Violencia vandálica, violencia policial y militar.

Hay comentaristas, seguidores, hermanos y hermanas que me han consultado por qué damos tanto énfasis a la violencia policial y militar, y “no tanto a la vandálica”.

Quiero responder que nosotros siempre condenamos la violencia, como se ha escuchado por ahí y en casi todas las declaraciones de hermanos y hermanas, la condenamos “venga de donde venga”. Nunca estamos aprobando ningún tipo de violencia, no creemos en ella, y no la practicamos pues nos parece que eso sigue de todos los valores cristianos.

Ahora bien, ¿por qué el mayor énfasis en la violencia policial y militar, es decir, estatal?

El Estado es una organización humana que cumple diversas funciones: algunas de ellas son impartir la justicia, y ejercer en forma exclusiva, autorizada y justificada la violencia a través de sus agentes de orden. Como saben, el Estado tiene el monopolio de la violencia legal, por lo tanto, no es cualquier violencia la que puede ejercer, sino una violencia legítima, con poderosas limitaciones éticas.

Ese importantísimo rol implica que tiene para sí un enorme poder, un poder gigantesco, muchísimo más grande que el de los particulares, y como dice Spiderman, “un gran poder conlleva una gran responsabilidad” porque si se usa mal, puede hacer un daño incalculable y muy difícil de reparar o detener.

Verán: un policía, un agente de orden, tiene la facultad legal de llevarte detenido, esto es, tomarte contra tu voluntad y encerrarte en un lugar donde nadie te ve y te quedas solo con él. Nadie más tiene esa facultad: si yo que soy particular hago esto, estoy secuestrándote, y cometo un delito grave. Todo bien con la facultad de detener a quien comete un delito, pero si esa detención se hace de forma arbitraria, ilegal, o abusiva, es decir, a una persona que no ha cometido ningún delito más que manifestarse pacíficamente o se hace la detención con violencia innecesaria, con tortura, golpes, tocaciones, abuso sexual, amenazas, etc., lo que tiene apariencia de ser “legítimo y correcto” se transforma en un enorme abuso del Estado amparado aparentemente por la ley, pero que en la práctica se vuelve una detención ilegal. El delito lo pasan a cometer aquellos que deben detener la delincuencia, y esa paradoja pone en jaque todo.

Dicho delito luego se hace muy difícil de investigar, pues es el Estado mismo el que debe hacerlo. Si un policia abusa de alguien en la comisaría o en el retén, el fiscal que investigará tendrá muchas dificultades para hacerlo pues se estará investigando a personas que tienen la versión institucionalizada de los hechos. ¿Resultado?: la mayor parte del tiempo hay impunidad, no se obtienen ni los datos de los funcionarios en servicio, es más, su versión será que el detenido “se pegó solo, se cayó, se autoagredió, se suicidó, etc.” Si Juan es un manifestante pacífico, y un policía viene y lo detiene en forma arbitraria, Juan se resiste, se produce un forcejeo, se producen golpes, Juan tiene todo que perder. No tiene ni el entrenamiento, ni el equipamiento, ni mucho menos las armas, y por tanto habiendo sido detenido puede ser acusado de delitos que no cometió, ser maltratado durante su detención, e incluso -como hemos visto en estos días- puede ser torturado o asesinado.

Por lo anterior es que la violencia que puede ejercer el Estado requiere ser controlada, observada y auditada en todo tiempo, porque está pensada sólo para que se ejerza de forma proporcional, legítima, justa y limitada, y por tanto la violencia del Estado así no puede ser equiparada a la de los particulares. Un policía debe ser más que un simple “matón”: tiene un llamado a actuar de forma razonable y justa. Por eso es gravísimo y urgente cuando se observa que hay brutalidad y desproporcionalidad policial, y todavía más si es militar pues los militares no son personas entrenadas como policías -no saben de derecho procesal penal-, sino que son personas entrenadas para mantener el orden y seguridad pública en tiempos de guerra, incluso para matar. Por tanto, no es llegar y lanzarlas contra los ciudadanos, mucho menos en un contexto político crítico donde el derecho a la protesta social debe garantizarse también por el Estado.

Nadie debe engañarse: quien crea en el Estado de Derecho como concepto no cree en la paz a ultranza, no es un jipi, pues el Estado de Derecho sí ejerce violencia, pero exige que se haga cuando es estrictamente necesaria, estrictamente proporcional, basada en un juicio, en un debido proceso, en un derecho a defenderte, en un proceso racional y justo. Solo así se ejerce la violencia estatal en forma legítima.

