[POST #8M DE LA OTRA CANUTA]

Hace un tiempo nos llegó este mensaje por interno. Como no es el primero de este tipo decidí que ya era hora de relevar a EOC y dedicarme, exclusivamente, a reflexionar sobre este tema.
Soy la otra canuta, mujer, 27 años, abogada, pero principalmente mujer. Me dedico en mi ejercicio profesional a ver casos de violencia intrafamiliar y sexual todos los días, es decir, violencia de género. No es lo mismo luchar contra la violencia de género que luchar contra la violencia “contra todos, venga de donde venga”. En Chile, al 4 de marzo de 2020 se registran 6 femicidios consumados y 19 femicidios frustrados, es decir, mujeres que fueron asesinadas o intentaron asesinarlas sus maridos o convivientes siendo siempre los agresores hombres. Si el femicidio se hubiese tipificado sin esas limitaciones, y nos dedicáramos a ver todos los casos en los que un ex marido, ex convivente, padre de los hijos (como tipifica la ley N° 20066 la VIF), o pololo, amigo, colega, desconocido mata a una mujer, los casos serían más. Y el femicidio es solo la punta del iceberg. (Ojo, con la recientemente ley Gabriela esto va a ampliarse).
¿Cuántas de ustedes han leído hasta acá, y dicen “qué hombres más violentos”, pero luego suspiran tranquilas porque saben que a ustedes nunca les va a pasar? ¿Cuál es la certeza que podemos tener como mujeres, de que nunca seremos víctimas de esta forma tan grave de violencia de género?
Revisemos nuestro día a día. Si tú y tu pareja van a trabajar, y al llegar a casa te toca a ti cocinar para los dos mientras él hace algo que no aporta a ambos, déjame decirte que estás en un entorno machista. Si ambos llegan igual de cansados pero te corresponde a ti la carga mental del lavado de ropa y el aseo, tu pareja está actuando de manera machista. Si él te dice directamente que te corresponde cocinar, planchar, ordenar porque eres mujer, aunque te lo diga en “broma”, está siendo machista. Si “no puede vivir sin ti” LITERALMENTE, porque toda su vida las mujeres que lo han rodeado le han hecho la comida y el aseo, mientras él no aportaba nada, está actuando de manera machista y no debes seguir fomentando su inutilidad. Vamos escalando: si al discutir él siempre tiene que tener la razón “porque es el hombre de la casa”; si ningunea tus argumentos porque “las mujeres no saben de eso”; si al estar enojado le ha pegado a cosas o murallas para no pegarte a ti, si cuando se enoja hay que alejarse o protegerse, ¡cuidado!, hay un serio problema de ira (y egocentrismo). Avancemos: si no puedes hablar libremente con él de tus relaciones anteriores porque se enoja y te trata de “maraca, puta, fácil”; si te cela para “demostrar su amor”; si exige saber dónde y con quién estás, si te revisa el celular o lo has descubierto intentándolo, si has tenido que renunciar a amistades que te hacían bien sólo porque son hombres, ¡cuidado! Estás en la violencia machista (en una relación sana deberían poder conversar todo esto, hablar sobre sus miedos y temores, sobre todo si hay traumas de engaños e infidelidades anteriormente). Si te maltrata constantemente de manera verbal, ofendiéndote en tu calidad de mujer, de madre, de persona, con insultos y malos tratos, estás siendo víctima de un delito que se llama maltrato habitual. Pero si ya te ha golpeado, amiga estás muy cerca de la punta del iceberg. Si te ha golpeado sistemáticamente, por favor busca ayuda.
Esta violencia existe en cada una de nuestras iglesias. Existe tanto dentro de la misma, como dentro de las familias que la componen.
Yo nací en una iglesia Bautista donde hombres y mujeres se repartían el liderazgo, pero descubrí que mi iglesia era muy excepcional. A la larga he ido aprendiendo que los “sitiales” dentro de la mayor parte de nuestros púlpitos sólo los llenan los hombres, que las mujeres sirven las mesas, cocinan, limpian, ponen las flores, se dedican a orar en silencio y, a lo más, enseñan a otras mujeres. Puede ser una honra, pero creo que en realidad es una forma de discriminación que Jesús mismo no toleraba (¿se acuerdan de Marta y María?).
Las iglesias están llenas de “hombres de Dios” y sus “amadas esposas”. Todavía hoy en día existen teologías que nos invisibilizan, que incluso agarran algunos versículos por ahí para impedirnos liderar o participar del liderazgo. En otras iglesias ni siquiera se dan ese trabajo: dicen que como mujeres el liderazgo no se nos es dado y punto, así de simple.
