Editorial: Facebook.

 

Acabamos de sobrepasar los 9000 likes en FB, y si bien esa cifra podría bajar o subir como suele suceder, además de que es un número engañoso pues no todo like representa un acuerdo sino al menos voluntad de oír, quisiera compartir con ustedes una reflexión sobre Facebook, o lo que creo que implica.

En el contexto de una sociedad donde la gente trabaja cada vez más y por ende tiene menos tiempo libre (explotación económica y precariedad del empleo) y realiza largos viajes de su trabajo a su hogar (fracaso de políticas de transporte metropolitano y diseño de la ciudad), pero además tiene acceso a Internet en su celular a alta velocidad y es capaz de mantener contacto por él con miles de personas en todo el mundo de forma instantánea, además de la creciente inseguridad de las grandes metrópolis y ciudades, no sólo marcada por un aumento en el delito sino y antes que nada por los noticieros que alimentan dicha percepción de forma desproporcionada, además del creciente individualismo de la cultura en un contexto consumista, las redes sociales como Facebook vienen a cubrir elementos que ya no tenemos tanto, como es el debate público, la reflexión en lo que podríamos llamar el ágora, la deliberación que antes se daba de forma más frecuente en una plaza, en una iglesia, en una universidad.

Ya no nos aparecen tanto los humoristas, los predicadores callejeros, las deliberaciones públicas en la Plaza de Armas, sino aquí, en Facebook. Aquí encuentras también ciberanimitas que recuerdan a amigos y familiares que no están, aquí encuentras ofertas de todo tipo de ventas o servicios, aquí presentamos quienes somos, y conversamos todos los días, conversamos, estamos en una asamblea permanente.

Es extraordinario y a la vez triste, pues quizá nuestras relaciones humanas son ciber relaciones, son sintéticas, meramente escritas o morales pero no íntegramente humanas. Y sobre ello hay que reflexionar.

Por una parte Facebook no es un espacio gratuito, aunque lo parece, Facebook es una empresa privada, que maneja todos los datos tanto públicos y privados que nosotros colgamos aquí y los vende a agencias de publicidad, manejando información íntima de nuestras vidas. En ese sentido tiene un control total sobre nuestros intereses, cuestión que fuera de peligrosa para nuestra seguridad puede implicar un acto de idolatría, porque viene a cumplir un rol que creíamos, hasta ahora, sólo puede cumplir Dios que es saber todo de nosotros, con el poder que eso implica. Dentro de nuestra tradición escatológica eso puede implicar algo parecido a lo que Juan señaló como la marca de la bestia, el absoluto control de un ente sobre las personas, mucho más allá de la teoría del chip (ver BlackMirror)

Pero fuera de ello, siendo menos alarmista, esta agora virtual, está nueva Plaza de Armas tiene una desventaja brutal: cercena nuestra cara, cercena nuestra vida, nuestra actitud cotidiana, no es un espacio de realidad plena.

Y eso me gustaría aportar como reflexión sobre Facebook y lo que hacemos en esta página. Debemos todos tener cuidado de pensar que porque nos conocemos aquí, dialogamos aquí, peleamos aquí, discutamos aquí, diferimos aquí, nos conocemos realmente, nos conocemos en serio.

Facebook es una visión muy parcial de una persona, en Facebook se argumenta en forma escrita principalmente, y uno no puede ver la cara de quien habla, puede imaginar que grita cuando en realidad está triste, puede pensar que dice algo con rostro violento cuando en realidad lo hace con rostro preocupado, no hay espacio para lo paraverbal ni lo noverbal, no hay espacio tampoco para conocer otro tipo de virtudes de las personas como su actitud familiar o generosidades, ni otro tipo de defectos que escondemos tan bien en este medio.

Últimamente, como he puesto mi rostro en esta página me he fijado que hay personas que parecen conocerme muy bien, y expresarme su máximo repudio o su admiración por lo que hago o creo y pongo en esta página. Creo sinceramente que pueden estar super equivocados ambos grupos sobre lo que creen de quien escribe o de cualquier persona que conozcamos por y solo por Facebook. Creo sinceramente que eso es algo de lo que debemos tener cuidado, pues es una visión eminentemente parcial, mutilada, filtrada. En redes sociales no somos nosotros realmente, somos una caricatura dependiendo cómo lo usamos, si para compartir solo imágenes graciosas como memes, lo que puede dar la impresión de ignorancia o falta de seriedad, si para compartir noticias y opiniones políticas, lo que da sensación de excesiva seriedad o militancia, o si lo usamos para expresar nuestraa creencias religiosas, cosmovisiones e ideologías.

Si en esta nueva plaza de armas, en esta nueva agora, las páginas virtuales de religiosos somos los neopredicadores callejeros pero virtuales, los ciberwesleys que hacen del cibermundo su ciberparroquia, creo que en realidad podemos ser una imitación limitada y peligrosa de lo que era o es ese tipo de actividades. Somos una actividad necesaria por cierto, pero que debe tenerse en su justo lugar, para consumirse con moderación y para no formarse ideas de quiénes son realmente quienes participan de ellas, tanto para bien como para mal, para no odiar ni amar lo que en verdad no conocemos de forma seria.

Nuestras cuentas y nuestras páginas son al final personajes, casi caricaturas a las que damos y filtramos, en un cierto perfil público. Por eso es importante que la expresión de cualquiera de esos perfiles no sea la totalidad de nuestra experiencia. No somos religiosos por ser ciber religiosos, no somos políticos por ser ciber políticos, no somos activistas por ser ciber activistas, no somos intelectuales por ser ciber intelectuales, etc. Eso es engañoso si no se acompaña o centra en realidad en una participan real y humana en esas cosas.

Las personas que lucen exitosas, apacibles, violentas, amables, intelectuales, poco serias, politizadas, religiosas, militantes, extremas, intermedias, felices, preocupadas, neutrales en Facebook pueden ser cosas muy diversas.

Cuentas vemos, corazones no sabemos. Las personas modernas juzgan según el perfil en RR.SS pero al final el Señor pesa los corazones.

Así que no mires a su foto de perfil ni a su ciberapariencia… Pues el hombre moderno mira lo que hay en redes sociales, pero el Señor mira lo que está en el corazón.

EOC.

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