Catástrofes, señales antes del fin y la venida del Señor.

Cada vez que se produce una catástrofe, de cualquier tipo, hay quienes aparecen con discursos de retórica cristiana del fin de los tiempos, pasa con los terremotos, las guerras, los incendios y ahora con el coronavirus que podríamos considerar “una peste”. Mateo 24 y Marcos 13 se vuelve un hit, y los predicadores apocalípticos con discursos del terror proliferan con poca esperanza y más bien pánico.

La verdad es que terremotos, pestes y guerras siempre hemos tenido (solos los interpretamos escatológicamente cuando nos caen a nosotros encima, pero “incendios así” ocurren en el mundo todos los días), en la Edad Media era totalmente habitual también, y durante la Primera y Segunda Guerra Mundial en la primera mitad del siglo XX, uf, si yo hubiese vivido esos tiempos también pensaría que estamos a un segundo de “la segunda venida” pues en ese tiempo de guerras, alborotos, muerte, recesión y crisis económica como la del 29, pandemias como la gripe española, genocidios, totalitarismos, racismos, y muerte, Mateo 24, Marcos 13 o Apocalipsis era lo mismo que el noticiero semanal, qué decir de la segunda mitad del siglo XX en Latinoamerica con toda la muerte, hambre y violencia que nos rodea(ba).

En fin, existe literatura apocalíptica así para cada siglo, por ejemplo, en los tiempos de la Reforma, al ver el cisma de la Iglesia Católica provocado por Lutero, el reciente descubrimiento del “nuevo mundo” como era América, la peste bubónica que asolaba a Europa, no pocos pensadores católicos vieron en esos procesos la apostasía, las catástrofes y el cielo nuevo y tierra nueva de la apocalíptica cristiana. Lutero era el anticristo y América el cielo nuevo y tierra nueva lleno de oro.

Cada vez también que se produjo una gran transformación política, nuevos sistemas de gobierno, se habla del “gobierno del anticristo”, sacralizando el gobierno presente y demonizando el siguiente, pasó por ejemplo con la Revolución Francesa, las guerras de independencia o la democracia.

Creo sinceramente entonces, que de todos esos capítulos tan difíciles de interpretar como la “Apocalíptica” cristiana, heredada por cierto del pensamiento judío intertestamentario que esperaba al mesías, los cristianos nunca han leído con atención Mateo 24:14, y Marcos 13:10 que dicen que primero es necesario que la Iglesia cumpla su misión de proclamación del evangelio.

Peor aun, creo que no captamos que nuestra predicación del “evangelio y su justicia” es a menudo tan poco evangélica y tan poco justa, que no estamos ni cerca de cumplir con ese requisito que anticipa “el regreso del Señor”, antes bien, creo que primero debemos convertirnos nosotros mismos, porque el Dios que predicamos es a menudo un ídolo, uno que provee riqueza material, otro que da poder de los reinos de la tierra si lo adoras, otro que no le importa la justicia sino que es un egocéntrico que solo quieren que lo adoren con ritos inútiles y emocionales, otro que legitima la injusticia en su voluntad, o un simple barbón todopoderoso que mira todo desde el cielo y no se involucra ni quiere nada de nosotros sino que somos sus marionetas simplonas al que apelamos para que nos resuelva la vida o para tener un cierto consuelo en ella. Ninguno de esas predicaciones son el “Reino de Dios y su justicia”:

Habiendo sido un predicador callejero por muchos años, tanto en “puntos” como persona a persona, en lo personal, casi me resté de esta labor meramente proselitista hace unos 2 años por observar que, en realidad, los que nos tenemos que convertir somos nosotros, no los que están afuera, quizá después ellos, cuando nosotros reaccionemos (con eso, mucha gente se ha convertido, paradojalmente).

Todas esas versiones idolátricas de Dios que están extremadamente arraigadas en nuestra predicación impiden que estemos siquiera cerca de cumplir el mandamiento de predicar el evangelio en todo lugar, que es el elemento, a mi juicio central de “la segunda venida”, y no las catástrofes que nos vienen ocurriendo más o menos desde siempre. Las catástrofes, según la escatología de Jesús, son señales de que aún no es el fin, lean con atención esos pasajes.

En realidad, este, como todos, es un excelente momento para que la Iglesia se convierta, para que por fin pueda predicar el Reino de Dios y su justicia, pero en serio. Jesús decía ay de vosotros fariseos, que viajan largas distancias para hacer un prosélito (un converso) y lo transforman dos veces más hijo del infierno que ellos mismos. Qué dura acusación, Dios nos ayude sinceramente, pues ese pasaje nos interpela a nosotros que somos religiosos y creemos estar cerca de Dios.

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