La legalidad del pecado o el derecho al pecado. Una introducción “en simple” al Derecho.

Defensa de EOC a sus acusadores de ser un “falso cristiano”.

Los que somos cristianos, que creemos en Cristo, creemos que hemos sido libertados del pecado, por ende él ya no se enseñorea de nosotros, somos libres en Cristo, y por lo mismo tenemos un llamado a vivir y andar como Jesús anduvo, esto es guardando sus mandamientos, y su mandamiento es amar a Dios y al prójimo, ese es el resumen.

De esta forma, el pecado es algo que evitamos haciendo buenas obras y con lo que luchamos negándonos día a día, no para obtener el favor de Dios, sino por cuanto tenemos su favor y amor libre y gratis por medio de Cristo. Esto lo aprende todo cristiano en la Iglesia y en la lectura y estudio de la Biblia y la teología protestante en general.

Así, pecar no nos gusta, no lo queremos, no es nuestra identidad (aunque no debemos ser hipócritas y aparentar que no lo hacemos).

Un buen canuto sabe que ese llamado no es algo que debe tomarse a la ligera, que es algo a lo que aspiramos cada día, en cada momento, en cada relación.

En ese contexto, un cristiano intuitivo, al hablar de derecho y leyes, piensa naturalmente que en cuanto al derecho que se discute en su país, lo que es considerado pecado debería ser excluido de la legalidad. Sin embargo, esa posición que parece tan obvia entraña un gran problema: no comprende la diferencia entre el llamamiento cristiano a la santidad y el Derecho, no distingue su diverso enfoque.

Los mandamientos de Dios se parecen mucho a los mandamientos del Derecho, ambos son órdenes, ambos son patrones de conducta que se imponen externamente, ambos son normas, pero no son lo mismo, son experiencias normativas muy distintas.

El derecho ordena la conducta externa del ser humano, pero no la ordena igual que los mandamientos de Jesús al cristiano, el derecho tiene un propósito más modesto que el mandamiento de Cristo, el derecho es un ordenamiento que permite la CONVIVENCIA de las personas bajo pisos de dignidad.

Imaginen por un momento que los evangélicos dijéramos “La Biblia debería ser la Constitución y ley”, luego imaginen a los católicos diciendo “El papa y la tradición debería ser la Constitución y ley”, luego imaginen a los Judíos diciendo “la Torá y el Talmud debería ser la Constitución y ley” ¿qué pasaría entonces? Se produce un verdadero conflicto, pues incluso cuando todos apelen a la verdad divina que ellos afirman con convicción, éstas normas pueden ser muy incompatibles entre sí, incluso cada una de estas creencias tiene personas y grupos con matices y conflictos internos en cuanto a su entendimiento de ellas.

El derecho así, viene desde hace varios siglos siendo pensado como una forma en que todos puedan convivir y desarrollarse con dignidad y bien común, aunque tengan convicciones tan diferentes (esto es propio del derecho moderno a partir de la Reforma Protestante y también propio del Derecho Romano). El derecho no busca que las relaciones humanas se basen “en la verdad”, no porque el derecho sea relativista, posmoderno, o algo por el estilo, sino porque se le ha concebido como vehículo para que todos aquellos que alegamos estar en una verdad, puedan vivir en paz y dignidad. La verdad del derecho así es una muy pequeña y modesta: los seres humanos deben convivir en paz, deben procurar no hacerse daño, vivir bajo ciertas condiciones mínimas de justicia y vida digna.

Así, y por eso, desde una mentalidad cristiana evangélica, existen muchos pecados que son derechos en nuestra ley. El primer ejemplo y más sencillo es que el mandamiento principal y radical del cristianismo es amar a Dios y a tu prójimo, pues bien, el derecho no te obliga ni te sanciona a amar ni a Dios ni a tu prójimo. Una persona puede perfectamente no amar a Dios y no amar a su prójimo y vivir como un ciudadano modelo que nunca tuvo problemas con la ley ¿por qué? Porque el derecho jamás te obligará a amar, te obliga a respetar, a no dañar, y a contribuir al bien común que es base para esa convivencia en que cada cual se desarrolla, así esa misma persona incluso bien podría odiar al planeta entero, a cada ser humano, pero si nunca manifiesta y exterioriza ese odio en daños a terceros, será un ciudadano modelo, aunque claramente no un (buen) cristiano.

