Saber cómo es el alma de un extranjero. Actos humanitarios y aparentemente humanitarios. En el día internacional de las personas migrantes.

Saber cómo es el alma de un extranjero. Actos humanitarios y aparentemente humanitarios. En el día internacional de las personas migrantes.

La migración es un fenómeno humano constante e indeleble, todos los fenómenos y actividades humanas están rodeadas de ella, nuestro idioma, nuestras creencias, nuestras ropas, nuestro estilo de vida. El ser humano es un ser migrante, todos somos hijos de migrantes, o nietos de tales, o seremos padres de migrantes o somos migrantes nosotros mismos.

Ahora bien, migrar nunca es fácil, quien sale de su tierra para vivir en otra, quien deja a su familia y amigos, sus vínculos, su cultura, sus costumbres lo hace siempre por una buena razón. Por una muy poderosa razón.

En efecto, la migración no se produce porque sí, ni por “hinchar”, ni por molestar, ni por la simple oportunidad de hacerlo. Se produce generalmente por motivaciones muy fuertes.

¿Quién pues en su sano juicio iría a un lugar donde sabe lo va a pasar mal por la diferencia cultural, idiomática, legal, o las discriminaciones por su color de piel, creencias o forma de vida? Nadie, a menos que tenga razones de muchísimo peso.

La Escritura misma nos da testimonio de esto, pues uno observa migraciones que generaron sufrimientos en quienes lo practicaron.

-Abraham, por ejemplo, por migrar corrió peligro de muerte pues su esposa era bella y temía lo mataran para quedarse con ella, por miedo entonces mintió diciendo que “era su hermana” y por ello, por poco la toma por esposa estando casada.

-Jacob y sus hijos, compelidos por el hambre de su tierra se fueron a vivir a Egipto a pesar de perder su tierra y al riesgo de esclavitud en la que finalmente cayeron en tierras extrañas (todos sabemos cómo termina la historia).

Sin embargo estas personas migraron igual, salieron de su tierra igual, a pesar de estas dificultades, y no se detuvieron cuando vivieron esto, sino que siguieron intentándolo ¿por qué? Porque tenían razones muy poderosas para hacerlo.

Cuando uno ve un migrante sufrir en tierra ajena no debe pensar ¿para qué te viniste? ¿no estabas mejor en tu tierra? Porque ciertamente uno no sabe de qué está huyendo esa persona ni qué está buscando, Jacob y sus hijos huían de una implacable hambre, Abraham perseguía lo que entendía como la voluntad de Dios, y el migrante que viste en la calle probablemente tiene razones igual de fuertes.

Cuando vemos a un migrante sufrir en esta tierra no debemos pensar que esas personas vinieron aquí porque sí, y que es mejor devolverlas pues ¡no sabes de qué huyen ni lo que buscan! Solo basta haberse sentado un rato a conversar con ellos para darse cuenta.

No era humanitario mandar a Abraham de vuelta a Ur, ni mucho menos era humanitario mandar a Jacob e hijos a morir de hambre en su tierra seca con tal de salvarse de los problemas que en Egipto tendrían, de la misma manera no es humanitario prohibir a un migrante entrar o vivir asegurándole que aquí puede que lo pase mal.

Humanitario es que si ves a tu hermano extranjero languidece, lo ayudes. Humanitario es que si ves a tu hermano extranjero padecer injusticia, lo defiendas. Eso es humanitario, eso es empático.

No naturalicemos más la injusticia diciendo ¿para qué se vienen a un país donde los explotan o les cobran arriendos caros? Antes bien digamos ¡ay de los que explotan al extranjero, ay de los que cobran usura en el arriendo! Pues esto es lo que hacen quienes sirven a Dios de verdad, eso hacían los profetas.

Esa es la empatía elemental que la Escritura demanda en la Biblia, y uno de los valores principales de la tradición judeocristiana:

No angustiarás al extranjero, porque vosotros SABÉIS COMO ES EL ALMA DEL EXTRANJERO, ya que extranjeros fuisteis en la tierra de Egipto. Éxodo 23:9.

Es decir, debemos saber las razones de su corazón, lo difícil que es migrar, todo lo que se pierde, por eso no hay que angustiarles, antes bien amarles.

Aquel es el corazón de nuestro Dios y Señor: Porque Jehová vuestro Dios es Dios de dioses y Señor de señores, Dios grande, poderoso y temible, que NO HACE ACEPCIÓN DE PERSONAS, ni toma cohecho; que HACE JUSTICIA al huérfano y a la viuda; QUE AMA TAMBIÉN AL EXTRANJERO DÁNDOLE PAN Y VESTIDO. AMARÉIS, pues, AL EXTRANJERO, porque extranjeros fuisteis en la tierra de Egipto. Deut 10:17-19.

Lean Deuteronomio 26:5-13 y verán que la Biblia nos enseña que no es humanitario echar a un extranjero que errante, afligido -a punto de perecer- llega a nuestra tierra, antes bien, nos enseña a darle alimento y vestido, eso es ser “humanitario” con ellos para un cristiano. Aunque muchos estimen que sea humanitario cerrarles las puertas o hacer que se larguen ya por incomprensión, ya por disfraz.

EOC.

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