¿Viene persecución contra los cristianos?

El neo-ecumenismo conservador, compuesto por evangélicos y católicos unidos contra los derechos civiles de las minorías sexuales, expresa un temor constante: que vendrán días en que los encarcelarán por considerar equivocada la homosexualidad o la transexualidad, que les prohibirán expresarse públicamente, que los censurarán y excluirán, y confinarán al ostracismo y la invisibilidad, a las burlas y a ser apuntados como indeseables por todos.

Básicamente, temen (y mucho) que les pase a ellos lo que por años se le ha hecho a las minorías sexuales, que fueron (y siguen siendo) encarcelardas (la homosexualidad fue delito en Chile por muchos años y lo sigue siendo en muchas partes), que fueron (y siguen siendo) silenciadas y censuradas (sé maricón en privado, que yo no te vea), que fueron (y siguen siendo) excluidas (aquí no se contratan, educan, ni incluyen maricones ni trans), que fueron (y siguen siendo) reducidas a la invisibilidad en las injusticias que viven (eso sigue pasando pues en las calles siguen siendo objeto de toda clase de maltratos, desde asesinato a violencia física y psicológica, principalmente las personas trans), y que fueron (y siguen siendo) objeto de las burlas de siempre, porque hasta hoy los chistes sobre estas personas son pan de cada día, pues el rechazo y la violencia hacia ellas sigue siendo mayoritario aunque sea políticamente incorrecto, el asco hacia ellos sigue siendo rentable y mayoritario aunque sea moralmente difícil de defender.

Este es un tema clásico en las relaciones de poder, los africanos blancos de Sudáfrica temían que la mayoría negra sudafricana les hiciera lo mismo que ellos le hicieron si les devolvían el poder; los supremacistas blancos temían lo mismo de los negros en USA; los hombres temían que si la mujer tenía derecho a voto, estudio y trabajo se volvieran tan exigentes y arrogantes como ellos eran; los católicos en Latinoamérica temían que los protestantes conquistaran todo y se volvieran la religión oficial a pretexto del engaño del “laicismo, tolerancia y pluralismo” que proponían; etc. Es un clásico de estas pugnas, el miedo del que tiene la situación de poder a la libertad anhelada del que no la tiene.

Pero, a decir verdad, ese miedo siempre se muestra injustificado, siempre se muestra falso, falaz (podemos citar toda la teoría de la conspiración sobre pastores presos y persecuciones ante leyes aprobadas hace rato como el AUC, la ley Zamudio o la ley de identidad de género) los excluidos no quieren excluir a sus exclusores, pues una persona históricamente excluida “conoce el alma” de quienes han vivido eso, tal como decía Moisés al pueblo de Israel liberado de la esclavitud en calidad de forastero: “no oprimirás al extranjero porque tú conoces el alma del extranjero… porque extranjero fuiste en tierra de Egipto, casa de servidumbre”.

Pero el neoecumenismo conservador insiste en que vienen los días terribles, y los culpables serán aquellos que se abran a respetar la libertad de conciencia de las minorías sexuales, pues es una trampa de “gente que nos aborrece a nosotros y a nuestro Dios” (supieran cuántos cristianos e hijos de cristianos forman parte de ella en todo caso). El pueblo evangélico es particularmente proclive a creer en esa idea, pues tiene complejo de persecución por razones “escatológicas” o apocalípticas, entonces en todo lo que puede ver persecución proveniente de los que considera sus enemigos (enemigos = lo que no es como ellos), lo ve con mucha claridad, como una certeza inequívoca y obvia (además de haber sufrido ya persecuciones en el pasado, aunque esas persecuciones se las hicieron los conservadores católicos (ultramontanos), sus ahora aliados, unidos en perseguir ahora a otras minorías, a otras disidencias).

Tengo otra tesis, no creo que vendrán esas persecuciones intensas y brutales con cárceles y asesinatos o agresiones físicas (más allá de los insultos mutuos que uno suele observar por estos días y más allá de las abundantes “noticias” extranjeras sobre el tema basada en fake news o verdades a medias) si nos abrimos a respetar por fin las conciencias ajenas, las libertades ajenas, la dignidad ajena. Al contrario, si llegan a ocurrir esas persecuciones, van a venir, precisamente, si siguen mintiendo sobre estas personas, si siguen negando su libertad, si siguen negando su igualdad, pero a eso que llamarán “persecución por causa de la justicia” lo llamo en realidad “siembra persecución y la cosecharás”, a eso que llamarán “injusticia” lo llamo “frutos”.

