Predicación de Pedro Zotelle en el diario La Nación el 4 de junio de 1939.

Navegando por internet, me encontré con esta lección de escuela dominical escrita por el pastor y ex obispo metodista Pedro Zotelle para el diario La Nación el 4 de junio de 1939.

El mundo ha tratado de deshacerse de Jesús por dos medios: primero, crucificándole y, luego, adorándole puramente de labios. Con lo primero, los hombres no lograron su objetivo. Necesitábase algo más que una cruz para anular la influencia de ese carácter trascendente. La cruz no aplastó a Cristo, más bien lo exaltó.

Fracasado el mundo en su primera tentativa para deshacerse de Jesús crucificándole, acudió al segundo método, mucho más sutil y fatal para eludir el encendido mensaje de ese eminente profeta. Apeló a la política de rendirle adoración superficial. La historia comprueba que cuando un caudillo espiritual ha sido demasiado poderoso como para ser aplastado por la oposición, los hombres han escurrido astutamente, a la manera elegante para esquivar las exigencias éticas y las orientaciones morales del caudillo. Esa manera ha sido la de rendirle homenaje superficial.

Jesús observó que, apedrear a los profetas, por una parte, y adorar sus sepulcros por la otra, aunque parecen ser actos diferentes, son, en el fondo, idénticos; constituyen dos métodos eficaces para deshacerse de los profetas, para esquivar las implicaciones morales de su enseñanza. Los padres que mataron a los profetas, y los hijos que adornaban sus sepulcro-, pertenecen a la misma raza, dice Jesús, y están dominados por el mismo interés; rehuir las admoniciones de los hombres de Dios.

Un cristiano que adora a Cristo emocionalmente, pero que no lleva su espíritu a todos y cada uno de sus actos, de aquellos que tienen que ver con el tratamiento de los demás, con el uso del dinero, con las oportunidades para levantar al caído y sembrar las semillas del amor y la fraternidad humana por dondequiera, es sencillamente uno que se contenta a decir: “Señor, Señor”, y no cumple la voluntad del Padre Celestial. Esto último fue precisamente el acento que inflamó la predicación del dulce rabí. Cristo quería que los hombres lo síguésemos en serio, cumpliésemos sus dictados, reprodujésemos su adorable vida, fuésemos, con El, por medio de las calles de la ciudad, viviésemos con El en nuestro hogar, le tuviésemos presente en nuestras conversaciones, aun las más intimas de modo que nuestras palabras, y acciones estuviesen galvanizadas por la mas alta veracidad, honradez y amor.
P. Z.

85053745_2634193606679982_3852293842959073280_o.png

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s