Carta de la Alianza de Iglesias Presbiterianas y Reformadas de América Latina a la Iglesia Presbiteriana de Chile y la Iglesia Evangélica Presbiteriana

La Alianza de Iglesias Presbiterianas y Reformadas de America Latina envía carta a la Iglesia Presbiteriana de Chile y a la Iglesia Evangélica Presbiteriana.

A las: Iglesia Presbiteriana de Chile Iglesia Evangélica Presbiteriana de Chile

PRESENTE

Gracia y paz en nombre de nuestro Señor Jesucristo. Queridas hermanas y hermanos de las Iglesia Presbiteriana de Chile y de la Iglesia Evangélica Presbiteriana de Chile reciban un abrazo apretado y solidario de sus iglesias hermanas de la familia reformada de AIPRAL.

Una mezcla de sentimientos de dolor, confusión, angustia y al mismo tiempo de esperanza nos alberga a la distancia y sabemos que estos y otros sentimientos estarán rodeándoles y afectándoles. Por eso queremos hacerles llegar nuestra compañía, solidaridad y disposición a estar cerca de ustedes.

Vemos un panorama complejo. Viejas y nuevas postergaciones, la brecha entre ricos y pobres que se agiganta, un acceso restringido a la salud, a la educación, el desacople entre la clase dirigente y las necesidades de las grandes mayorías, la insensibilidad e indiferencia al sufrimiento del otro/a etc. van minando el alma de nuestras sociedades. Algo que la confesión de Accra de nuestra familia reformada mundial nos viene advirtiendo y desafiando desde hace ya 15 años.

Las instituciones democráticas no parecen escuchar estos reclamos y entonces las demandas no encuentran formas institucionales de hacerse oír. Por eso no debe extrañar que se manifieste a borbollones, desordenada, pacífica y violenta.

¿Es en esto último donde debemos poner la mirada? Ciertamente nos duele la violencia sin sentido y no debemos ignorarla, pero tampoco podemos dejar que eso nos impida ver las manifestaciones pacíficas de la inmensa mayoría y sobre todo las raíces profundas del conflicto que hoy se manifiesta.

Estamos llamados y llamadas a caminar junto a nuestros pueblos sufrientes, a escuchar activamente sus dolores, a compartir la buena nueva de Jesucristo que trae paz y justicia abrazadas, a construir nuevas sociedades menos injustas y más solidarias.

Gracias a Dios, no transitamos este camino en soledad, su Hijo Jesucristo va delante. Se encarnó en medio nuestro: “El Espíritu del Señor está sobre mí, por cuanto me ha ungido para dar buenas nuevas a los pobres; me ha enviado a sanar a los quebrantados de corazón; a pregonar libertad a los cautivos, y vista a los ciegos; a poner en libertad a los oprimidos; a predicar el año agradable del Señor.” (Lucas 4:18-19).

Oramos a Dios por ustedes, oramos por el pueblo de Chile, oramos para que cesen la violencia y la represión, oramos por sus gobernantes y dirigencia política para que puedan escuchar y responder con humildad y sabiduría a las necesidades urgentes de su pueblo buscando siempre el camino del diálogo que conduzca a una paz justa y duradera a los conflictos actuales.

“… el efecto de la justicia será paz;” (Isaías 32:17)

“…el fruto de justicia se siembra en paz…” (Santiago 3:18)

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