Es fácil pues sostener que decir “la homosexualidad está mal, es pecado”, no constituye ninguna ofensa tal como decir “la idolatría, la borrachera o la gula es pecado”, con la cual nadie se ofende y aducir intolerancia por parte de los gays ante el rechazo a esa idea. Pero resulta que es muy diferente, pues a pretexto de que “la homosexualidad es pecado” se ha fundamentado la prisión, la violencia o el desamparo a ella, se ha fundamentado la exclusión, la invisibilidad, la desigualdad de derechos, la odiosidad como decir que las catástrofes naturales ocurren por estas personas (el colmo del oscurantismo), los tratamientos pseudocientíficos y tortuosos para revertirla aplicados a tantos, el abandono familiar, las burlas que ocasionan depresión y suicidio, además de campañas llamativamente basadas en la mentira y el fake news, y eso aumenta cada día, no parece querer parar.

Entonces el oír “la homosexualidad es pecado”, no parece algo tan simple como decir “la gula es pecado”, tiene un tufillo persecutor, tiene un tufillo violento y apático a la violencia sufrida por ellos, basado en la historia reciente, en los hechos del hoy.

Si los que han creído que la “homosexualidad es pecado” no lo hubieran usado para perseguir a su prójimo, para esconder sus propios miedos e inseguridades en ello y excluir y perseguir la conciencia ajena, si solo lo hubieran usado para decir “por eso yo no la practico, porque creo que debo abstenerme de ella para agradar a mi Dios, pero respeto que tú vivas así y tengas mis mismos derechos y libertades”. Entonces, decir “la homosexualidad es pecado” sería tan anecdótico como decir “trabajar en sábado es pecado” o “ir a la iglesia sin corbata es ofensivo” o “no practico tal cosa porque mi religión me lo prohibe”, pero no lo es, ya no lo fue, sino que mantiene una historia profunda de persecución, odiosidad y apatía disfrazada de piedad religiosa.

¿Entonces? ¿Vendrá persecución por esto? Mi respuesta es que si seguimos persiguiendo la libertad de esta gente, es muy probable, no porque esta gente fuera mala con nosotros y nos odiara (en realidad solo quiere vivir en paz), sino eventualmente por traumada, por haber recibido tanta violencia bajo esa excusa, es decir, no por causa del evangelio, sino por la injusticia vestida de evangelio, por la maldad justificada falsamente en una creencia religiosa. De cierto les digo, que todo lo que sembremos esto también cosecharemos.

Los liderazgos cristianos tienen que elegir, ¿quieren seguir sosteniendo que ser parte de las minorías sexuales es pecado? Háganlo, tienen toda la libertad de hacerlo, pero urge, es una necesidad de primer nivel que incluso creyendo eso y viviendo ustedes así absteniéndose de practicar ello, respeten la conciencia de quienes no lo creen, respeten la libertad e igualdad plena de quienes no viven como a ustedes les gusta vivir.

¿No quieres ser gay, ni trans, ni nada de eso? ¿crees sinceramente que es una “elección” errada de estas personas? Está bien, no lo seas, nadie te obligará, solo déjalos en paz, acuerden sus libertades mutuas, libertad para no ser gays (que nunca ha estado amenazada más que en la imaginación de los que temen) y libertad para los gays y las disidencias sexuales de serlo en plena igualdad con los que no. De otra manera las posiciones extremas seguirán ganando espacio, polarizando, radicalizando, generando una guerra.

Yo no tengo miedo a ninguna persecución, de ningún tipo, de ninguna clase, ya he sido perseguido por mi fe en varias ocasiones, no físicamente salvo una vez que me dieron un empujón, pero sí insultado, burlado, excluido, funado por lo que creo, sé lo que es eso, lo he vivido, principalmente y de manera mucho más dura de parte de otros cristianos que de los que no, para nuestra vergüenza. Pero no me victimizo ni me duelo, aprendí de Cristo que eso es algo a lo que no debo temer ni vivir asustado, al contrario, verlo como una honra, como un privilegio, como una bendición, una dolorosa bendición, una alegría al final a pesar que duele, debiendo orar y desear el bien a quienes me persiguen.

Pero sí me entristece ver que muchos cristianos llamen a su siembra y cosecha de intolerancia como persecución por el evangelio, cuando no ha sido más que el fruto de sus propias obras, persecución por un falso evangelio lleno de odiosidad e inseguridades no resueltas, de gente cuya pretendida sabiduría espiritual llena de violencia, asco, miedo e hipocresía, es en realidad una sabiduría humana y diabólica. De personas que disfrazan una mundanal aversión por su prójimo de piedad bíblica.

No, no serán perseguidos por el evangelio, pero si llegan a ser perseguidos, será por disfrazar de evangelio todo lo contrario a él: la violencia, el rechazo, la intolerancia y la apatía.

El que siembre la violencia, la intolerancia, el odio, la mentira, el prejuicio la segará abundantemente. Eso es lo que veo del futuro con base al presente, eso me gustaría que se pudiera cambiar.

No piensen más en perseguirlos a ellos para que nunca tengan la oportunidad de perseguirnos a nosotros, paremos esta guerra religiosa/política, hagamos de la paz, la convivencia, el respeto, la igualdad y la libertad un acuerdo, que resuene la libertad y el respeto entre nosotros antes que sea todo peor para todos.

EOC

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