Herodes, imperio, matanza y religión.

“Herodes entonces, cuando se vio burlado por los magos, se enojó mucho, y mandó matar a todos los niños menores de dos años que había en Belén y en todos sus alrededores, conforme al tiempo que había inquirido de los magos.”
(Mateo 2:16)

Herodes sin duda, para muchos religiosos judíos, era una figura de poder puesta por orden divino, a quien se le debía obediencia y fidelidad, de hecho le atribuían gratitud por haber ayudado en la ampliación del segundo tempo de Jerusalén, además de que a pesar de ser puesto por el imperio romano, era además judío de confesión, de esta manera había quienes ponían a Herodes con cualidades mesiánicas, como un gran restaurador de Israel.

La historia demuestra sin embargo que existió resistencia y oposición a su reino y su pacto con la religión acusando su falsedad. El relato de Mateo nos da indicios de oposición ante su corrupto régimen de muerte. Los “reyes magos”, siendo meros peregrinos que perseguían su fe en las estrellas, fueron mucho más sensibles a la voz de Dios que la clase sacerdotal del Templo. Es más, tuvieron la valentía de rebelarse a la explícita orden de Herodes de regresar (Mateo 2:12):

“Pero siendo avisados por revelación en sueños que no volviesen a Herodes, regresaron a su tierra por otro camino.”

Estos místicos viajeros, decidieron obedecer a Dios antes que a las autoridades “establecidas”, pronosticando el horrible derramamiento de sangre, generado por un rey hambriento de poder y enamorado de su corona. Prefirieron “burlar” al tirano, a fin de resguardar la vida del pequeño Salvador que crecía bajo amenaza de muerte.

Hoy vivimos en una etapa de la historia, en la cual la Iglesia ha alabado tanto a las figuras políticas que le representan, que ha pasado por alto los crímenes y acciones reprochables hacia la ciudadanía, y en contra de sus propios hermanos y hermanas, todo por un par de migajas de ayuda, subsidios, estabilidad, participación en el poder, o porque el gobernante se confiesa miembro de la misma confesión de fe. Eso es todo, vemos que la iglesia se ha vuelto militante del partido herodiano pactando con el poder para obtener beneficios sin importarle la corrupción, la opresión, la violencia que sus nuevos herodes ejerzan contra la gente, teniendo por insignificantes sus vidas, sus sufrimientos, sus dolores ante el abuso.

Ojalá que como creyentes, aprendamos a seguir los pasos de aquellos “esotéricos” magos, que no dudaron ni un segundo en seguir la voluntad divina, en lugar de complacer la soberbia y el ego desmedido de un Herodes afanado en preservar sus privilegios, a costa de la sangre de tantos niños inocentes de Belén y el sufrimiento de sus vidas. En medio de tanto genocidio, en medio de tanta violencia de los poderosos y ambiciosos, en medio de tanto pacto entre religiosos y el poder, la temprana vida de Jesús nos da lecciones sobre estar siempre del lado de los que sufren, del lado de esos pequeños pueblos y lugares como Belén, donde hay autoridades y durezas militares que creen que pueden llegar y destruir y violentar a las personas como si fueran dueños de sus vidas, como si fueran cosas, como si no valieran nada.

Jesús huyendo de un genocidio, un Herodes matando gente por amor al poder, nos da lecciones de qué lado tenemos que estar, si del poder o de los perseguidos.

Por Ignar Sebick, editado por EOC.

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