¿Ser pacificador es ahora limpiar los escombros?

Hay gente desaparecida, denuncias de tortura, personas que perdieron sus ojos por balines de carabineros, detenciones ilegales, vídeos de violencia policial y de brutal represión militar, y ¿ser pacificador en serio es limpiar escombros? ¿esa es nuestra prioridad y nuestro compromiso con la ciudad y el prójimo? ¿las propiedades dañadas?

¿Qué significa realmente limpiar escombros mientras no se hace nada por aquello que hizo que se levantaran las barricadas? ¿limpiar el rastro de la violencia o ir a las causas de la violencia es trabajar para la paz? Si hay un muerto y yo limpio donde cae su sangre ¿estoy haciendo algo por la paz? ¿estoy haciendo algo contra la violencia?

Me parece que, en realidad, limpiar escombros es más un gesto con el orden institucional, orden que hasta ahora, la mayor parte del tiempo, no le importa la violencia de su propia injusticia mientras tenga orden y dé señal de normalidad, mientras todo lo que está funcione.

¿Qué es eso de orar por los carabineros sin decirle que el abuso de poder, la desproporcionalidad, la tortura, la brutalidad policial y los ataques que hemos visto a gente que se manifiesta pacíficamente está mal? bendecir su labor sin delimitarla es bendecir la violencia que hemos visto estos días. Oremos por los carabineros, oremos para que no les hagan daño mientras cumplen su labor, pero si se va a orar sin pedir que ellos no abusen, como hemos visto, ¿es eso realmente cristiano?

Me resuenen las palabras de MLK nuevamente esta semana:

“Demasiado a menudo, la Iglesia contemporánea tiene una voz débil e intrascendente, de sonido incierto. Demasiado a menudo, se manifiesta como acérrima defensora del statu quo. En vez de sentirse perturbada por la presencia de la Iglesia, la estructura de poder de una típica comunidad se beneficia del espaldarazo tácito – y a veces explícito – de la Iglesia a la situación imperante. Pero el juicio de Dios se cierne hoy sobre la Iglesia más que nunca. Si la iglesia de hoy no recupera el espíritu de sacrificio de la Iglesia primitiva, perderá su autenticidad, hará que se desvanezca la lealtad de millones de personas y terminará siendo considerada un club social irrelevante, carente de sentido en el siglo XX. Todos los días me encuentro con jóvenes cuyo desencanto por la actitud de la Iglesia se ha convertido en auténtica indignación.

Quizá he sido, una vez más, demasiado optimista. ¿Acaso está la religión institucional demasiado ligada al statu quo como para poder salvar a nuestra nación y al mundo? Tal vez tenga que orientar mi fe hacia la Iglesia espiritual interior, esa Iglesia dentro de la Iglesia, y ver en ella la verdadera ekklesia y la esperanza para todo el orbe. Pero agradezco nuevamente a Dios que algunas almas nobles de la jerarquía eclesiástica hayan roto las paralizantes cadenas del conformismo y se hayan unido a nosotros como colaboradores activos de la lucha por la libertad. Han abandonado sus tranquilas congregaciones y han marchado con nosotros por las calles de Albany (Georgia). Han recorrido las autopistas del Sur en tortuosas caravanas por la libertad. Sí, incluso han ido a la cárcel con nosotros. Algunos han sido despedidos de sus congregaciones y han perdido el apoyo de sus obispos y de sus colegas eclesiásticos. Pero han actuado movidos por el convencimiento de que la justicia derrotada es más poderosa que la maldad triunfante. Su testimonio ha sido la sal del espíritu que ha conseguido preservar el verdadero significado del Evangelio en estos tiempos de turbación. Han logrado excavar un túnel de esperanza a través de la negra montaña de la decepción.”.

Es verdad que no hay nada intrinsecamente malo en limpiar, siempre es bueno limpiar, pero que me perdonen, no me parece una contribución a la paz en serio dejar limpio, no al menos a la paz que se basa en la justicia, es una contribución al orden, y el orden a menudo se confunde con la paz, pero está lejos de ser igual.

Espero que podamos ser pacificadores, no meramente gente limpia. Espero que ese gesto y compromiso con el orden esté acompañado de trabajo por acabar realmente con las causas de ese desorden. Desconozco si es así o no, pero espero que estén ambas cosas.

La iniciativa de limpiar es bella, abre la Iglesia a la sociedad, es un gesto de amor con los vecinos, pero creo que para ser pacificadores el desafío es tan grande que debemos ir más allá de eso y abrir nuestra boca para denunciar la injusticia.
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Aclaración post-publicación: averiguamos, y quien aparecía como líder de los “pacificadores” en la televisión, es un evangélico que tiene una organización evangélica que apoya al gobierno, por tanto es presumible que fueron a dar su apoyo a sus empleadores en la rentable alianza que han hecho con el poder político y económico. No sé si todos los que fueron a eso lo sabían, pues hicieron una convocatoria sin identificarse bajo el alero de esa organización política. Me llegaron comentarios de quienes lo descubrieron y decidieron no participar limpiando de forma individual, a ellos gracias.

La imagen puede contener: cielo y exterior

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