Reflexión de mis hermanos de Fe y Justicia ante el resultado del sumario sobre caso Gustavo Gatica.

El día de hoy salió a la luz el sumario de carabineros de Chile en torno a la agresión de Gustavo Gatica. Gustavo tiene 21 años y quedó ciego mientras realizaba registros fotográficos en una protesta. De manera inexplicable, el sumario de la policía señala que “no existe certeza que la munición utilizada por oficiales haya causado las lesiones oculares”. También, señala que “de los hechos investigados, no le asiste responsabilidad administrativa a ningún miembro de la institución”. Además, que “no se descarta que (las lesiones) pudieran haber sido provocadas por los mismos manifestantes (que) utilizaban distintos elementos para agredir al personal policial”.

Como cristianos, encontramos este informe en extremo preocupante. En cierta manera, da continuidad a la actitud de la policía en ocultar información y faltar a la verdad en hechos que han dañado gravemente a la población. Gustavo, Fabiola, Matías y muchos otros hoy sufren, no solo por estar mutilados, sino también por la injusticia. Uno protestaba, otra iba de camino al trabajo, otro estaba presenciando una manifestación desde una esquina. Hoy están mutilados y además sufren el dolor profundo de la impunidad. En efecto, los que han causado estos crímenes están libres, y gozan de la protección de aquellos que encubren, faltan a la verdad y no procuran la justicia.

Como cristianos, sabemos que Dios reprueba duramente la falta de justicia. La biblia dice “hay de los que justifican al impío mediante cohecho, y al justo quitan su derecho” [Is.5:23]. También dice “si eres juez, no hagas injusticias; con justicia juzgarás a tu prójimo” [Lev.19,15]. Asimismo enfatiza “¡ay de ustedes, que tiran por el suelo la justicia! y hacen perder su juicio al pobre en los tribunales” [Am.5:10-12]. Además ordena “¿hasta cuándo serán jueces injustos, que sólo favorecen al impío? Denle el favor al débil, hagan justicia al que sufre, libren al al humilde, sálvenlos de las manos del impío” [Sal.82, 2-4].

Hacemos un llamado a todos/as los cristianos a no ser indiferentes ante esta situación. Debemos sentir profundamente el dolor que significa haber sido mutilado y sumar a esto el dolor de la impunidad. El silencio en cierta medida nos vuelve cómplices, por lo que requerimos hacer presión social para que haya justicia. No podemos devolver los ojos a los que los perdieron, pero sí podemos actuar en contra del dolor que causa la injusticia y la indiferencia, alzando la voz para que haya verdadera justicia [Pr.31:9]. En efecto, el deseo de Dios es “que la justicia sea tan corriente como el agua, y que la honradez crezca como un torrente inagotable” [Am.5:24].

Por último, es tiempo de predicar la esperanza. Esa esperanza que “cuando se haya terminado la opresión y desaparecido el tirano, el trono tendrá como base la dulzura y en él se sentará un juez amante del derecho y dispuesto a hacer justicia” (Is 16,5). Este Juez es Jesús, quien tiene el poder para sanar las heridas profundas del corazón y enjugar toda lágrima. Jesús sufrió la tortura y el abuso de poder de la policía de su tiempo, y lo hizo por amor a nosotros. Pon tus ojos en Jesús.

¡Alza la voz y proclama la esperanza a los que han sufrido injustamente a causa de la violencia de estado!

La pintura fue realizada por Damaris Rubi Romero, pintora peruana, en una intervención que realizamos en una manifestación en Valparaíso-Chile, en febrero de 2020.

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