ENTRE GRITOS Y SILENCIO: BREVE ANÁLISIS DE LA ACTUALIDAD DE LOS EVANGÉLICOS EN CHILE por Albert Soto Vilches.

 

Frente a la actual crisis que se vive en Chile, diversas han sido las voces que se han levantado desde distintas esferas, tanto a nivel nacional como internacional, para criticar las medidas autoritarias aplicadas por el Gobierno y para demostrar su solidaridad con el pueblo chileno. Pese a ello, la institucionalidad eclesial chilena en sus distintas denominaciones ha sido fuertemente criticada por guardar silencio y remitir solo a llamados de oración frente a la actual crisis que afecta al país. En este sentido, realizar una serie de comparaciones analíticas del momento actual que se vive en el país con respecto al período dictatorial (1973-1989) puede proporcionarnos algunas claves para entender el actual silencio de la mayoría de las Iglesias a en Chile frente a este estallido y crisis social.

Cuando nos adentramos en nuestra historia reciente es posible evidenciar que la Iglesia en Chile en la mayoría de las ocasiones ha sido funcional al poder político gobernante. Sin embargo, también han existido una serie de Iglesias y personajes, algunos reconocidos y otros anónimos, vinculados a una multiplicidad de denominaciones evangélicas, quienes a lo largo del período dictatorial chileno, sin pastorales, sin ceremonias ni rituales, sin preguntas, sin condiciones y sin discursos partidarios, supieron reconocer y encontrar en la solidaridad con todos los perseguidos y oprimidos de la dictadura, el sentido real de su doctrina (Bastías, 2013).

Esta situación quedó de manifiesto con la creación de una serie de organizaciones de la sociedad civil que inmediatamente una vez acontecido el Golpe de Estado comenzaron a trabajar con un horizonte en común, a saber, la defensa de los derechos humanos y la asistencia integral a quienes eran perseguidos y oprimidos por los aparatos policiales del Estado. Entre estas instituciones es posible mencionar la destacada labor de la Comisión Nacional de Ayuda a los Refugiados (CONAR), el Comité de Cooperación para la Paz en Chile (COPACHI), la Fundación de Ayuda Social de las Iglesias Cristianas (FASIC) y la Vicaría de la Solidaridad (Ossa, 1999; Frenz, 2006). Sin embargo, esta situación supuso que quienes formaban parte de estas agrupaciones fueran acusados de comunistas y, por ende, “enemigos del orden social” que el régimen pinochetista buscaba (re)establecer (Frenz, 2006).

En el punto diametralmente opuesto, estaban aquellos que entendieron el Golpe de Estado de 1973 como un “pronunciamiento militar” (Lagos, 1989), en el que justificaron su apoyo irrestricto al régimen dictatorial de Pinochet amparados en la interpretación del pasaje de Romanos 13:1-2, que menciona:

Sométase toda persona a las autoridades superiores; porque no hay autoridad, sino de parte de Dios, y las que hay, por Dios han sido establecidas. De modo que quien se opone a la autoridad, a lo establecido por Dios resiste; y los que resisten, acarrean condenación para sí mismos” (Romanos 13:1-2).

Sin embargo, es necesario destacar que durante el Tedeum Evangélico del año 1978, el pastor Julio Latonyi, uno de los líderes de la Iglesia Luterana de Chile, al momento de hablar sobre la autoridad, manifestó una matización en los tonos de adhesión que habían caracterizado al lenguaje político de los evangélicos los primeros años del Tedeum, insinuando de esta manera, la posibilidad de que la autoridad de Pinochet fuese relativa, temporal y perecedera:

Los que somos tan justos, según nuestra propia opinión y sin embargo tan ciegos, necesitamos tener, a lo menos una vez en la vida, un encuentro con la autoridad de Dios, para que seamos quebrantados hasta el sometimiento y comenzaremos así a aprender la obediencia a su autoridad. Sólo la autoridad divina es absoluta. Toda autoridad humana procede de Dios y por lo tanto es relativa (La Tercera, 1978, 18 de septiembre).

Haciendo un salto al presente, actualmente, la redes sociales han sido el medio de comunicación por el cual quienes se movilizan han decidido informase dada la línea editorial que los canales de televisión tradicionales han asumido para cubrir esta situación. Es así como, uno de los contenidos más frecuentes ha sido la fuerte crítica a la indolencia y la carencia de una postura crítica que ha supuesto el silencio y la inacción de gran parte de la institucionalidad eclesial en Chile. Sin embargo, con esto no quiero menospreciar la labor que algunas iglesias evangélicas han tenido en su pronunciamiento público desde una perspectiva crítica respecto a esta situación.

Pese a ello, el acento lo quiero poner en aquellos miles de jóvenes y adultos de diversas denominaciones evangélicas, algunos anónimos y otros no tanto, que han decidido tomar una postura crítica con respecto a la actual situación que vive el país y han decidido sumarse a las manifestaciones desde diversas interpretaciones bíblicas que los han llevado no solo a orar, sino que también, a tomar parte en las diversas movilizaciones y manifestaciones que han acontecido en estos días.

Cabe mencionar que quienes han tomado esta decisión no han seguido el camino fácil, sino que se han visto proponemos a la crítica peyorativa de sus pares y de sus hermanos y hermanas en la fe, siendo acusados de estar errados en su actuar al movilizarse e incluso en algunos casos siendo acusados de ser comunistas tal como fue el caso de aquellos quienes trabajaron por la defensa y promoción de los derechos humanos durante la dictadura cívico-militar en Chile, todo esto amparado en la mayoría de los casos en la limitada interpretación de Romanos 13:1-2 con base en el argumento de la exigencia y necesidad de un apoyo irrestricto e irreflexivo a las autoridades políticas del país.

La relevancia de esto, a mi parecer, radica en el concepto que se suele tener acerca de qué es y cómo se conforma la Iglesia, muchos suelen mencionar que la Iglesia la conforman quienes son parte de las distintas agrupaciones y comunidades y no precisamente la institucionalidad. En consecuencia, siguiendo esta última idea, quiero afirmar categóricamente que la Iglesia chilena no se encuentra en silencio, sino que está alzando la voz como nunca, a través, de todos quienes valientemente se han sumado mediante diversas formas de acción a esta lucha por una mayor dignidad para la vida de todos quienes habitan en Chile.

Bibliografía consultada:
Bastías, M 2013. Sociedad civil en dictadura. Relaciones transnacionales, organizaciones y socialización política en Chile. Santiago: Ediciones Universidad Alberto Hurtado.
Frenz, H. 2006. Mi vida chilena”. LOM. Santiago.
Lagos, H. 1989. Crisis de la esperanza: religión y autoritarismo en Chile. Santiago: Editorial no especificada.
Ossa, M. 1999. Iglesias evangélicas y derechos humanos en tiempos de dictadura: la Confraternidad Cristiana de Iglesias 1981-1989. Fundación Konrad Adenauer: Centro Ecuménico Diego de Medellín. Santiago.

En la foto, una hermana que sale a la calle en Valdivia.

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