Reflexión en torno al plebiscito constituyente.

 

 

84106516_109291887311418_4397255322293501952_o.pngHoy es 26 de abril de 2020, día en que Chile iba a realizar el Plebiscito por una Nueva Constitución.

Es decir, una votación popular en la que se consultaba si continuar con esta Constitución actual, de 1980 o iniciar un proceso democrático para la realización de una nueva, por medio de la elección de representantes que la redactarían para someterla a un nuevo plebiscito de salida.

Dicho proceso histórico e inédito en nuestra historia se aplazó para octubre de este año, pues el covid-19 irrumpió sobre la vida de prácticamente todo el planeta, modificando nuestro diario vivir y cada uno de los planes que todos teníamos, sean políticos, empresariales, eclesiales, o de fundaciones, institutos educacionales, deportes, espectáculos, todo ha sido modificado, y sobre todo, familias han sido tocadas por medio de vidas que ya no están con nosotros.

En medio de esta fecha no puedo dejar de reflexionar sobre lo que eso significa en medio de nuestro mundo canuto.
Como sabemos, los evangélicos hemos sido un actor político relevante los últimos años, lamentablemente, no por los asuntos más cristianos que digamos, se han levantado voces que diciendo defender “valores cristianos” pretenden completar sus agendas de poder personales, hablando de un solo tema central y monolítico: la moral sexual de los demás. Esos son los “valores cristianos” para ellos, negar la igualdad con homosexuales y trans, y rechazar el aborto, son pues, valores “del ombligo para abajo”.

En ese contexto, no tienen problema con apoyar a gente con pésimos testimonios por flagrantes casos de corrupción, no importa si dicen que las AFPs son el mejor invento del mundo, si reciben financiamiento de ISAPRES, si aman la impunidad contra los detenidos desaparecidos, si justifican la brutalidad policial, o sostienen que la gente es pobre porque es floja sin reconocer la explotación y el abuso, si la persona en cuestión está de acuerdo con la “ideología del ombliguismo” es cristiana, hay que votar por ella, no importa incluso sin tienen a su haber casos de corrupción en la misma iglesia, enriqueciéndose con ella, si sostiene la “ideología del ombligo”, la apoyan públicamente.

Peor aún, no solo se conforman con hacer eso, además sostienen cada vez que pueden, a viva voz, dentro o fuera de la Iglesia, que por ello, ellos son representantes del evangelio, y si algún evangélico no razona así, debe ser un falso cristiano, debe ser de mentira, negando la hermandad con cualquiera que no opine como ellos.

Nunca razonan que están mutilando los valores cristianos y que para peor no están comprendiendo que el derecho ni siquiera es una herramienta evangelística para imponer un determinado ideario como el del cristianismo, sino una herramienta de convivencia donde personas cristianas y no cristianan deben convivir y respetarse, de esta manera, su ocupación valórica consiste en que un gay no pueda celebrar un contrato civil de matrimonio, y no tienen nada que decir si un abuelo recibe una pensión de miseria, si muere gente esperando atención médica, o si los trabajadores son explotados. Claramente, no comprenden así ni el derecho ni la ética profética ni de toda la Escritura en cuanto a temas como la acepción de personas, la explotación, la ganancia deshonesta, la inmisericordia, la desigualdad, la destrucción de la creación o el cohecho.

En medio de eso, nos pilló un estallido social, una olla a presión que explotó luego de ser encendida por la flama fuerte y permanente de ante años de postergación, clasismo, segregación económica donde el individualismo, la ambición, el amor al dinero, la inmisericordia y el “sálvate solo” han reinado, donde tiene una verdadera educación y un verdadero acceso a la salud solo aquel que puede pagar sumas que exceden a varios salarios mínimos, generando una desigualdad astronómica que poraliza al país, que genera violencia, delincuencia e incomprensión entre amplios sectores de la sociedad chilena que no se comprenden ni conviven entre sí pues el dinero y poder las separa.

En ese contexto, las mismas voces que han sido cómplices silentes de estas situaciones, apoyando a sus ideólogos y principales benefactores del sistema, lejos de hacer alguna autocrítica o enmendar su rumbo, siguen insistiendo en monopolizar la voz evangélica, siguen con su agenda del ombligo para abajo y no dan ningún paso hacia reconocer toda estas injusticias de las que son participes pues incluso si es que las han reconocido, siguen apoyando a los mismos dueños de intereses económicos y políticos bajo discursos cuya única ocupación es “la ideología del ombligo para abajo”.

