Apóstoles hoy

De mi entendimiento de las Escrituras, me parece claro como la luz del día que luego de los primeros apóstoles del Nuevo Testamento no hay más: para ser apóstol al estilo del Nuevo Testamento se requiere haber visto a Jesús resucitado y testificar sobre él. Además, cualquiera que fuera apóstol, si nos dejara un escrito, pues tendríamos que incorporarlo al canon bíblico, además que con posterioridad al fin de los primeros apóstoles, la iglesia no los siguió nombrando.

Así que no, no creo en apóstoles hoy al estilo del Nuevo Testamento.

Pero sí creo que hay gente a la que, evaluadas sus vidas y obras muchos después de descansar de ellas en el Señor, uno termina llamándolos apóstoles, NO en el sentido de los apóstoles del nuevo testamento, sino apóstoles de algún aspecto de la fe cristiana, aquellos que comprendieron la fe y la aplicaron a las necesidades y males de su época.

Ejemplos: creo sinceramente que Martin Luther King fue un apóstol de la no violencia, que la gran Harriet Tubman, William Wilbeforce y John Wesley fueron apóstoles del fin de la esclavitud, creo que Dorothy Lee Bolden Thompson fue una apóstol del derecho de las trabajadoras; creo que Bartolomé de las Casas fue un apóstol de la justicia; que el pastor presbiteriano Charles Harper o el pastor Luterano Helmut Frenz fueron apóstoles de la defensa de las imágenes de Dios; creo que Sojourner Truth fue una apóstol de los derechos civiles de negros y mujeres; que Casiodo de Reina fue un apóstol de la libertad de conciencia y de la tolerancia religiosa; que Albert Schweitzer fue un apóstol de la salud y la paz; que Catherine Booth fue una apóstol de la justicia para los pobres y del ministerio femenino; que Oraldo Rojas o Adela Gómez fueron apóstoles de la fe pentecostal en Chile, y así podría seguir largamente con muchos personajes más de la historia, que nos dejaron ejemplo de entrega, de amor, de justicia, de salvación con sus vidas y fuerzas.

Creo que fueron apóstoles quienes han tomado una espiritualidad cristiana y dieron respuesta a necesidades muy claras, urgentes, y trajeron con ello dignidad, respeto, paz y amor a la gente, que imitaron a Jesús en ser “como un albergue contra el turbión; como los arroyos en tierras áridas; como la sombra de un gran peñasco en tierra calurosa”. Creo en ese sentido que todos tenemos ese llamado apostólico a ser enviados por Dios a amar a todos, a servir, a morir con los brazos abiertos por todos.

Ahora bien, yo no quiero ser irrespetuoso, ni decirle a Dios lo que tiene que hacer, pero les voy a decir quienes me parecen que muy pero muuuy probablemente NO son apóstoles (estas no son leyes y no siempre se cumplen, pero para mí son indicios):

MUY PROBABLEMENTE NO SON APÓSTOLES DE NINGÚN TIPO: los que se hacen llamar así de la nada, autonombrándose tales.

MUY PROBABLEMENTE NO SON APÓSTOLES DE NINGÚN TIPO: los que llamándose así lo hacen porque no encuentran ya cómo elevarse en autoridad hasta donde parezcan inalcanzables, superiores, incuestionables, o lo hacen para hacer de su actividad algo que parece más extraordinario de lo normal.

MUY PROBABLEMENTE NO SON APÓSTOLES DE NINGÚN TIPO: los que haciéndose llamar así, se han hecho ricos, y viven en lujos a costa de los demás, de ese estatus que consiguieron con eso de llamarse apóstoles o tener autoridad. Al contrario, si murieran por las causas que persiguen, si viera que han sufrido por el evangelio de amor y paz, tal vez les creería más, si viera que lo han dejado todo por ello, que han renunciado a todo: riquezas, posiciones, estatus, popularidad, amistad con el poder económico y político, y lo han tenido por basura, y que no han adquirido nada con ello, quizá uno podría sentir y recibir testimonio que realmente lo son.

MUY PROBABLEMENTE NO SON APÓSTOLES DE NINGÚN TIPO: los que en vida son llamados así por otros religiosos, y no por aquellos que, estando fuera de la iglesia, los han reconocido como agentes de amor y misericordia. Pues normalmente el que se hace llamar pueblo de Dios no cree en sus enviados, pero los que no son pueblo tienen sus ojos y oídos más abiertos, mientras que el pueblo de Dios llega a comprender con quién trataba mucho pero mucho tiempo después.

Ahora bien, si usted entiende que “apóstol” no es en realidad una posición de autoridad, sino que una de servicio, y que significa simplemente “enviado”, o sea, enviados a anunciar la buena noticia, a amar a Dios y al prójimo, entonces, creo que todos somos apóstoles, y que ojalá todos podamos imitar tanto a los apóstoles del Nuevo Testamento como a los apóstoles de la historia de la Iglesia, de cierto don, de cierta justicia, que muchas veces te lleva en realidad a ser impopular entre los creyentes, a ser atacado por aquellos que creen servir a Dios y lo monopolizan en sí y para sí.

Por último, creo que hay algunos que denuncian los falsos ministerios apostólicos y se hacen llamar de las formas más humildes, pero en la práctica son peores que los que se hacen llamar apóstoles, pues se creen dueños de Cristo, que creen que su escuela teológica es la única verdadera, y creen que tienen súper facultades como determinar quién o qué es cristiano y quién o qué no lo es, esos que creen que pueden determinar quién es salvo y quién no, o creen “saber” qué iglesia es verdadera y cuál no solo en virtud de su desacuerdo o acuerdo con ellas. Pues una cosa es estar en desacuerdo con otro, y otra muy distinta -me parece a mí- es dar certificado de hermandad o no hermandad a los demás. Esos son los peores y abundan más de lo que se cree.

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