido, que ha orado tanto, que pelea, que pide perdón y pide perdón, y que nada sucede, que le siguen gustando las personas de su mismo sexo, que cree que Dios lo odia, que cree estar endemoniado, que está depresivo y que espera morirse pronto, sino matarse? ¿qué haces cuando ves que ese joven es un cristiano del más alto nivel, lleno de frutos, lleno de trabajo por el evangelio, un evangelista, una persona llena de servicio? ¿qué haces cuando ves que ese cristiano o cristiana te ha bendecido con sus palabras, obras, mensajes, dones? ¿Qué haces cuando ves que esa persona teme que Dios lo condene, recibe la condenación de toda una iglesia, recibe el rechazo de toda la sociedad, siente miedo de ser agredido en la calle, o es abandonado por su familia y amigos y no es comprendido? ¿qué haces cuando ves los datos sobre suicidio, depresión y culpa que les cargan a ellos? ¿cómo le puedo decir que está condenado a la abstinencia si no tiene “don de continencia”? fácil es para mí, que soy hetero decir eso, y que estoy casado y puedo disfrutar del amor pero ¿ellos? ¿qué hacemos con ellos y sus necesidades afectivas y humanas?
¿Han conocido, acompañado, y sido amigos de gays? ¿han conocido a un gay que era o es evangélico? ¿han oído sus testimonios, sus experiencias de rechazo, de violencia, de desamparo que vienen incluso de su propia familia aunque sea cristiana? Esas personas de las que tanto hablan, hasta la obsesión, ¿las conocen realmente? ¿las conocen de verdad? ¿las conocen en serio?

El acompañamiento pastoral de mis hermanos y amigos gays fue un quebranto para mí
Aquí aparecen por supuesto quienes dicen “Dios hará una obra y le quitará su homosexualidad”. Pero decir eso es una aberración teológica en todo nivel incluso para el literalista, ¿a usted Dios le quitó lo pecador porque se arrepintió? ¿no sigue acaso usted con todas sus inclinaciones? ¿no demuestra esa aseveración el que estamos tratando la homosexualidad como un súper pecado que debe ser extirpado absolutamente de las personas a diferencia de como hacemos con el resto de pecados, sobre todo los propios que aun están en nuestros miembros? ¿no demostramos nuevamente la obsesión y mal tratamiento al decir eso? Es como el caso Arenito, él apareció en televisión diciendo que por su conversión al evangelio no solo había dejado de practicar la homosexualidad, sino que alegaba que ahora era heterosexual.
Teológicamente, doctrinalmente, de forma ortodoxa, usted no puede esperar que el converso deje de pecar o de sentir llamado al pecado, eso es falso, pero eso se espera y exige a los gays, ¡vaya herejía!
En efecto, al gay se le quiere someter a tratamientos y toda clase de prácticas para “curar” su homosexualidad, pero eso amigos y hermanos, si asumimos que ser gay es pecado, es equivalente a exigir a un cristiano que -para serlo- deba extirpar el pecado de sí, o sea, el equivalente a decir que para ser salvo debes ser santo por méritos y a través de tus obras ser santificado, pero todos sabemos, si entendemos a Pablo y a la teología protestante, que NO es así como funciona. Para ser cristiano y como resultado de ser cristiano nunca voy a extirpar el pecado de mí, mucho menos a través de obras (tratamientos), esa es una exigencia herética e inalcanzable. Convertido o no, yo sigo pecando, y sigo sintiéndome tentado por el pecado, no es exigencia para mi conversión o mi salvación el no sentir tentación, sino que sabemos que es por gracia, y por el perdón que Dios nos da, que somos cristianos y salvos, y que luchamos contra nuestras tentaciones, caemos y somos levantados por él, pero no es eso lo que se le exige a un gay o a un miembro de las minorías sexuales, se le exige ser “heterosexualizado” extirpado de siquiera la tentación. Obviamente, en la práctica además uno observa que todos los heréticos y “pseudo” tratamientos médicos, psicológicos y religiosos creados para “revertir” la homosexualidad no sirven, son ineficaces y han resultado ser vergonzosos, anticientíficos y sobre todo tortuosos e indolentes con estas personas. No pocos de los que proponían esto eran también gays y terminaron saliendo del closet y pidiendo perdón.
Entonces ¿qué le estaba ofreciendo desde esta persepectiva literalista pero mejor pensada que la herejía obsesionada que la mayoría ofrece? Que se arrepientan de ser como son y se abstengan de serlo, no que dejen de sentirse así, sino que luchen en el sentido de abstenerse aunque lo deseen, como es con todo pecado.
Esa perspectiva, muchísimo más sana y ortodoxa que la de los que predican “la extirpación de la condición gay”, aunque teológicamente bastante mejor a la realidad que observamos dentro del mundo evangélico actual, es, con todo, igualmente indolente, mucho menos indolente, pero indolente igual. Y es que suena súper fácil, súper cómodo también para mí que soy hetero y que mis necesidades afectivo-sexuales no solo son perfectamente válidas sino que celebradas por todos. Así, estoy diciendo a una persona que no despliegue sus necesidades afectivas, las cuales son, desde luego, necesidades de primer nivel para un ser humano. Les ordeno en nombre de Dios ser célibes con una comodidad y soltura inquietante. Entonces el tema se vuelve inhóspito para cualquier persona que tenga desarrollado el más mínimo sentido de empatía con el otro.

