Carta abierta es nuestros hermanos en la fe que trabajan o quieren trabajar en política partidista y cargos de representación popular.

Hermana, hermano, qué hermosa y bella vocación es esa de interesarse por lo público.

Sin duda te dispones a un trabajo titánico, de mucha presión, donde pueden descontextualizarte, reírse de ti, y van a criticarte mucho, mi oración está contigo por ello, para que no te afecte.

Pero más importante que eso, tus decisiones, tus omisiones, aquello que calles o aquello que hagas, afectará directamente sobre la vida de las personas de tu país, podrás hacerles la vida mejor, más justa, más llevable o podrás empeorar su existencia dramáticamente, podrás eliminar, reducir, o mantener, crear e incluso multiplicar la opresión. Oraré por ti ante ello, para que actúes con temor y diligencia.

Oraré por ti para que tengas fuerzas y te mantengas íntegro, no caigas en la fácil tentación de ser un servido y no un servidor, no caigas en la tentación de abusar de tu poder, ni recibir cohecho, o hacer acepción de personas, hermano, si los pecadores te invitan a tender la red a los débiles, te inviten a derramar sangre, a robar la heredad de la gente, no consientas.

Se necesitan personas que tengan temor de la justicia de Dios, que no acepta la discriminación, que no tolera la corrupción, que aborrece la opresión, que exige justicia para el huérfano, la viuda y el extranjero, que llama a no juzgar por apariencias, que exige un justo juicio, que demanda juzgar la causa de los pobres, se necesitan cristianos en política sin duda, todos los que siguen esa ética de amar al prójimo deben saber y hacer política.

Te felicito por tu interés de hacerlo, espero que realmente puedas ser luz, una luz que brilla por su integridad y trabajo, y no solamente porque dice “soy luz”, pues ya hemos visto quien dice “soy luz”, pero no están conectados a cable alguno de trabajo, diligencia, justicia y misericordia, a ningún enchufe de luz de Dios más allá de un Dios meramente nominal, secuestrado por instituciones, nombres y culturas religiosas.

Oraré por ti y deseo que te vaya bien.

Pero has de saber que la Iglesia de Cristo no es un partido político, ella proclama el Reino de Dios y su justicia, pero no aspira al poder de los reinos de este mundo, la Iglesia no es el Estado, sino que debe ser conciencia para el poder, la iglesia denuncia la injusticia, llama al arrepentimiento, recibe a la gente y la ama. Por lo tanto, tú serás un evangélico que se dedica a la política, mas no harás del evangelio un partido político, ni harás de tu partido político uno evangélico, ese no es nuestro llamado.

Y si pecaminosamente dijeras que eres representante de los evangélicos en el parlamento, sabrás que cometes pecado al mentir al país y atribuirte función que nadie te dio, entonces te combatiremos, pues si mientes en algo tan pequeño ¿cómo se te confiará lo grande?

Y si atribuyéndote una función divina crees que puedes determinar quién es cristiano y quién no en base a si piensa como tú, también sabrás que se te juzgará por ello.

Y si desde el poder quisieras obligar a la gente que no es cristiana a ser cristiana, y si persigues la conciencia ajena, al que no es cristiano o vive una forma de cristianismo diferente a la tuya, has de saber que la verdad de Cristo no se impone por espada, ni con ejército, sino por su Espíritu, que la verdad que es violenta es una mentira, y si el evangelio es verdad ha de propagarse en paz, persuadiendo y sobre todo amando y sirviendo. Si tomas el camino de la persecución, entonces habrás renunciado al evangelio.

Y si tu fruto fuese la corrupción, la acepción de personas, la opresión a los pobres, la inequidad tributaria, la desigualdad, el beneficiar a los poderosos, favorecer la explotación y el abuso al trabajador, sobre todas estas cosas Dios te pedirá una cuenta, y si en nombre de Dios llegas al poder para hacer esto, peor será para ti pues el juicio y el daño que harás a la proclamación del evangelio será incalculable, nosotros te lo haremos saber, y ya no oraremos por tu éxito, sino para que dejes un trabajo que haces mal, no solo al país sino al evangelio mismo.

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