Evangélicos y Coronavirus.

En medio de la pandemia del coronavirus, los evangélicos no hemos salido de la opinión pública en nuestro país (Chile).

Resulta que mantenemos dos situaciones a nuestro alrededor, una injusta y una justa.

Se han identificado brotes de coronavirus en torno a iglesias evangélicas. La mayoría de ellos, según he podido averiguar con el paso del tiempo, se produjeron el fin de semana del 15 de marzo. Tiempo en el cual las actividades no estaban suspendidas por la autoridad, y la mayoría del país no dimensionaba lo que el coronavirus implicaba. El caso de la Región del Bio-Bio en Boca Sur ha sido uno de los más comentados, cuando su última reunión fue el día 15 de marzo, de hecho, yo mismo participé de reuniones en el Bio-Bio ese día, bien pude ser el foco de contagio, pero no nos tocó a nosotros allá en Talcahuano donde estuve (en todo caso, estuve promoviendo el saludo a distancia y el uso de alcohol gel esos días 14 y 15 de marzo donde quiera que estuve).

Creo en ese sentido que es muy posible que exista una estigmatización injusta, los brotes surgidos antes de las ordenes de cancelar actividades o que se tomara conciencia de esa necesidad no son nuestra responsabilidad, pudieron ocurrir en cualquier reunión grupal o masiva. Los evangélicos no podemos aparecer responsables de nuestra vida comunitaria en ese especial sentido.

La justa es respecto a las denuncias que se han hecho, que con posterioridad a dicha fecha, sobre la continuidad de reuniones y actividades religiosas. Creo sinceramente que son las menos, pero siempre que existan, nos echarán como siempre en el mismo saco, pues la Iglesia Evangélica no existe, sino las Iglesias Evangélicas, independientes, heterogéneas y diversas, pero resulta difícil que la gente lo entienda, aunque no por eso nos podemos por cierto desentender de nuestra generalidad, por cierto o de nuestros vínculos con ellas, incluso si las tenemos por “heterodoxas”.

En general he visto que la gran mayoría de las iglesias han suspendido sus reuniones, y he visto con alegría en muchos hacerlas por modalidades en línea, sin embargo, aun están los que no piensan en su prójimo, los irresponsables que insisten en tentar a Dios y desafían las cuarentenas, ellos merecen todo reproche por no pensar en las consecuencias que tienen sus actos respecto de los demás, al igual que todos aquellos que pudiendo tomar medidas, insisten en someter a su prójimo a este peligro en el trabajo o en otras actividades. Dicho mal ejemplo no solo se encuentra ocurriendo hoy en Chile, sino que se ha observado en Brasil, Corea del Sur y Francia, no debe permitirse, así que hay que denunciar a la autoridad cualquier quebrantamiento que ocurra de la orden de no realizar reuniones, por el bien de los más vulnerables. Acá hace excepción la ley de siembra y cosecha, pues la irresponsabilidad que uno siembra no la paga uno, sino que los demás.

En lo personal, acabo de participar de un hermoso culto en línea en mi iglesia, por la vía de audios de WhatsApp, un culto breve, pero hermosísimo, para mí y para todos los que participamos. La verdad, me ha permitido valorar la vida comunitaria que tenemos, que es un tesoro, y que hoy por hoy, es algo que la sociedad moderna ha perdido, pues el ser humano está cada vez más solo, aislado. Los evangélicos aun contamos con esta riqueza de reunirnos, de vivir en comunidad y hoy le he dado un nuevo valor.

La comunidad, es cierto, puede ser incomoda, hay roces en la comunidad, y hay por cierto comunidades tóxicas, malas, autoritarias, discriminadoras, elitistas, falsas e injustas, autoras y perpetradoras de injusticias. Esto ha afectado a las sociedades modernas, y el individuo se ha aislado, en palabras de Nietszche, ha huido de la tribu. Esto a veces es necesario, salir de tribus malas, sin embargo, también es un extremo no saludable, que mantiene al ser humano en ciclos extremos de individualismo, que tampoco son saluddables, pues generan egoísmo, apatía, consumismo, inmisericordia. Es necesario que el ser humano moderno retome la participación comunitaria, no solo en torno a la fe, sino en torno a la familia y toda buena obra o de recreación, eso es una alternativa de sanidad espiritual para las personas.

Resulta entonces natural, que un virus que depende de la interacción humana, aparezca en cualquier grupo que goce aun de actividades comunitarias, como nosotros, los canutos. La pregunta no es en quiénes, sino cuándo, si antes de que tomaramos conciencia como sociedad o después de eso. A partir de ello uno puede juzgar este asunto.

Ahora bien, ante cualquier estigmatización, vale la pena hacer memoria, porque el mundo evangélico también le gusta la generalización, también mantienen el atrevimiento de culpar a grupos minoritarios de las catástrofes que suceden, probamos de nuestra medicina, para que aprendamos a no apuntar a los otros.

Solo si somos solidarios, si cumplimos el gran mandamiento de amar al prójimo, si reconocemos una verdad grande que nos deja el coronavirus, cual es nuestra conexión como raza humana, la necesidad de colaborar los unos con los otros, venceremos esta prueba llamada covid19. Oramos por todas esas doctoras, enfermeros, trabajadores de la salud, cajeros de supermercado, conductoras del transporte público, personal de aseo, servidores públicos en general, que están en la primera línea de este proceso. Oramos también por las autoridades, para que se dejen guiar por el interés general, por el valor de la vida humana y no por ambiciones o este ídolo abstracto y entelequia que llaman “economía” al cual muchos sacrifican miles de vidas humanas, esconciendo en realidad la avaricia de quienes acumulan y no sueltan, legitimando así decisiones que no los sacrifican a ellos, sino siempre a los más pobres.

Que la gracia y la paz de Dios en Cristo sea siempre con todos nosotros, un saludo de domingo acá en EOC.

En la foto, algo muy bonito que hizo un pastor de la Iglesia Metodista, de la congregación Nuevo Nacimiento, quien suspendió las actividades, pero con nostalgia y esperanza espera volver cuando termine la urgencia sanitaria. Por mientras, a proteger los templos, que siempre han sido nuestros cuerpos. Para que cuando volvamos no falte nadie, mantengámonos en casa.

 

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