Esta imagen resumen mucho el punto
Tenemos aparentemente entonces una enorme encerrona, el amor, la piedad, la empatía, la experiencia, la razón contra la literalidad del Libro Sagrado que los evangélicos llamamos como “única regla de fe y conducta”. Aunque yo creo sinceramente que Jesús es el ejemplo número uno de saltarse la literalidad de la Escritura para preferir la misericordia, pues es él quien renuncia al mandamiento bíblico de las piedras por el mandamiento mayor de la empatía. Entiendo y he vivido la contrariedad de lo que significa o significaría hacer vista gorda lo que el texto dice para preferir dar a estas personas espacio no solo en la sociedad (que ésta claro que eso último está bien) sino también en la vida cristiana, en la vida religiosa. Es eso que tantos dicen, intentar ser “más misericordioso que Dios” (aunque en realidad, por todo lo descrito, parece que nosotros hacemos a Dios tan odioso como nosotros somos pues Dios ama a las personas con independencia de si pecan según Juan 3:16, Ro 5:8, Ro 3 entero).
Sin embargo, si todas estas cosas nos encierran y ponen contra lo que damos por sentado como literal, si se va a tomar una determinación así ¿no tendrá mucho sentido revisar realmente si la Escritura, en su idioma y contexto dice lo que creemos que dice? ¿no deberíamos en realidad hacer el ejercicio de cerciorarnos de esto antes de toooooodo este razonamiento y actuar?
Y ahí es donde viene esa advertencia, de decir, “aah, pero entonces si vas a revisar todo lo que dice la Escritura que no te acomode para intentar buscarle la quinta pata y evadirlo, entonces tú no te adaptas a lo que Dios dice, sino que adaptas a Dios para ti”. Sin embargo ¿qué clase de objeción es esa sino una que renuncia al uso del entendimiento, que desobedece al deber cristiano de ESCUDRIÑAR las Escrituras? Escudriñar significa ESTUDIAR DETENIDAMENTE ALGO. Entonces cae la pregunta que siempre debimos haber hecho antes de todo este transitar que me ha tocado a mí vivir: ¿Hemos escudriñado detenidamente esto realmente antes de tomar decisiones, posiciones religiosas bien intransigentes y hacer predicaciones, charlas, que golpean tan duramente la vida de las personas, con comentarios que hieren e insultan?
Creo que uno puede tomar decisiones antagónicas en la historia, eso me parece realmente legítimo e incluso necesario, sin embargo ¿será correcto no asegurarse detenidamente de la corrección de tu posición solo por pensar que el solo hecho de reflexionarlo en serio significa desde ya ceder? ¿No es eso más que nada miedo antes que fe? ¿No hemos aprendido de la historia del cristianismo y la religión? ¿No hubo acaso personas que por no querer reflexionar detenidamente sobre el contexto y contenido de sus posiciones basadas en la literalidad de la Escritura cometieron grandes errores como rechazar el heliocentrismo, rechazando a Copérnico, juzgando a Galileo y asesinando a Giordano Bruno o rechazando incluso cuestiones que hoy identificamos como cristianas como abolir la esclavitud o reconocer derecho al voto o a estudiar a las mujeres en la Universidad? Pues sí, la historia revela y es elocuente al mostrar que muchos cristianos, la mayoría de su propia época, rechazaron a otros cristianos que tomaron posiciones basadas en una reflexión más profunda de la Escritura que en apariencia cuestionaba lo dicho en la literalidad de la Biblia o lo que se entendía que ésta decía y que terminaron demostrando, con el implacable juicio del tiempo, tener la razón, dejando en vergüenza entonces a la cristiandad, la que ahora los venera como a grandes cristianos, y respecto a la cual hoy decimos como fariseos “si nosotros hubiéramos vivido en tiempo de nuestros antepasados, no los hubiéramos perseguido ni rechazado”?
Por último, aunque sea por una cuestión apologética, aunque sea para presentar “defensa de la fe”, para poder debatir con buen testimonio nuestra posición, dado que ya sabemos que hay cristianos y teólogos en Europa y en Estados Unidos que han tomado la postura de aceptar como “no pecaminosa” a la diversidad sexual, ¿no será prudente considerar detenidamente sus argumentos, contraargumentos, y sumergirnos en un apasionante debate que en plena libertad de conciencia, libre examen de la Escritura y en conformidad con el entendimiento nos permita mantener de forma razonable y argumentada una posición u otra? ¿qué sentido tiene juzgar a esos teólogos como unos vendidos, inmorales, deseosos