Pero con ejemplos más concretos ¿es derecho que alguien sea idólatra lo que de acuerdo con la Biblia es abominación? Sí, si usted impide a un idólatra adorar a su ídolo está vulnerando el derecho a la libertad de conciencia.

¿Es derecho que alguien fornique lo que de acuerdo con la Biblia sería pecado? Sí, no existe sanción alguna para quien fornique en el derecho (en Chile siempre y cuando sea voluntario y tenga más de 14 años) y si usted se lo impide a alguien pues le pueden poner un recurso de protección o alguna demanda por el daño causado por el hostigamiento (de hecho, en esta materia un padre puede disciplinar a su hijo para decirle que no debe, que no puede, que en su casa y mientras viva bajo su techo no, pero si igual lo hace no hay falta jurídica alguna).

¿Es derecho que yo diga una herejía? Sí, es derecho, y si usted lo impide o sanciona pues atenta contra el derecho a la libertad de expresión y de conciencia (gracias a Dios que existe ese derecho hoy, pues entre cristianos, entre evangélicos incluso, se acusan constantemente de herejes: “es que eres cesacionista hereje”, “es que eres arminiano hereje”, “es que eres calvinista hereje”, “es que bautizas/no bautizas bebés, etc, etc.).

¿Es contrario a la ley que Juan intente suicidarse? Pues no, si alguien intenta matarse y no lo consigue no solo no será sancionado, sino que pese a que él mismo se puso en ese estado, puede tener derecho a ser atendido para salvar su vida;

¿Es derecho que yo me haga un tatuaje aunque para muchas interpretaciones Levítico pueda condenarlo? pues sí, quien se hace un tatuaje de su propio cuerpo dispone.

Si yo tengo malos pensamientos, pensamientos de odio, de envidia, de rencor, de racismo, de xenofobia, etc., sin duda que ante Dios peco gravemente, pero ante el derecho mientras actúe sin manifestar todo ello, bien puedo ser un ciudadano ejemplar.

¿Si yo me entrego a la gula y no cuido el templo que Dios me dio es falta ante la ley? No, si usted come y come comida mala y no se cuida ninguna ley le dirá nada, con suerte hay leyes hoy que le advierten que se está haciendo daño y políticas públicas que incentivan el comer sano o bien (ahora bien, si le da coca cola a su hijo de desayuno, almuerzo y once, pues te pueden quitar la tuición por dañarlo y atentar contra su vida).

¿Cuándo estás cosas podrían ser sancionadas por la ley? Pues obviamente cuando uno obliga al otro a hacer eso contra su voluntad, si obligas a otro a ser idólatra, si obligas a otro a fornicar (en cuyo caso es una violación), si obligas a otro a decir herejías, si “suicidas” a alguien (lo matas), si tatúas a otros contra su voluntad, etc.

Es más, el derecho hará lo posible para que las personas puedan desarrollar su modo de vida sin impedimentos, e incluso colaborando con sus decisiones.

A tal punto llega esto, que en caso de esas cosas dañinas que hacemos contra otros pero que no son tan intolerables, entonces ni siquiera hay sanción. Por ejemplo, si yo robo, y me preguntan si fui yo, y miento, digo que no, pero después me descubren y procesan, nadie me condenará por esa mentira pues tengo derecho a defenderme (y porque el proceso penal es falible, entonces no se puede sancionar penalmente a aquel que en su condena se definió como inocente). Tampoco me caerán consecuencias legales si guardo si guardo silencio ante una imputación penal.

Si le pego un pequeño golpe a alguien o le chasqueo los dedos en la cara, puedo ofenderle y hacer que su orgullo se enardezca y dañarle con ello, pero posiblemente el derecho ignore esa mini falta pues no generó un daño mayor (en un contexto laboral podría tener relevancia en todo caso).

Si te vendo unas manzanas y te miento diciendo que soy “el que vende las manzanas más dulcecitas de la región”, tampoco cometo ninguna falta a la ley pues hago una mentira llamada “dolo bueno” o simple soberbia del comerciante (aunque esto se ha ido limitando cada vez más por el derecho del consumidor).

De esta manera, al derecho ni siquiera le importan todos los daños (que incluyen pecados), solo le importan los más graves y que se manifiestan hacia otros, por ejemplo, si yo pongo música a todo volumen en medio de un desierto, nadie me sancionará, pero si lo hago en mi departamento a las 4 am, sí, porque ahí sí daño, aunque sea la misma conducta, pues lo privado y lo que no afecta a un tercero no importa al derecho.

