Lo que le hicimos a Aylan a él lo hicimos

La Navidad es como es, porque el padre de Jesús, José, no vivía en su tierra, era migrante ¿sería que Belén no le daba suficientes oportunidades? No lo sabemos. El asunto es que Jesús, estando en el vientre de María y junto a José, se ven forzados a volver a Belén con motivo de un gran censo.

Al regresar a su tierra, sin embargo, no son bienvenidos, al parecer su apariencia foránea o ajena impide que los habitantes de Belén los reciban. Quedan excluidos de la mesa, Belén es para los que aquí viven, no para esa pareja ajena y su bebé. Jesús termina naciendo en condiciones muy malas. Un pesebre sucio.

Todavía más, estando en Belén, Herodes conociendo que había nacido un Rey en Belén, comienza una terrible cacería y manda a matar a todos los niños menores de dos años. El imperio romano que había conquistado y oprimido injustamente esa tierra, mandó a matar a niños como Jesús. María, José y el pequeño Jesús son obligados a huir a otro país. Se van a Egipto arrancando de la persecución, la opresión, la guerra, la muerte y el odio. Ahora esta familia pasa a ser lo que hoy se conoce como ser un refugiado.

Considerando aquello ¿cómo podemos nosotros recibir mal a esas mujeres migrantes y embarazadas a las que se les acusa de venir a aprovechar nuestros hospitales relegandolas a “pesebres” sucios donde peligran las vidas de ellas y de sus bebés? ¿Cómo podemos cerrar la puerta a esos María, José y Jesús que huyen de la violencia de su tierra y esperan encontrar en el “Egipto” de nuestra tierra tranquilidad y paz?

Eso último debe considerarse mucho, pues según la ONU, 65 millones de personas han sido desplazadas por persecución, guerra o violencia, lo que implica que 1 de cada 113 personas tiene esa condición en el mundo, alcanzando una cifra récord en 2016, en que cada 3 segundos una persona se transformó en desplazada, y de ellas, 1 de cada 2, al igual que Cristo, lo hicieron siendo menores de edad.

No debemos olvidar que Jesús -nuestro Señor y Dios- fue un migrante desde pequeño, y dicha condición lo acompañó toda su vida pues, de acuerdo al relato bíblico, él andaba de ciudad en ciudad predicando (Mateo 9:35) de manera que no tenía dónde recostar su cabeza (Mateo 8:20). Ningún grupo humano que se llame a sí mismo cristiano puede abandonar o maltratar al extranjero o al refugiado sin ser inconsecuente, y sin caer preso de las palabras de Cristo: “fui forastero, y no me recogisteis; estuve desnudo, y no me cubristeis; enfermo, y en la cárcel, y no me visitasteis.” (Mateo 25:43).

(La imagen fue creada por Movimiento Contágiate. Usada con permiso).

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