de “fama mundanal” si no se considera ni se oye seriamente sus argumentos? Como diría Nicodemo “¿juzga acaso vuestra ley a alguno si primero no le oye?” ¿no será prudente asegurarnos de no estar ciegos como los religiosos que rechazaban a los profetas del Dios altísimo en el Israel del Antiguo Testamento, o como Saulo que creía estar protegiendo la verdad de Dios mientras consistía la muerte de Esteban en el libro de Hechos y perseguía y encarcelaba a los que después serían sus hermanos? ¿no será prudente asegurarse detenidamente no ser como el Sanedrín que en nombre del Dios viviente mandó a matar al Dios vivo? ¿no será verdaderamente temeroso a Dios en realidad asegurarse de no estar rechazando a los Luteros de hoy que clavan estas tesis en medio de nuestra orgullosa catedral doctrinal e incuestionable proyecto religioso, sobre todo si sobre él, según vimos, la hacemos la vida dolorosa no solo a no cristianos sino también a muchos de nuestros hermanos en la fe? ¿No nos estaremos burlando quizá de los William Willbeforce de hoy?
Entonces, luego de mucho pensarlo, y de mucho tener miedo y temor, llegué a los textos de los teólogos y predicadores que, con valentía, y a pesar del rechazo masivo de sus propios hermanos, a pesar de los juicios adelantados, de las burlas y los desprecios de sus hermanos en la fe, dijeron “soy disidente, protesto contra esto, esto está mal, se entiende mal, y es POR ESTO…”.
Porque sí, y esto lo digo también a título personal, es fácil pensar que los que han tomado esa posición lo hacen porque les gusta “agradar a los demás”, “porque son populistas”, cuando en realidad, tomar una posición así, hermanos y hermanas, seamos honestos y dejemos una absurda disonancia cognitiva en la materia, es en realidad bastante IMPOPULAR, no solo entre los cristianos, sino también entre la mayoría de las personas de a pie, del pueblo, sean cristianas o no, pues quienes han levantado este asunto, no son otra cosa que una élite, tanto religiosa como económica, intelectual y política que ha sido convencida lenta pero valientemente por el activismo y razonamiento de quienes con fuerza y contra toda una cultura han logrado llegar hasta ellos y convencerlos. El tránsito ha sido difícil, lento y sufrido, y si han ganado espacio es a base de lucha, sufriendo violencia, injusticia y exclusión, no porque la gente tuviera alguna clase de receptividad a “aceptar y celebrar el pecado o la condición “pervertida” de los gays”, sino a pesar del pecado de odiar y prejuiciar a estas personas solo por sus preferencias sexuales, a pesar de tanta violencia estructural en la materia, pues la aceptación hoy ganada aun es baja y es más bien comunicacional-ética pero no popular y si algún día llega a ser mayoritaria entre el pueblo, no ha sido sin lucha.
En mi caso, como canuto, esto solo me ha valido pérdidas, de amigos, de hermanos, de confianzas, de respeto, de gente que me apreciaba y que yo aun aprecio, he perdido el micrófono y el púlpito de mi vieja iglesia, me han dicho falso maestro, lobo disfrazado de oveja, apóstata, hereje, endemoniado, perdido, condenado, vendido, etc. (no me victimizo, constato un hecho) y ahora, soy un peligro (revisen en las “recomendaciones de EOC en FB”, está lleno de advertencia de hermanos, que creyéndose defensores de la (su) doctrina, alertan de los peligros de seguir la página o comparen los likes de EOC con los de una página tipo “no más ideología de género” y verán quiénes son los populares vs los impopulares, pues si se tratase de poder numérico o de aceptación de mi medio, reconozcámoslo, es más conveniente ser una Marcela Aranda o un Cooper que un EOC, es hasta económicamente más rentable).
Y una vez que lo hice, que leí los textos, los argumentos a favor y en contra, lo que fue hace bastante poco pero con detenimiento, con base en el libre examen de los argumentos teológicos, contextuales e históricos de la Escritura, además de un entendimiento no prejuicioso sino informado de lo que es la homosexualidad y la diversidad sexual como fenómeno y condición a la luz de la experiencia y el avance científico, me he convencido sobre el hecho de que esta no es pecado, que hemos malentendido y sacado de contexto la Escritura al traducir o entender que esta es señalada como pecado, pues básicamente los pasajes del antiguo testamento que lo tratan, especialmente en relación con los hombres (de las mujeres no se dice prácticamente nada) refieren a actos de prostitución sagrada o idolátrica propia de los pueblos cananeos, mientras que en el nuevo testamento, la palabra arsenokoitai que hoy algunas biblias traducen como o “echarse con varones” no es otra cosa que una condena a tener esclavos sexuales, que se utilizaban también en contextos idolátricos, es decir, verdaderas humillaciones y vejaciones.
