Libro Mío, por Gabriela Mistral.

Continuando con nuestro especial por el #MesDeLaBiblia, en EOC les compartimos este precioso poema de la gran poeta chilena Gabriela Mistral, vanguardista educadora, feminista, diplomática, ganadora del Nobel de Literatura.

LIBRO MÍO

Libro en cualquier tiempo y en cualquier hora,
bueno y amigo para mi corazón,
fuerte, poderoso compañero.
Tú me has enseñado la inmensa belleza
y el sencillo candor, la verdad terrible
y sencilla en breves cantos.
Mis mejores amigos no han sido
gentes de mis tiempos;
han sido los que tú me diste:
David, Rut, Job, Raquel y María.
Con los míos éstos son mis gentes,
los que rondan en mi corazón
y en mis oraciones,
los que me ayudan a amar y a bien padecer.

Por David amé el canto,
merecedor de la amargura humana.
En Eclesiastés hallé mi viejo gemido
de la vanidad de la vida,
y tan mío ha llegado a ser vuestro acento
que ya ni sé cuándo digo mi queja
y cuándo repito solamente la de vuestros dolores.
Nunca me fatigaste,
como los poemas de los hombres.
Siempre eres fresco, recién conocido,
como la hierba de julio, y tu sinceridad
es la única en que no hallo peligro,
mancha disimulada de mentiras.
Tu desnudez asusta a los hipócritas
y tu pureza es odiosa a los libertinos.
Yo te amo todo,
desde el nardo de la parábola
hasta el adjetivo crudo de los Números.

GABRIELA MISTRAL

También en el poema “Mis libros” la menciona:

“Libros, callados libros de las estanterías,
vivos en su silencio, ardientes en su calma;
libros, los que consuelan, terciopelos del alma,
y que siendo tan tristes nos hacen la alegría!

Mis manos en el día de afanes se rindieron;
pero al llegar la noche los buscaron, amantes,
en el hueco del muro donde como semblantes
me miran confortándome aquellos que vivieron.

¡Biblia, mi noble Biblia, panorama estupendo,
en donde se quedaron mis ojos largamente,
tienes sobre los Salmos las lavas más ardientes
y en su río de fuego mi corazón enciendo!

Sustentaste a mis gentes con tu robusto vino
y los erguiste recios en medio de los hombres,
y a mí me yergue de ímpetu sólo el decir tu nombre;
porque de ti yo vengo, he quebrado al Destino.

Después de ti, tan sólo me traspasó los huesos
con su ancho alarido, el sumo Florentino.
A su voz todavía como un junco me inclino;
por su rojez de infierno, fantástica, atravieso…”.

EOC.

De acuerdo con la hermana Florrie Snow, historiadora de la Iglesia Metodista de Chile, Lucila Godoy Alcayaga era de familia Metodista por el lado materno, llegando su primo hermano, Pedro Alcayaga Torres a ser ordenado pastor. El primer poema llamado Libro Mío, fue publicado en la revista El Cristiano de junio y julio 1956.

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