Opinión sobre lo ecuménico en el tedeum ecuménico del 18 de septiembre.

El tedeum católico, actividad de larga data en la historia chilena, pasó a ser ecuménico a partir de 1970 cuando el presidente Salvador Allende lo solicitó, con el fin de incluir a la diversidad religiosa dentro de dicha ceremonia oficial y no solamente a la Católica Romana.

El ecumenismo, movimiento de origen protestante que se basa en la unidad, diálogo y colaboración en la diferencia dentro del mundo cristiano en general con todas sus similitudes y oposiciones, y no por cierto en una conspiración para hacer que cada tradición cristiana renuncie a sus aspectos que le diferencian, encontró históricamente resistencia de parte del catolicismo romano, el cual por muchos años consideró que el único ecumenismo posible era el de “retorno”: que el resto de iglesias vuelvan a la única verdadera iglesia, la de Roma.

A partir del inesperado Concilio Vaticano II, la Iglesia Católica Romana se abre oficialmente a la humildad de reconocer como partícipe de la verdad a otras iglesias, e incluso a reconocer varios elementos que casi cinco siglos antes habían levantado los reformadores, tales como el que se traduzca el culto a la lengua vernácula y la importancia superior de las Escrituras en relación a la tradición y otros elementos importantes (se considera que dicho Concilio dio la razón a Lutero en muchas cosas).

Sin embargo dicho Concilio no ha tenido el impacto general esperado en la práctica, y los ánimos dominantes del catolicismo no parecen cesar del todo a pesar de lo relevante y bueno que establece el Concilio Vaticano II en orden a reconocer la unidad en la diferencia de las diversas líneas del cristianismo, y lo necesario que es su reconocimiento, diálogo y colaboración a pesar de las diferencias.

Simbólicamente, creo personalmente, el Tedeum ecuménico demuestra esta ambivalencia histórica del clero católico romano y que despierta la sospecha de muchos grupos evangélicos antiecuménicos con el catolicismo: el tedeum ecuménico se ha hecho siempre en la Catedral de Santiago, la homilía la tiene siempre el Cardenal Católico Romano, y al final, el resto de representantes religiosos solo tienen pequeñas intervenciones en el contexto del ritual católico. Creo que si lo del Concilio Vaticano II va a funcionar o al menos pretende ser sincero y no dañar otras iniciativas ecuménicas, se debe repensar su forma pues siguen mostrando los ánimos homogénicos de la jerarquía católica con el resto de las tradiciones cristianas.

Un ecumenismo en pie de igualdad en serio es el único ecumenismo posible, bueno y necesario y el que más ha servido. El movimiento ecuménico, que en general siempre se ha preocupado de no hegemonizar y comprender que nuestras diferencias no deben ser eliminadas sino preservadas pero sin ser razón para la no colaboración, necesita corregir –a mi juicio- este elemento.

EOC

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