A lo largo de la historia, en la medida que el derecho ha ido depurándose de esta forma, en muchas ocasiones se ha legalizado o al menos despenalizado cosas que son inmorales o que eran consideradas pecaminosas por la mayoría, ejemplo reciente: los hijos ilegítimos. Un hijo ilegítimo se tenía fuera del matrimonio, ya por fornicación, ya por adulterio, un hijo ilegítimo tenía por tanto menos o casi ningún derecho civil en relación con sus hermanos “legítimos”, eso por una consideración moral que sancionaba a una persona por algo que no era su culpa y que no escogió por considerar que su origen es pecado, solo hace algunos años se eliminó esta injusta distinción en Chile. Un ejemplo más viejo, el adulterio, antes el adulterio era castigado incluso con muerte o cárcel, hoy el adulterio no tiene sanción, solamente habilita al otro cónyuge para pedir el divorcio y recibir algunos beneficios económicos, pero si éste no lo pide, pues el adulterio no constituye jurídicamente falta alguna y la persona es libre de hacerlo, el derecho así solo concede efectos jurídicos eventuales a un adulterio por considerarlo un tema más bien moral que de convivencia social. Otro ejemplo, nosotros mismos, los evangélicos, éramos llamados y considerados herejes por no someternos en Latinoamérica a la “verdadera religión”, la católica, pero entendiendo dentro del derecho que quien tiene una religión personal a nadie daña, entonces se estableció el derecho a la libertad de conciencia, lo mismo pasa con el ateísmo, la Biblia puede decir que “dice el necio en su corazón: no hay Dios”, sin embargo ser ateo es un derecho pues al derecho no le importa lo privado de las personas, le importan sus relaciones con otras personas humanas.

¿Significa esto que el Derecho y una moral o la moral cristiana nunca coinciden**? Pues no, hay cosas en las que el derecho y la mayoría de las morales suelen coincidir: en que está mal robar, matar, mutilar, torturar, estafar, violar, acosar, etc. ¿Por qué? Bueno, porque daña a otros. Por supuesto, dentro de todo esto existen además contraexcepciones, o a veces choques de derecho que me habilitan incluso para dañar a otros, por ejemplo, matar por legítima defensa, matar por estado de necesidad justificante (empujar a otro de la tabla que me mantiene con vida en el mar), etc. Se puede conversar largamente y explicar el detalle del detalle.

Podría seguir por largas horas con esto, evidentemente aquí no se puede, pero esa distinción tan importante que les estoy diciendo, es la base sobre la cual la iglesia cristiana evangélica y la católica parecen no ser capaces de entender qué es lo que está detrás de los derechos y las libertades sexuales contra las cuales se movilizan, además de, por supuesto, todo el miedo y la manipulación que les han vendido como que van a legalizar la pedofilia, que van a transfórmalos en ellos, que los van a meter presos por no casarlos, etc. (En ese sentido los entiendo, yo también fui así, y cuando entendí esto me sentí pésimo, luego comprendí que estaba bien y que tenía que alertarlo).

La homosexualidad por ejemplo, cuando se le reconozca derecho al matrimonio civil, no creará ningún homosexual, no obligará a nadie a hacerse homosexual, no obligará a nadie casarse así, solo le reconocerá efectos civiles (patrimoniales) a los homosexuales ya existentes para que se casen CIVILMENTE, esto es, heredar entre sí, ser carga el uno del otro, etc., y más que eso, les reconocerá su legitimidad y dignidad a tener acceso a lo mismo que todos. Esa ley nada tendría que ver ni podría obligar a iglesia alguna a celebrar un matrimonio religioso gay si esa congregación no lo estima correcto (porque matrimonio civil y religioso están separados en Chile como el cielo de la tierra). En el caso de la adopción, la adopción por personas homosexuales o por personas que no están casadas ya es desde hace rato posible en Chile gracias a la adopción por personas solteras, adicionalmente si el pecado será la excusa para prohibir a un gay adoptar ¿por qué no se lo prohibimos a ateos e idólatras también? ¿No sería discriminatorio también que un ateo en nombre de su verdad diga “cómo se le ocurre que un canuto estúpido pueda adoptar y enseñar sus estúpidas creencias a los niños”? Ese tipo de propuestas tampoco son jurídicas porque entrañan el desconocer a otro su existencia y por ende su dignidad, si bien en realidad en estas cosas siempre debe primar antes que nada la idea de que son los niños los que tienen derecho a familia y no al revés.

