8 horas de trabajo diario, 40 horas semanales, un proyecto pro-familia.

Chile tiene una de las jornadas de trabajo semanal más largas del mundo, 45 horas semanales, solo superado por países como México, Costa Rica, Corea del Sur y Grecia.

La jornada laboral en Chile sumada a los largos viajes de transporte al trabajo implican que quienes trabajan pasan prácticamente más trabajando que con su familia. Esto tiene un impacto directo en ellas, en el tiempo que las parejas pueden dedicarse entre sí, el tiempo que puedan dar a sus hijos y el tiempo en que pueden descansar y dormir, cuestión que impacta directamente en la salud, la vida, la convivencia, y en la productividad propiamente tal, pues trabajador cansado y estresado produce mucho menos, de hecho Chile es un país donde la enfermedad del estrés sobreabunda y según el Termómetro de Salud Mental alcanza al 80% de los chilenos, la depresión y la ansiedad está sobre el promedio mundial y el suicidio en Chile aumenta cada año mucho más que en el resto de los países del mundo asociados a problemas mentales como la depresión y la ansiedad.

Reducir la jornada a 40 horas semanales no es ninguna cifra utópica, 8 horas diarias es la demanda histórica del movimiento obrero (que en Inglaterra y USA tuvo mucha presencia canuta, recuerden a Samuel Fielden), y una realidad en la mayoría de los países desarrollados y los más productivos del mundo. En efecto, reducir de 45 a 40 horas semanales no impacta en la productividad de acuerdo con la evidencia empírica. No es cosa de gente floja o de mentes soñadoras e irresponsables, es una posibilidad practicada en muchos países que tiene impacto directo en la calidad de vida.

Proyectos como este impactan favorablemente en la familia, en su sanidad, en su continuidad, en su afecto. La explotación tiene un efecto directo en las familias de carne y hueso, las reales, las de verdad, y no en el “mero concepto” de las mismas. Pero por alguna razón los “defensores de la familia” no pregonan esto, no lo relacionan, cuando en situaciones como esta es que realmente las familias se destruyen o pueden ser protegidas.

Producto del ausentismo basado en largas jornadas de trabajo y de transporte a él, los hijos se desconectan de sus padres siempre tan ocupados o cansados, y los cónyuges dejan de tener energías y tiempo el uno por el otro. ¿por qué ven destrucción de la familia en que existan otros tipos de familias, pero no ven la devastación que ocurre justo frente a nuestro rostro producto de un modelo de vida pro explotación, pro precariedad y contrario a la reunión de la familia en el hogar? Es una pregunta constante para mí y sin respuesta.

El credo social metodista-presbiteriano de 1919 en Chile, copiado del Consejo Federal de Iglesias de USA, en su defensa por la familia sostenía preocupación por el problema habitacional y las condiciones de trabajo, sosteniendo que se estaba a favor de “Una gradual y razonable reducción de las horas de trabajo, hasta el más bajo punto practicable, y para todo aquel grado de descanso que es una condición de la más elevada vida humana”. La reducción a 40 no es ni siquiera el punto más bajo practicable sino uno tremendamente razonable y practicado –incluso más bajo- en la mayoría de los países, incluidos los países OCDE.

La idea del derecho a descansar es una doctrina tremendamente bíblica, cuando el pueblo hebreo era esclavo en Egipto, era oprimido en tierra de Faraón, la “casa de servidumbre”, trabajaba todos los días sin parar, eran explotados. Una vez libertos de la casa de servidumbre nace una doctrina muy hermosa en el Antiguo Testamento, la doctrina del descanso, el shabat, en la cual se dice que Dios, o sea, el Ser Supremo, la realidad misma, hizo su trabajo –crear el Universo- en seis días, sin embargo en el séptimo descansó, hubo un día en que aún él descansó de su trabajo, por ese motivo, así como Dios descansó, el pueblo de Israel, liberado de la Esclavitud por Dios (porque su Dios es un Dios que liberta de la opresión con mano fuerte), debe descansar al séptimo día tal y como Dios “descansó” de sus obras, a partir de ello la doctrina del shabat consistía en que habrá un día en día de descanso para todos, incluidos los siervos, los forasteros, los animales, todos, todos deben descansar obligatoriamente, porque hasta Dios omnipotente reposó de su trabajo (Deut 5:14). Con posterioridad esa doctrina toma caracteres mucho más espiritualistas, entendiendo que Dios no necesita descanso y que el shabat es una especie de alejamiento de la vida mundanal y otras consideraciones más legalistas desarrolladas por el judaísmo como los que observamos en los fariseos del Nuevo Testamento, sin embargo la esencia de dicho concepto es una concepción liberadora orientada a reconocer que se debe dar descanso al trabajo, se debe cesar pues hasta Dios lo hizo. Nosotros los cristianos ya no aplicamos –en general- esta doctrina del shabat (salvo el cristianismo sabatista), pero deben quedarnos sus bases, la justicia que entraña: decir no a la explotación, decir no a la opresión y a la servidumbre, decir sí a la dignidad del trabajo, y al merecido descanso conforme a la razón y a la experiencia, apartarse de la labor y cultivar una práctica de vida que no implique trabajo sin fin, regular la vida para que la vida no sea dedicarse a solo producir y producir, sino dar lugar a otros valores, la espiritualidad, la familia, la reflexión, o en fin, todo lo demás.

40 horas semanales, al día 8 horas trabajando, 8 durmiendo, 8 descansando con los tuyos, no solo es una propuesta razonable, sino que comprobada en el derecho y experiencia comparada. Por la defensa de la familia, por la dignidad y derechos del trabajador que nos ordena la Escritura, debemos apoyar iniciativas como esta.

Isaías 58:3 ¿Por qué, dicen, ayunamos, y no hiciste caso; humillamos nuestras almas, y no te diste por enterado? He aquí que en el día de vuestro ayuno buscáis vuestro propio gusto, y explotáis a todos vuestros trabajadores.

Deuteronomio 24:14 “No oprimirás al jornalero pobre y necesitado, ya sea uno de tus conciudadanos o uno de los extranjeros que habita en tu tierra y en tus ciudades.”

Levítico 19:13 “No oprimirás a tu prójimo, ni le robarás. El salario de un jornalero no ha de quedar contigo toda la noche hasta la mañana.

Efesios 6:9 Y vosotros amos, haced lo mismo con ellos, y dejad las amenazas, sabiendo que el Señor de ellos y de vosotros está en los cielos, y que para El no hay acepción de personas.

Deuteronomio 24:15 En su día le darás su jornal antes de la puesta del sol, porque es pobre y ha puesto su corazón en él; para que él no clame contra ti al SEÑOR, y llegue a ser pecado en ti.

Colosenses 4:1 Amos, tratad con justicia y equidad a vuestros siervos, sabiendo que vosotros también tenéis un Señor en el cielo.

Malaquías 3:5 Y me acercaré a vosotros para el juicio, y seré un testigo veloz… contra los que oprimen al jornalero en su salario, a la viuda y al huérfano, contra los que niegan el derecho del extranjero y los que no me temen –dice el SEÑOR de los ejércitos.

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