Pensar cómo es ser anciano.

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A propósito del boom de FaceApp que te permite simular tu rostro de anciano y que está de moda estos días aquí. Fuera de considerar los peligros a la privacidad que está aplicación pueda generar con nuestras caras, también puede ser útil darse color y reflexionar sobre eso de ser viejo en este mundo. Aprovechar de preguntarse no sólo cómo nos veremos de viejos, sino qué significa ser viejos, y cómo podrá ser nuestra vida así.

 

Ser anciano aparece con una carga negativa, no sólo por cuanto hay personas que quizá de una forma un tanto inmadura comienzan a esconder o censurar su edad en la medida que ganan más años, sino por la creciente deshumanización que se observa en la ancianidad de cara a un mundo consumista donde el mercado y las consideraciones de productividad y eficiencia parecen ser los valores que guían las decisiones de todos.

 

Una persona anciana bajo esa lupa suele entonces perder valor en una sociedad así. No está actualizada, no maneja bien la tecnología, no tiene la fuerza física y el vigor de un joven, se enferma, no es productiva o es menos productiva, no es competitiva, entonces es un problema, no tiene valor o tiene menos valor económico, así que esa consideración define su existencia y valor personal.

 

Qué decir del problema de las pensiones, la longevidad está siendo muy mal mirada por los políticos y economistas en todo el mundo, que bajo consideraciones meramente monetarias han hecho del hecho que los ancianos vivan más un verdadero problema, de manera que resulta ahora que es un problema que la gente envejezca.

 

De esta manera en Chile, ante el manifiesto fracaso del sistema de pensiones en generar jubilaciones dignas a la gente, se observa que muchísimos de ellos se han visto reducidos a la indigencia bajo un sistema, una sociedad, una cultura y una política que los presenta como un verdadero problema, o se han visto obligados a seguir trabajando en malas condiciones cuando deberían estar ya descansando y sanando sus dolencias. Todos quieren mejores pensiones, incluso se habla de solidaridad, pero la gente a la hora de la verdad no quiere ser solidaria, adoctrinada ya por el shock ideológico neoliberal de la 80, la cultura del individualismo y del “salvate solo” está perfectamente instalada entre nosotros y las personas ancianas lo pagan directamente.

 

Nosotros como creyentes tenemos razones para reberlanos contra esta mirada economicista que quita valor a las personas por su productidad, y recordar por fin que las personas valen no por razones económicas sino por el hecho de ser personas, pues llevan la imagen de Dios.

 

De cómo dice Levítico practicar el “Delante de las canas te levantarás, y honrarás el rostro del anciano, y de tu Dios tendrás temor. Yo Jehová.”. Y trabajar por la dignidad, el valor y la protección de los ancianos y ancianas, amarlos como Cristo les ama, visitarlos en sus dolores, en sus enfermedades, en su viudez, pues esa es la verdadera religión según Santiago, y según Jesús cuando hacemos esto a nuestro prójimo a él se lo hacemos.

 

Todos estamos en deuda, incluso con nuestras familias, es importante pensar en eso.

 

La iglesias como comunidades también pueden preguntarse eso, hay iglesias que hacen mucho por sus ancianos, les visitan, la hacen participar de actividades que les permiten participar de una vida activa y con propósito, en mi vieja iglesia de la IMP por ejemplo crearon un coro de hermanos ancianos, que reactivó mucho sus quehaceres y que a mi juicio les permite dar valor a su vida. Pero tal vez todavía podemos hacer más por nuestros ancianos, e ir así contra esa “mundanalidad” que nos ofrece la sociedad industrial y economicista de ver al anciano como una molestia, negando así la imagen de Dios en el anciano, y el valor que Dios nos enseña que tiene cada persona desde que él dio su vida por cada una de ellas.

 

También por qué no cambiar la mentalidad, y no entristecernos por envejecer, sino al contrario, comprender lo triste que es no llegar a viejo, porque no envejecen sólo aquellos que ya murieron, así que agradecer a Dios por poder juntar experiencias y años, en los que aún podemos cumplir nuestra misión en el mundo, cual es amar.

 

Trabajar por la dignidad y humanización de lo ancianos, trabajar contra la precariedad, contra las pensiones de miseria, la explotación y el desdén a estas personas debería ser un valor cristiano fundamental, pero no parece ser relevante por ahora, lamentablemente no aparece como criterio o como valor moral para medir el cristianismo de una sociedad, de una cultura, o de una opción política, aunque debería serlo ya con urgencia.

 

Llegará un día en que no sólo nos veremos viejos, sino que lo seremos, y como todo lo que uno siembra también cosecha, debemos considerar esto desde ya. No puedo predecir con certeza cómo seremos de viejos, pero así como vamos ya se puede predecir cómo nos tratará este mundo de viejos, y no es muy alentadora esa imagen con esta cultura, estos modelos de trabajo y previsión social existentes, hay prejuicios, soledades, injusticias a las que dar cara.

 

¿Ustedes qué opinan también sobre eso?

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