En ese contexto, diversas voces nos hemos atrevido a disentir de esta mirada y a proponer una visión en el que el derecho no es una herramienta para perseguir la conciencia de los demás, sino un medio para convivir todos, y donde es necesario que haya justicia, que el trabajo sea bien pagado, que las personas tengan acceso a dignidades mínimas, que no sean medidas por el tamaño de sus cuentas bancarias sino por la dignidad propia de cada cual proyectada por ser creaciones e imágenes de Dios por las que Cristo dio su vida.

Con ese sueño y con una mirada de construir un acuerdo social por primera vez pacífico y participativo, hemos trabajado “por el apruebo” a este proceso. Sin pretender por cierto que nuestra mirada sea la única verdadera, sin atrevernos a tachar de falso cristiano al que no piensa como nosotros, sino presentando argumentos de por qué nuestra postura es un aporte al reencuentro de las personas, hemos optado por decir que votaremos a favor de sentarnos a conversar como sociedad para pensar nuestras reglas de convivencia común en un proceso constitucional.

Desde luego, no es fácil ni nada sencillo decir “tengo tal religión voto tal cosa”, es atrevido y delicado, existe una delgada línea entre eso y el abuso de conciencia, por eso escribo estas palabras, para reafirmar mi compromiso sobre que todo lo que hemos hecho y promovido lo hacemos con responsabilidad, no como una solución a todos los problemas, sino como un paso necesario e ineludible para enfrentar las injusticias que viven nuestros ciudadanos, a decir y hacer esto, porque pensamos que es la salida pacífica a nuestros conflictos, pues es el camino del diálogo en paz ante las tensiones que se viven en el país.

Así que en este 26 de abril, un saludo a todas las canutas, a todos los canutos que quieren aportar a la convivencia nacional, que no tienen miedo a perder privilegios absurdos ni creen en retóricas sin esperanza y base sobre este proceso, sino que tienen compromiso con una ética cristiana integral, donde el amor y respeto por los demás está antes que el proselitismo, que buscan convivir con el otro y no negarlo a pesar de las diferencias, que comprenden que decir a otro “no tienes derecho a existir” es peligroso porque significa que los otros también pueden hacerlo con nosotros tal como propone la regla de oro, y que saben que nuestro Dios no hace acepción de personas, no acepta cohecho, no tolera la injusticia al débil, sino que es protector del huérfano, la viuda, del pobre, que es libertador de esclavos, liberador de oprimidos, que ama la justicia y el derecho y que no es indiferente al dolor de las familias ante la explotación, la postergación, la segregación y el abuso de poder, y que creemos con humildad, sin pretensiones de ser por eso “los de verdad” sino que vemos un camino razonable en votar apruebo a un proceso democrático, pacífico y de diálogo para construir juntos vías de bien común, colaboración y bienestar mutuo.

Nos ha tocado difícil, nos condenan al ostracismo en muchas comunidades de fe, nos llaman herejes y ateos, dicen que tenemos compromisos con el mundo, y sí, tenemos compromisos con este mundo, pues comprendemos que Dios ama este mundo, que se hizo carne de él y le interesa la justicia y la dignidad humana y que no es su voluntad al abuso de poder ni la injusticia, que no es su voluntad las pensiones de miseria, morir esperando atención de salud o tener educación para pobres y para ricos haciendo acepción de personas, mucho menos es su voluntad destruir la naturaleza que él nos prestó para cuidarla y sostenerla.

Un saludo en este día a todo el pueblo evangélico, para que dialogue más y odie menos, para que tenga enemigos a los que amar y no a los que perseguir, para que se reencuentre con la ética evangélica, la profunda, comprometida con el bienestar del prójimo, no importa si es creyente o no, que el pueblo evangélico despierte y vea los verdaderos males que amenazan la vida y la familia como es la miseria justificada por discursos racionalistas en medio de una riqueza suficiente para acabar con el hambre, la desigualdad que separa y divide, y la nula capacidad de reconocer en el otro a alguien válido a quien no solo respetar sino amar.

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