Carta Abierta al Presidente del Consejo Latinoamericano de Iglesias.

Sr. Miguel Juan Sebastián Piñera Echeñique, Presidente de la República de Chile.

Porque el anhelo ardiente de la creación es el aguardar la manifestación de los hijos de Dios. Porque la creación fue sujetada a vanidad, no por su propia voluntad, sino por causa del que la sujetó en esperanza; porque también la creación misma será libertada de la esclavitud de corrupción, a la libertad gloriosa de los hijos de Dios.

Carta a los Romanos 8:19-21.

Como Consejo Latinoamericano de Iglesias-CLAI, espacio histórico de encuentro de las Iglesias protestantes y evangélicas presentes desde hace más de un siglo en todo este sufrido continente y en Chile, queremos levantar la voz junto a la de tantos hermanos y hermanas que en los territorios están alcanzando situaciones límites.

Asistimos al constante saqueo en América Latina y Caribe. Nuestros pueblos excluidos de derechos básicos, agobiados, endeudados e indignados se van levantando en intentos desesperados de detener este sistema que arrasa nuestro continente.

Lo vimos hace poco en Puerto Rico, en pasados días en Ecuador y ahora en Chile. Este avance neoliberal que fragmenta, polariza y transforma todo bien y toda vida en mercancía, nos arrastra a un ecocidio y somete a nuestros pueblos a una lucha por la supervivencia, que está lejos de la voluntad de vida plena que en Jesucristo conocimos. Repudiamos la violencia, seguros de que no es el camino; repudiamos toda la violencia comenzando por aquella que excluye de posibilidades de vida y dignidad a millones de personas.

Somos conscientes del largo y difícil camino que el pueblo chileno ha debido recorrer para reconstruir la convivencia democrática, dejando atrás 17 años de dictadura, hemos visto con mucha tristeza y consternación la rapidez con que la situación interna de Chile se ha tornado extremadamente violenta e ingobernable.

Lo ocurrido en Santiago los últimos días es una dramática evidencia de que la convivencia democrática no es sustentable cuando la población experimenta a diario escandalosas desigualdades; y del riesgo que corren las autoridades cuando, ignorando la extensión y profundidad del descontento social, lo interpretan únicamente como un problema de seguridad y orden público.

El tardío anuncio de la suspensión del alza de la tarifa del Metro no fue suficiente para detener los hechos de violencia en Santiago, ni para evitar que se expandan a otras ciudades. Hoy se hacen imprescindibles gestos mucho más claros y convincentes de voluntad política de escuchar y atender el clamor de quienes se han cansado de sentirse ignorados.

Hacemos un sentido llamado a su gobierno, a los demás sectores políticos, y a las organizaciones de la sociedad civil, a sumar esfuerzos para detener este ciclo de violencia que a nadie beneficia, y que además representa un irracional despilfarro de recursos en un país gravemente afectado por el cambio climático.

Junto a nuestras iglesias hermanas en Chile, oramos para que el Dios de la vida les muestre el camino de salida en esta difícil encrucijada. Comprometemos nuestra participación como observadores internacionales con atenta escucha de nuestra hermandad en el territorio, y ofrecemos todo aporte que podamos hacer a la mediación para la resolución de los conflictos agudos en busca de caminos de paz y justicia.

Mientras tanto continuamos comprometidos “Por la vida y la Dignidad” en el Espíritu de Jesús,

Rvdo. Jorge Daniel Zijlstra Arduin, Presidente en funciones

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