¿Ustedes pueden entender que existan “hombres de Dios” que golpeen a sus esposas? ¿Que las insulten? ¿Ustedes creen que Jesucristo golpearía a una mujer? ¿Con qué derecho se sienten superiores a sus esposas, al punto tal de maltratarlas? ¿Por qué creen que tenemos un rango inferior?
Esto se exacerba en contextos pastorales, tal como nos cuenta esta amiga por interno. Ella nos cuenta el caso de una iglesia evangélica de tipo pentecostal, justamente el tipo de iglesias en las que estamos sumidas en una tan profunda invisibilización, donde pareciera que tenemos un valor inferior al del hombre. Y si no podemos ser pastoras, con mayor razón no podemos ir en contra del pastor. Esto implica, necesariamente que el siervo escogido por el Señor queda en un nivel muy superior al de cualquier otro ser humano, y por supuesto muy superior al de la mujer, quien el parecer no tiene el privilegio de acceder a tal honra. Así las cosas, nos han hecho creer que debemos permanecer sumisas, calladas, tranquilas, pues no somos nada y ellos son los que Dios eligió. Imagínense eso que muchas de nosotras pueden vivir todos los domingos, pero VIVIENDO con ese hombre sacrosanto. ¿Se imaginan siendo mujer, y viviendo en la misma casa que el ungido de Dios, quien tiene la facultad de disciplinar dentro de la propia iglesia?
Nuestra lectora que nos escribió nos contó de un caso de violencia intrafamiliar cometido por el pastor, caso que fue denunciado a las autoridades eclesiásticas, pero nadie dijo ni hizo nada. Esta historia se ha repetido toda la vida bajo el mismo argumento: el pastor es el escogido, la mujer no tiene voz.
Honestamente, yo creo que ese pastor no tiene autoridad moral para seguir pastoreando ninguna iglesia, pues pienso que Cristo lo reprueba, así como también reprueba los líderes abusadores sexuales. ¿Se imaginan algún contexto en el cual Jesús aprobara la conducta de este pastor? No quiero hablar del perdón en este post, quiero hablar de la denuncia. Ya hay excesivos textos sobre el perdón al abusador como conducta cristiana, es lo único que se nos da como solución y me parece incorrecto. La violencia física, sexual y psicológica es un DELITO y un PECADO, y por tanto no puede ni debe ser escondido bajo la alfombra. La esposa del pastor debe ser nuestra principal preocupación en iglesias autoritarias, debemos estar atentas a sus necesidades, sobre todo porque probablemente ella lleve una vida de abusos contenida en pasajes bíblicos malinterpretados y exigencias absurdas. Con esto no quiero decir que los pastores sean abusadores, como hija de pastor sé que es una generalización injusta. Sí estoy diciendo que cada vez que un hombre tenga un puesto de autoridad tenemos el deber ÉTICO de estar atentas a su conducta, ver cómo trata a su iglesia porque probablemente así trate a su esposa.
Hace poco me preguntaron qué opinaba yo de la necesidad de crear protocolos de abusos en las iglesias, sean sexuales o de violencia intrafamiliar. En un inicio me opuse rotundamente a los protocolos, dije “se debe denunciar y punto”. Hoy sostengo que lo más importante es denunciar al abusador y alejar a la abusada, sin embargo, entendí que en ciertos contextos el poder hacerlo es sumamente difícil. Así, las invito a preocuparse de la hermana que se sienta a su lado en la iglesia, a estar atentas, y a hablar de violencia de género en la iglesia. Ese puede ser el primer protocolo: visibilizar el problema. Si su iglesia no permite hacerlo por “feministas” o “rebeldes”, personalmente creo que una buena solución es seguir dando la lucha, pero luego buscar otra congregación que sí les permita preocuparse de su prójima. ¿Más protocolos? Lo que señala la amiga que invitó a escribir este post: ayuda a la mujer que denuncia -sea a la iglesia o a la justicia, idealmente a ambas-, apoyo, contención y visibilización del caso.
No queremos más pastores abusadores en los púlpitos. No hay palabra de Dios que aguante su hipocresía.

*Si eres víctima de violencia de género el SERNAMEG habilitó el número 1455. Dentro del mundo canuto tenemos a Fundación Betesda y la Fundación VASTI. Si necesitas conversar puedes escribirme por interno. Nunca más solas!

La imagen puede contener: texto
No hay ninguna descripción de la foto disponible.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s