Dicha conclusión, que causa desde risa hasta indignación, desde abandono e invisibilidad hasta violencia, la he sacado de varios textos de teólogos, y son bastante extensas de explicar. Sin embargo, acá está el mejor resumen y en simple, y pueden descargarlo aquí: https://drive.google.com/open?id=1EPnlEZnLeR1ZbcJBxvjPmFI5dtWdIkk3 (si me diera el trabajo de ponerlos aquí, este texto quedaría de 50 páginas más). Léanlos y únanse a mí, o léanlos y convénzanse de lo equivocado que estoy, pero no dejen de leerlo, la historia, el temor a Dios, el uso de la razón que Dios nos dio, la justicia, la defensa de su propia fe se los demanda. No rechacen este texto, ni esta posición sin antes haber leído ese brevísimo libro.
Mi conciencia está tranquila, pues con libre examen de las Escritura y de la realidad he llegado a esta conclusión, luego de mucha oración, de mucha pelea, dolor y preguntarme todo esto tantas veces. Ante todo, confío en la gracia de Dios, que no me justificará ni por mis obras, ni por mi conocimiento o entendimiento de las Escrituras, que siempre puede estar viciado como el de todos, sino por la fe en su gracia Salvadora que excede a mis pecados y los cubre y supera, por medio de Cristo Jesús, mi Señor, y no por medio de si entendí o no una doctrina, que ni siquiera es central al mensaje del evangelio aunque
para tantos, sin fundamento alguno, lo sea. Al menos llegué a esto luego de estudiarlo, de verlo, de acompañarlo pastoralmente, de sentirlo y pensarlo y no por una mirada parcial, previa, intuitiva, simplona, iracunda, miedosa, que ve en todo lo nuevo, en todo lo diferente un mal, un peligro o un enemigo.
Para mí esto es importantísimo hoy, afirmarlo, pregonarlo, predicarlo pues muchas veces me ha causado mucho dolor recordarme o ver a mis hermanos odiando a estas personas, rechazándolas, obsesionadas con ellas, prejuiciándolas, mintiendo de forma descarada sobre ellas, muchas veces me he enojado con ellos, y me he descontrolado al ver tanta impiedad y falta de empatía, muchas veces esta impiedad no me deja dormir y he querido dejar de hablar de esto, pero no puedo, sigue siendo central tratarlo, otras veces he sentido ganas de decirles “así ha dicho el Señor en cuya presencia estoy, dejen en paz a estas personas” y dármelas de profeta pero NO, no lo soy. Tampoco he sido un activista, sino un simple consejero de algunos amigos gays-canuto y blogero de esa miseria contemporánea que llamamos Redes Sociales, pero como sea, hoy para mí es un testimonio, ¡bendito el día en que llegué a esta conclusión, aunque todo se pierda! pues igualmente, aunque a veces creo que esto se puede radicalizar y realizarse verdaderas purgas irracionales contra los gays y las minorías sexuales (sobre todo por el caos climático ocasionado por la contaminación pero respecto del cual muchos fundamentalistas son capaces de atribuir a un castigo de Dios por lo gay), tengo esperanza de que la justicia “correrá como corriente inagotable” respecto de ellos, y un día, tal como pasó con la esclavitud, el racismo, la segregación racial, el mestizaje, o la persecución a Giordano Bruno, o a otros disidentes religiosos, esta persecución será parte de los malos recuerdos que tiene el cristianismo en su historia.
Por último, como dijo el gran Servet “Si me hallas en error en un sólo punto, no debes por eso condenarme en todos.”EOC.
::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::

Pd: Hecho esto, mi siguiente paso en esta historia será mi asistencia a esta actividad, en la que planeo por primera vez ir a la marcha del orgullo gay a pedir perdón como evangélico por todo el maltrato que como cristiano alguna vez les dí a estas personas:

esto será este sábado 22/06/2019

Para todos los que se oponen a esta actividad porque “ser gay es pecado” solo una cosa:

¿Si no pueden abrazar a alguien por considerarlo pecador? ¿Cómo es que abrazan a sus hijos o que dejan que sus hermanos les abracen a ustedes mismos que son todos bien inmundos?

Solo respóndanme a eso.

EOC.

Un comentario

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s