Las relaciones históricas de los evangélicos y la masonería.

Hace uno días, una declaración y reunión conjunta entre un cierto número de iglesias evangélicas y protestantes y la masonería chilena a propósito del proceso que vive el país ha causado muchos comentarios e incluso un cierto escándalo.

Al respecto, creo que hace falta conocer más nuestra historia, pues las buenas relaciones, el diálogo, el apoyo mutuo, la colaboración e incluso la doble militancia entre masones y evangélicos son una constante en el mundo, especialmente en Latinoamérica y España, donde mantenemos una fuerte relación en la lucha por la libertad de culto, de conciencia y construcción de la República de los grupos masónicos y evangélicos.

En efecto “los búfalos mojados” no solo fueron fundados por pastores evangélicos en Inglaterra, sino que tienen un importante rol en nuestra historia canuta, en España por ejemplo el ultracatolicismo y el fascismo católico franquista sostenía que los evangélicos y los masones eran una misma cosa y que había que perseguirlos, exiliarlos y prohibirlos por ser lo mismo, de hecho, no pocos de los mártires evangélicos ante el franquismo eran también masones (ver por ejemplo Atilano Coco).

En Chile, también se mantuvo dicha visión de ser “una misma cosa”, pues importantísimas personalidades y pastores vitales para la predicación del evangelio fueron o mantuvieron profundas relaciones con la masonería, el pastor David Trumbull, primer pastor que se atrevió a predicar públicamente el evangelio en Chile y que es considerado padre de la iglesia evangélica chilena, era abiertamente masón; el mítico Juan Canut de Bon Gil, del cual recibimos el apodo de “canutos”, en momentos de desesperación por la persecución envió numerosas cartas a sus amigos masones para que le ayudaran y ampararan ante la intolerancia religiosa católica (entre los muchos insultos que recibía Canut estaba el de “canuto masón”); el destacado pastor presbiteriano Horacio González fue miembro activo de la masonería chilena; el prócer bautista y abogado Honorio Espinoza también; el obispo metodista, considerado “restaurador del metodismo en Chile” Pedro Zotelle Clarck también fue “búfalo mojado”; el gran Rodulfo Philippi, naturalista alemán e importantísimo luterano fue masón, la mismísima Sociedad Bíblica Chilena ha sido presidida y dirigida por masones chilenos y evangélicos hasta hoy.

De hecho, algunos historiadores como el profesor Juan Ortiz Retamal señalan que la implantación de los evangélicos en nuestro territorio fue obra del progresismo liberal y masón en su disputa por la construcción de una república democrática, abierta, tolerante e igualitaria, con libertad de conciencia. Por esta disputa, sectores más radicales de la iglesia católica ha mantenido en el tiempo una fuerte “masonfobia” y teorías conspirativas sobre ellos en el contexto de la lucha política y la influencia en la sociedad. El destacado pastor y teólogo bautista Oscar Pereira señala por su parte que “la tolerancia en principios no compartidos, la conjugación de principios comunes, la lucha y vigilia por la libertad, y el anticlericalismo, han sido el contexto de esta alianza entre masones y evangélicos”.

En este entendido, las buenas relaciones y diálogo entre ambos grupos no es una cuestión nueva que apareció estos días, sino que está íntimamente relacionada con la historia evangélica desde –literalmente- el día 1, aunque a muchos les sorprenda y espante. De hecho, la afinidad evangélica con el Partido Radical, partido masónico por excelencia, está ampliamente documentada, el primer diputado evangélico, sobrino de Trumbull, Ricardo Trumbull era del partido radical.

De la masonería, como grupo de redes, contacto e influencia, se dicen muchas teorías conspirativas y mitos bien fuertes sobre oscuros planes de dominación, satanismo, y un montón de cosas más, de los cuales se tienen en general pocas pruebas, o se levantan fatídicos miedos. Si vamos a sostener que aquello que dialoga o trabaja con la masonería forma parte de una especie de proyecto pro-satanista, tendremos que tener cuidado entonces de no dinamitar nuestra propia presencia en el país y a nuestros más importantes predicadores que nos trajeron el evangelio y a nuestras instituciones más antiguas e importantes, en cierta manera ¿cómo explicarían entonces que una institución supuestamente satanista haya sido tan importante para nuestra existencia, crecimiento y promoción?

En realidad, en lo personal, aunque no soy masón, ni me interesa serlo en absoluto, el diálogo con organizaciones de la sociedad civil es un tema clave en la construcción de un país en que cabe todo el mundo, católicos, evangélicos, ateos, masones, budistas, judíos, gente que no pertenece a nada, etc. El diálogo, la cooperación común en aquello que nos interesa mutuamente no constituye ninguna renuncia a nada, es simplemente la sagacidad de buscar fines comunes. De hecho, muchos de los escandalizados con este tema también han firmado deliciosas alianzas con grupos políticos que no son para nada evangélicos, pero no se espantan por ello, y no tienen por qué. La masonería es una institución muy transversal, a la que han pertenecido muchos gobernantes, partiendo por O’higgins y Carrera (ambos próceres de la patria, miembros de logias, apoyaron a los protestantes chilenos, Carrera de hecho adoptó el primer escucho nacional con guiños al calvinismo), desde Allende al dictador Pinochet, desde Pedro Aguirre Cerda hasta Alessandri, y en el que participan personas de las más diversas religiones, pues sus finalidades no son de hecho religiosas y son políticamente transversales (derecha e izquierda). Sin ir más lejos, el partido político donde militan los “diputados evangélicos” que tanto celebran algunos sectores es dirigido por un masón, efectivamente el presidente de RN, Mario Desbordes es masón, y jefe de los mal llamados diputados evangélicos y por supuesto destacada figura del presidente Piñera como jefe de su partido ¿se espantan los que apoyan esta incursión por esto? No.

Menos teorías conspirativas de Youtube, más rigor histórico, menos maniqueísmo, más diálogo, menos falso purismo, más cooperación.

Les dejo además una foto con 3 libros útiles que tratan el tema, que pueden comprar en… la Sociedad Bíblica Chilena…

Cuentan por ahí un chiste, que dice ¿en qué se parecen los bomberos, los masones, y los evangélicos? En que denominan a sus sedes como “primera, segunda, tercera iglesia/logia/compañía” y son dirigidas por un búfalo mojado. Igual es refome la talla, pero real… a veces tienen las sedes bien cerca unas de las otras, y eso no es broma.

EOC.

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