¿Eso implica impunidad para los particulares? ¡Por supuesto que no! De hecho quien saquea comete un delito (robo en lugar no habitado con la agravante de hacerlo en calamidad pública). Ese delito merece una condena ejemplar, y para ello se precisa detenerlo, formalizarlo y juzgarlo en un juicio. Pero su condena no es el asesinato a sangre fría, no merece que le disparen ni a matar ni a dañar. El compromiso con el derecho a la vida para nosotros siempre será mayor que el derecho a propiedad u orden que está en juego aquí. Un policía solo puede matar a un ciudadano en defensa de su propia vida o de la vida de los demás, no en defensa de un televisor robado. Eso es intransable. Lo mismo pasa entre la violencia que puede ejercer un vándalo armado con una piedra, contra la violencia que puede ejercer un miltar armado con un fusil y todo su equipamiento para resistir ataques de armas de guerra. Me parece que en principio está mal tirar piedras en una manifestación, no lo haría ni lo he hecho, pero no lo puedo hacer empatar con disparar, torturar, desaparecer o matar: si esa persona comete un delito (tirar piedras no es per se un delito), debe ser apercibida o detenida y eventuamente juzgada por su delito probado, no merece menos pero tampoco más.

Hay carabineros heridos y están protegidos por delitos comunes y especiales, desde las lesiones comunes hasta el maltrato de obra de carabineros. Ellos de hecho pueden detener a sus agresores y cuentan con el derecho a portar armas, pueden protegerse así y de hecho lo hacen. Sin embargo los ciudadanos no cuentan con el derecho a portar armas en el Estado de Derecho (y eso creo que es bueno) ni pueden detener al policía que abusa de su poder. Entonces, en una situación de enfrentamiento no están en la misma posición, pues la ley faculta al agente del Estado, lo protege, lo entrena, le da las herramientas, pero para tener toda esa ventaja debe tener una ética, y si no la tiene y hace lo mismo que un delincuente, entonces todo se pone al revés y todo se vicia de manera extraordinaria. Es por esto, amigos y amigas, que los Derechos Humanos son para todas las personas que ven vulneradas sus garantías más básicas a manos del Estado, porque es este último quien ejerce la violencia de manera estructural y unidireccional, no la gente.

Eso es lo que estamos cautelando al poner mayor énfasis en ello, pues es terrible un carabinero lesionado por una piedra pero es aún más terrible cuando es el Estado derrama la sangre de su gente, nos golpea por la espalda o nos arrebata ilegalmente nuestra libertad.

Peor aún si se observa, como ya ha pasado tantas veces, que organismos de inteligencia estatal, de forma deliberada generan el caos social o lo permiten, para así justificar la represión contra los ciudadanos que se manifiestan de forma pacífica. Jugada de inteligencia que transforma a los Estados en Estados terroristas.

Cuando detuvieron a Jesús (a un Jesús inocente a quien le pegaron y torturaron) apareció un gran fariseo llamado Nicodemo y dijo ¿juzga vuestra ley a un hombre si primero no le oye?. Nicodemo sabía que la brutalidad de la violencia de la autoridad no corresponde a la justicia. No dijo “algo habrá hecho para que lo traten así”, no dijo “no cuestiono esta brutalidad”. Juzgar con justicia antes de sancionar son, de hecho, valores cristianos que aparecen en Deut 13:14; 16:18; 19:28, hacer injusticia con forma de ley es gravísimo ante nuestro Dios (Salmo 94:20-23), y la iglesia debe imitar al Señor que no está de acuerdo con esto (Salmo 103:6; 140:12, Proverbios 16:12).

Debemos ayudar a las personas que han perdido sus ojos y han sufrido mutilaciones por agresiones, personas que han denunciado violaciones por policías, hay personas que han muerto por una decisión de quienes nos gobiernan de reprimir ilegal y brutalmente a sus propios ciudadanos, hay denuncias de desapariciones, hay dolor y sangre en nuestro pueblo. ¿Vamos a callar y pedirle paz al Señor, sin ejercer acciones de justicia?

Dijo Juan el Bautista a los soldados romanos en (Lucas 3:14): Y le preguntaron también los soldados, diciendo: y nosotros ¿Qué haremos? Y les dijo: No oprimáis, ni acuseis falsamente a nadie; y conformaos con vuestros salarios. pd: el “conforamos con vuestros salarios es decirles que no pidan soborno ni los acepten” 

La imagen puede contener: una o varias personas, personas sentadas y moto

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