Sana doctrina y cacería de herejes.

El cristianismo, con mayor o menor dificultad, ha sido capaz de revisar (juntamente con los judíos y su tradición) lo siguiente de su texto sagrado:

– “al hijo rebelde lo matarán (Deut 21:18-21)” a cambio de la misericordia y la razón.

– “la ordalía del espíritu de celos (Número 5:11-31)” a cambio de la racionalidad y la dignidad.

– “el apedrear a los adúlteros (Levítico 20:10)” a cambio de la misericordia (tempranamente los primeros cristianos objetaron la pena de muerte en general)

– “el no cortarse la barba (Levítico 19:27)” a cambio de la razón y la libertad de la gracia.

– “la mezcla de semillas, de animales, y vestido de distinto hilo (levítico 19:19)” a cambio de una evolución interpretativa.

– “el que seguramente no fue el sol el que se detuvo cuando supimos que es la tierra la que gira en torno a él (Josué 10:13)” (uff, esto sí que costó, pobre Galileo y principalmente pobre Giordano Bruno).

– “la circuncisión y el sábado, pactos que eran considerados eternos (Génesis 17:1-25)”, a cambio de una teología del nuevo pacto

– “el que sea decisión del hombre si casar o no a su hija (1 Cor 7:38)” a cambio de que mejor ella elija a quién amar, es decir, por la libertad y el amor.

– “el que la mujer calle en la congregación, donde no era lícito siquiera que hable o pregunte (1 Cor 14:34)” a cambio de dar preferencia al fin de las diferencias por género

– “la esclavitud misma (Éxodo 21, Tito 2:9)” porque comprendimos que Dios es el Dios que libera de la esclavitud y que el ser humano tiene dignidad y derechos por ser su imagen.

– “los sacrificios de animales (Levítico 1:7)” porque el sacrificio verdadero es el espíritu humilde y Cristo el perfecto sacrificio.

– “el rechazo a los médicos” (2 Crónicas 16:12) a cambio de el uso de la razón o una mejor traducción e interpretación.

– “el cobro de intereses” (Lev 25:36) (a mi juicio, mal ahí, porque daña al prójimo).

– “el matrimonio con personas de distinta religión” (2 Cor 6:14) por dar preferencia a la libertad de elegir el amor genuino y pacífico en la diferencia.

– Admitimos que existen en el mundo semillas más pequeñas que la de mostaza a pesar de lo enfático que es (Marcos 4:31).

– Qué decir del abandono de la poligamia y del concubinato que practicaron tantos personajes bíblicos.

Los cristianos asimismo tenemos serias diferencias entre nosotros, hay discusión en casi todo, entre ellos, solo por mencionar:

– Por años nos matamos por el asunto de la trinidad y la divinidad de Cristo.

– Qué decir por el tema del bautismo.

– Aun nos peleamos entre arminianos y calvinistas (al menos en latinoamerica revivimos una discusión bastante superada)

– Los diezmos y su legitimidad y modo de uso.

– Nuestra visión sobre la política y religión

– Todos tenemos teorías distintas sobre el apocalipsis

– Los sacramentos y la cena del Señor.

– ¿Sábado o domingo o todos los días?

– ¿Cesacionismo o continuismo?

-el más grande ETC. Las diferencias entre iglesias de una misma denominación son notables, y en el cristianismo, entre más de nueve uno en la geografía y el tiempo, las cosas se hacen extraordinariamente distintas.

Cada vertiente, tradición, escuela, corriente está llena de discusiones larguísimas. Todos tenemos posiciones sobre la verdad doctrinal que son diferentes y una evolución histórica evidente, discutible e intensa.

No dejes pues que te acusen de desobediente por interpretar, te den certificado de hereje por disentir con tus argumentos, de no creer en la palabra de Dios por no aplicar algo en la Biblia interpretándola en vez de seguir su literalidad (todos lo hacen, sin excepción, aunque no lo reconozcan y aunque les duela siquiera pensarlo o decirlo), ni de satánico por disentir con argumentos y con libertad de conciencia.

Nadie está libre de todos estos elementos, y gracias a Dios que es así, porque somos diversos.

Todo protestante sabe que no es acepto o salvado por Dios en función de si creyó en la doctrina correcta, o si sus posiciones doctrinales son las correctas, que sería finalmente una salvación por obras, sino que somos salvos por fe, fe en Jesucristo el Señor, nada más, por gracia de Dios y no por “la gracia de saber LA doctrina correcta-infalible”, siempre sujeta a la cultura y su ideología, a la política, a la historia, a las potencias dominantes.

El cazador de herejes no pone en el centro la gracia salvadora del Señor, ni da el juicio a Dios, ni la competencia a Dios en la salvación, sino que pone la doctrina que ÉL cree correcta para determinar quién es salvo, quién es hermano, quién es de Cristo. En el fondo, el centro de su visión es su propio criterio, su juicio, su visión, su discernimiento, su historia, finalmente él mismo, su ego, sus obras intelectuales, pero obras igualmente, sobre el arbitrario pensamiento de que justo justo me informé yo en el lugar correcto, justo creí en el lugar donde todo es real, puro, objetivo, infalible.

No estás de acuerdo conmigo yo tampoco contigo, podemos discutirlo, podemos tener veredas opuestas, tú puedes combatir mi idea y práctica y no te quepa duda que yo lo haré con la tuya (por argumentos y por la libertad de ser diferente, más que nada), pero negarnos la hermandad, dar certificados de hereje, temer a la conciencia ajena, insultar, maltratar, no es de cristianos, no es de quien entiende que la “salvación pertenece a nuestro Dios”, sabiendo siempre que los cazadores de anatemas fueron los que crucificaron a Cristo y persiguieron a sus seguidores creyendo sinceramente estar sirviendo a Dios.

EOC.

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