PASTOR, ¡VAYA A ORAR MEJOR! por el pastor José Peña.

“Qué hace protestando, pastor, váyase a su iglesia a orar.” Esta frase refleja las numerosas veces que en estos días algunos hermanos y pastores han intentado corregirme, llamándome la atención a volver al quicio “evangélico”. Me corrigen como si yo no supiera que hay que orar; como si yo no orara. Ojalá y exista un registro celestial que dé testimonio de quién ora en verdad.

Pero ¿qué significa orar en estos tiempos? Cuando los profetas oran a Dios y dicen: “Señor, aviva tu obra en medio de los tiempos” (Habacuc 3,2), están orando para que Dios intervenga en un clima de maldad y abuso político, para que finalmente se haga justicia al pueblo que sufre. Es el mismo sentido de acción que manifiesta María cuando canta diciendo: “El Señor quitó de los tronos a los poderosos, y exaltó a los humildes” (Lucas 1,46ss). Todas las oraciones de la Biblia fueron acciones. Cuando Juan el bautista inició su predicación, llamó al arrepentimiento al pueblo y se dirigió personalmente al rey a quien acusó de inmoralidad (Marcos 6). Cuando Jesús es intimidado de parte de Herodes, el mismo Señor no calla sino le manda a decir “zorra” por ser un monarca abusivo (Lucas 13,32). Y así, podríamos a citar a todos los profetas, levantando su voz en oración y en predicación, para acusar los males religiosos, sociales y políticos de su tiempo. Si en esas épocas hubiesen habido evangélicos, como los de ahora, de seguro habrían mandado a orar a los profretas y aun al mismo Señor. ¡Jesús, no te metas con las autoridades del templo! ¡Jesús, qué te tienes que meter en el tema de los impuestos! ¡Jesús, no seas sin respeto con Herodes! ¡Jesús, no era necesario ser violento con el comercio alrededor del templo! ¡Jesús, cómo se te ocurre entrar con tanto escándalo a Jerusalén, rodeado de consignas políticas, casi haciéndote rey! ¡Jesús, no desautorices delante de la gente a Pilato, diciéndole que no tiene ninguna potestad sobre ti! ¡Jesús, mejor ándate a tu casa a orar! Algo parecido habría ocurrido en el éxodo si Moisés hubiese sido evangélico como ustedes, porque éste habría mandado a callar al mismo Señor que le dice: “Moisés, claramente he visto cómo sufre mi pueblo que está en Egipto. Los he oído quejarse por culpa de sus capataces, y sé muy bien lo que sufren. Por eso he bajado, para salvarlos del poder de los egipcios” (Exodo 3:7-8 DHH). ¡Cállate Señor –diría Moisés– no te metas con el faraón, porque a nosotros los hombres y mujeres de Dios no nos corresponde manifestarnos; mejor quedémonos orando no más, “para que se haga tu voluntad”! No hermanos, la oración no es callar sino actuar y denunciar toda injusticia que se oponga al reino de Dios. Si hay alguna mentira, alguna injusticia, queja, maldad, atropello, abuso, no podemos solo orar sino actuar, manifestando la voz de Dios en la sociedad, y a eso se le debe llamar verdaderamente “evangelio”. Cuando los cristianos primitivos que ante la exigencia coercitiva del Estado de negar a Jesús y en su lugar reconocer como “señor” al emperador, se negaron levantando la voz y manifestando públicamente que su Señor era Jesús y no el César, no hicieron otra cosa que protestar ante una injusticia política. Les costó la vida, claro, pero conservaron su dignidad al no quedarse callados. Por eso pasaron a la historia.

Es curioso que quienes llaman a callar y solo a orar en este tiempo tan agudo, con gusto habrían ido a protestar contra trivialidades menores como en el caso de Tunick o los rockeros “satánicos” que comenzaron a venir a comienzos de los 90s. Y qué decir de la vez que todos los pastores se unieron para rechazar la circular de impuestos internos en 2012 que buscaba revisar sus cuentas; entonces se alinearon, asustados, para que no les revisaran sus libros. ¿O qué podemos decir de la marcha por Jesús de 2018 que solo fue una protesta? O qué decir de las protestas a favor de la vida o la familia. En fin, hay muchos casos en los que la iglesia ha salido a levantar su voz, y justo ahora, que en verdad hay que ser generosos y evangélicos –no ideológicos– ¿no queremos ni podemos decir nada, sino solo “orar”?

En verdad estoy con los hermanos e iglesias que oran. Yo mismo he hecho el llamado a mis hermanos en la comunidad que pastoreo. Pero esa oración debe ser responsable y concreta. No es suficiente con decir: “Señor, que se haga tu voluntad”, “Señor, ten misericordia de nosotros”, cuando sabemos que en Chile hay inequidad y serios problemas estructurales que acrecientan la injusticia. Que nuestra oración sea entonces: ¡Señor, haz justicia a los trabajadores! ¡Señor, cambia las estructuras políticas abusivas y ayúdanos a eliminar la corrupción! ¡Señor, danos gobernantes íntegros que gobiernen para el pùeblo y no para las clases poderosas! ¡Señor, quita la violencia de todos los sectores de la sociedad, especialmente en nosotros mismos! Para mí esto es ser en verdad evangélico. Pero si insisten en que solo debemos estar encerrados en oración, entonces yo no seré evangélico.

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