Las supersticiones de nuestro mundo canuto.

Estos días estuve descansando y se me ocurrió ver algunos episodios de Pokémon Indigo. Que es el nombre de algo así como las primeras temporadas de la serie animada de Pokémon (corrijanme si me equivoco, pues a pesar de como suena, no soy tan fan del animé más allá de Slam Dunk).

La serie animada de Pokémon fue todo un fenómeno cuando yo era niño, sin embargo no podía verla, me lo prohibieron, así que la veía a escondidas, de manera que tengo pocos episodios entre mis recuerdos de la serie.

La razón de la prohibición era que se había difundido en el mundo de la iglesia que era satánico ver Pokémon, había todo un cuento espiritual, con el que poco más uno quedaría endemoniado con esa serie, no recuerdo bien el argumento, pero al parecer los pokemones eran demonios de bolsillo, y verlo, pues, a ese riesgo te sometía.

Esto era popularizado por un pastor brasileño que se llamaba Josué Yrión, quien lo denunciaba y esas advertencias muy serias se difundían en las iglesias y por la radio. Recuerdo la Radio Armonía difundiéndolo también, a través de un programa de un pastor al que llamaban “el pastor Mondaca”, él nos introdujo en mi familia en una cantidad enorme de teorías conspirativas no solo sobre pokémon, sino también de otros productos televisivos, los extraterrestres y el fin de los tiempos, y varias cosas más.

Ahora que he visto pokémon indigo estos días, me he acordado de eso. No es un trauma para mí, creo que mi infancia fue genial y feliz a pesar de tener esa y otras limitaciones, y creo sinceramente que el mejor regalo que recibí de mis padres ha sido el evangelio, no tengo reproches por esto a ellos.

Pero, wow, no puedo dejar de señalar lo inaudito que fue todo eso hace algunos años para todos nosotros. Veo los episodios de pokémon, y siendo un contenido tan manifiestamente infantil, solo veo que te enseñan valores de respeto, amistad, compañerismo, familia, cuidado de los animales, del medioambiente, lealtad y empatía, entre otros, nada satánico, nada que robe, mate o destruya. No veo nada sinceramente satánico en la serie, pero hace unos 19 años, era uno de los más grandes peligros de nuestra era para el pueblo cristiano, lo era de una forma muy muy seria para muchísimos de nosotros.

Todo ese pánico, superstición, credulidad, todas esas fake news, nos generó una molestia pequeña a los niños canutos de los 90. Pero hoy ese potencial para creer en una especie de omnisciencia del poder diabólico para influir en cada cosa nueva del mundo como conspiración contra “el pueblo de Dios”, todo ese maniqueísmo, todo ese pánico ante lo desconocido, toda ese estado de vigilia ante la exposición a una permanente mala intención que se puede infiltrar engañosamente en cualquier cosa que nos cueste comprender, no opera solo para privar a niños de ver una entretenida y simple serie animada, o para satanizar la televisión como pasaba en los 80 con el pánico canuto y la predicación contra “la caja del diablo”, que se vivió antes.

Hoy ese estado de pánico y de guerra ha sido trasladado a la política, y con la magia de redes sociales, está en cadenas de WhatsApp, en virales de Facebook, en cadenas de correos, y está ganando elecciones y decidiendo el futuro de países, está jugando a favor de poderosos intereses económicos, exponiéndonos a depredadores ambientales que no creen en el cuidado del medioambiente, y está privando de dignidad, derechos y protección a tanta gente. Esa irracionalidad, hoy, no es una anécdota, es un problema latente, del que hay que hacerse cargo, y se trata del problema del “discernimiento del pánico ante lo nuevo”, ante lo diferente, donde el mal, el poder diabólico es prácticamente omnisciente, está en todo lo que no sea cristiano, parece en la práctica ser más poderoso que Dios o el bien, pues todo lo irradia, todo lo llena, por cualquier cosa se infiltra. Pero creo que aquel que ha sido perfeccionado en el amor, no tiene esos temores, y el que conoce la libertad de la gracia, sabe que Dios es más grande que el mal, el juicio o el poder diabólico, sabiendo que lo diabólico no es lo nuevo, ni lo fantasioso, ni siquiera lo que asusta como los fantasmas o los monstruos, sino aquello que roba, mata y destruye, como la guerra, el hambre, la misoginia, la injusticia, la exclusión, la discriminación, el homicidio, la venganza, la codicia, la acepción de personas, el amor al dinero, la pobreza.

Los nuevos “demonios de bolsillo”, el “nuevo satanismo obviamente camuflado”, nuestras nuevas supersticiones pueden tener efectos realmente diabólicos.

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