Lo mismo pasa con los trans***, ¿qué le reconoce la identidad de género a ellos? Su libertad de ser pues a nadie dañan, ¿te obliga a hacerte trans? No. Entonces el derecho le reconoce su derecho a la identidad, no los crea, ni los incentiva, les dice: ustedes son legítimos, ustedes a nadie dañan, pueden serlo, tienen derecho, no tienen que pedirnos permiso ni nadie puede reclamar por vuestra existencia.

Etcétera, he tratado de escribir de la forma más sencilla posible, podemos complejizar todos los argumentos e ideas, hay terrenos que son mucho más grises, hay distinciones jurídicas y políticas que hacer que son de primera importancia, por ejemplo el tema del aborto (que en realidad es un tema siu generis, basado en el tema de choque de derechos) o el tema de la difícil delimitación de cuándo comienzan las libertades (a qué edad se tienen más o menos), o el áspero tema de la usura, que siendo bíblicamente pecado, y siendo una posible forma de dañar a otros (opresión, ganancia sin trabajo del que es dueño del dinero) sí es algo legal y de hecho base de nuestro sistema económico chileno tan basado en el crédito a intereses que es tan alto que en varios países sería considerado delito, mas me conformaré con dejar claro esto por ahora.

Mucho se puede discutir también acerca de las aproximaciones teológicas hacia estas conductas y tantas otras (las traducciones en su contexto tanto original como las inclinaciones de quien traduce que condicionan un texto), también sobre las pastorales (acercamiento misericordioso a estas personas, acercamiento a los hermanos en esta condición, oírles, saber qué sienten, saber sus miedos, penas, tristezas, luchas). etc. Pero les dejo una sola consulta a todos mis hermanos canutos:

Si la ley de Moisés (que era una especie de cuerpo normativo civil) no modeló al ser humano para poder ser acepto ante Dios sino la gracia y la compasión de Cristo ¿por qué hoy creen que las leyes humanas del Código Civil sí pueden? ¿De verdad creen que así como actúan alguien va a convertirse? Han renunciado no solo a examinar cuidadosamente esto en la teología cerrando los oídos por creer que se trata de una mera forma de justificación hipócrita o adaptación “mundana”, sino también al poder de Dios manifestado en la misericordia de renunciar a las piedras que juzgan, que condenan, que apartan, en lugar de dejar ir en paz, abrazando y amando hasta que Dios se manifieste.

Bajo estas convicciones, y que ya he expresado antes en innumerables ocasiones, he defendido y seguiré defendiendo a las minorías sexuales (aunque sea por RRSS), pues creo que cualquiera que entienda esto debe comprender que nuestra persecución es injusta, y si comprendiendo esto insisten en ello, pues juzgo que o tienen miedo de ser desechados por sus hermanos o iglesia, o simplemente disfrazan de ortodoxia un odio a su prójimo que es indigno de una persona que conoce el amor de Dios que nos reveló Cristo, propio de personas incircuncisas de corazón y oídos. Por esta consideración no me importa que me llamen hereje, falso maestro, apóstata, lobo disfrazado de oveja, endemoniado, etc., pues así trataron al propio Jesús, sino que seguiré y muchos cristianos evangélicos seguiremos siendo amigos de las minorías sexuales hasta que todos puedan vivir en paz, pues dado todo el rechazo que hemos recibido por esto, hemos participado un poco de todo el rechazo que estas personas día a día reciben en sus casas, en sus colegios, trabajos, iglesias, y comunidades, y qué honrado nos sentimos de ello.

EOC.

** No confundir con el positivismo jurídico, el positivismo jurídico apela a comprender el derecho en su estado puro, como sistema normativo con independencia de un contenido moral, lo que en esa filosofía no quiere decir que el derecho no tenga contenido moral.

*** No conozco ninguna razón bíblica para considerar que la condición trans sea pecado, hacerlo me parece tan injusta y simplista como creer que alguna condición de salud mental sea un endemoniamiento, o creer que porque la Biblia dice que Dios detuvo el sol, no puede ser posible que la tierra gire en torno al sol tal como creían los teólogos Copérnico, Galileo y Bruno, o los que creían que no se podía eliminar a los Reyes y su discriminador sistema nobiliario porque la Biblia habla de Reyes y no de Democracias o presidentes. Un desatino hermenéutico bien absurdo.

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