Los amigos cuestionadores de Dios. Salmo 88 y el COVID19

Salmo 88 Oh Jehová, Dios de mi salvación,
Día y noche clamo delante de ti.
2 Llegue mi oración a tu presencia;
Inclina tu oído a mi clamor.
3 Porque mi alma está hastiada de males,
Y mi vida cercana al Seol.
4 Soy contado entre los que descienden al sepulcro;
Soy como hombre sin fuerza,
5 Abandonado entre los muertos,
Como los pasados a espada que yacen en el sepulcro,
De quienes no te acuerdas ya,
Y que fueron arrebatados de tu mano.
6 Me has puesto en el hoyo profundo,
En tinieblas, en lugares profundos.
7 Sobre mí reposa tu ira,
Y me has afligido con todas tus ondas. Selah
8 Has alejado de mí mis conocidos;
Me has puesto por abominación a ellos;
Encerrado estoy, y no puedo salir.
9 Mis ojos enfermaron a causa de mi aflicción;
Te he llamado, oh Jehová, cada día;
He extendido a ti mis manos.
10 ¿Manifestarás tus maravillas a los muertos?
¿Se levantarán los muertos para alabarte? Selah
11 ¿Será contada en el sepulcro tu misericordia,
O tu verdad en el Abadón?
12 ¿Serán reconocidas en las tinieblas tus maravillas,
Y tu justicia en la tierra del olvido?
13 Mas yo a ti he clamado, oh Jehová,
Y de mañana mi oración se presentará delante de ti.
14 ¿Por qué, oh Jehová, desechas mi alma?
¿Por qué escondes de mí tu rostro?
15 Yo estoy afligido y menesteroso;
Desde la juventud he llevado tus terrores, he estado medroso.
16 Sobre mí han pasado tus iras,
Y me oprimen tus terrores.
17 Me han rodeado como aguas continuamente;
A una me han cercado.
18 Has alejado de mí al amigo y al compañero,
Y a mis conocidos has puesto en tinieblas.

El Salmo 88 que acabamos de leer es un lamento, un lamento doloroso y desesperanzador. Se dice que habría sido escrito por Herman, el erzaíta, al parecer un músico y vidente del Rey David, emparentado con el mismo profeta Samuel. Contraria a la imagen que se da, este Salmo no tiene alegría, ni respuestas, ni consuelos, es uno de los tantos Salmos que expresa dolor y preguntas sinceras y honestas a Dios por la desdicha y sufrimiento vividos, y por eso me gusta leerlo, porque nos hace romper esa imagen falsa de relación con Dios en la que parece que siempre tenemos todas las respuestas, y en el que a Dios nos acercamos con miedo y no como una padre al que hacerle preguntas, serias, honestas, directas, claras.

El mundo religioso quiere responder fácilmente a preguntas difíciles, nuestro mundo, sediento del consumismo y materialismo de nuestra cultura quiere que la fe sea el sinónimo de éxito, por ende la depresión es un pecado, la tristeza es falta de fe, la derrota es un espíritu maligno, y relacionarse con Dios de una forma honesta puede ser un sacrilegio, una blasfemia. Sin embargo, la fe cristiana no es ni debe ser así, el Salmo nos expresa lo que sabemos, hay tiempo para todo, hay tiempo también para estar triste, para sentir dolor, nadie te condenará por eso.

Una de las cosas que más me gusta de Abraham es su honestidad y claridad con Dios, cuando sabe que Sodoma y Gomorra serán destruidas por su impiedad, por su abundancia de pan y ociosidad sin fortalecer al afligido, Abraham interviene de una forma atrevida, le dice ¿destruirás al justo juntamente con el impío? Y acto seguido comienza a hacer una serie de cuestionamientos bien serios sobre la conveniencia de este plan. Los Salmos, las Lamentaciones de Jeremías, Jeremías mismo, no dejan de cuestionar constantemente a Dios, no dejan de expresar dolor, derrota, tristeza, dudas, conmoción, se dan lujo de no tener esperanza un momento, de ser débiles, de ser humanos, Jesús mismo exclama ¿por qué me has abandonado Padre? La historia de Jonás también es tremenda en cuanto a las preguntas de Jonás que cuestionan y a las que Dios responde sin molestarse por ello, por preguntar, por dolerse, por enfadarse con Dios mismo.

Es tiempo que lo digamos, está bien que tengamos tristeza, está bien que tengamos dudas, está bien, no es terrible no tener una respuesta, está bien que preguntemos a Dios por lo que pasa y digamos lo que sentimos sobre nuestro alrededor, no es pecado que tengas depresión, no es falta de fe estar derrotado y doliente, no existe “el espíritu maligno de pena”, está bien decir “como el ciervo brama por las corrientes de las aguas, así clama mi alma”, y si “fuera posible pasa de mí esta copa”.

En estos tiempos en que todos estamos sufriendo en algún nivel, hemos visto intentos nobles, y rápidos con libros publicados en tiempo récord incluso por dar una respuesta teológica a la pandemia que vivimos por ejemplo, y no digo que esté mal, pero quizá no nos estamos dando siquiera la oportunidad de estar tristes y de volcar nuestros sentimientos y pesares ante nuestro Padre, no debemos saltarnos esa etapa, no tenemos que huir de ella. Hay tiempo para todo, tiempo de llorar y de reír, tiempo de cuestionar y tiempo de responder, la respuesta estará un día para nosotros y para los demás (los apologistas deben considerar esto antes de, por ejemplo, tratar de absurdas las dudas de la gente), el consuelo vendrá en todas nuestras tribulaciones, la hora más oscura y más fría de la noche es justo antes del amanecer, pero no es inmediata ni tiene por qué serlo, anunciamos con esperanza que vendrá, y que debemos buscarla, pero que no nos absorba la cultura de lo “exprés”.

A veces un “esto no lo entiendes ahora pero lo comprenderás después” un “hoy vemos borrosamente, como por espejo pero un día conoceré como fui conocido”, debe ser suficiente, no respuestas sino esperanza para seguir buscando, no como culto a la irracionalidad o fideismo, sino como saber que bebemos de una fuente inagotable de conocimiento que siempre podemos conocer mejor.

Esto no lo digo para que nos hundamos en la tristeza y en la desesperación, solo para que sepamos que, cual padre amoroso, cual madre que nos da su abrazo consolador, Dios no nos reprocha que tengamos nuestros momentos de dolor y duda, y se los entreguemos con honestidad, para que busquemos a esos amigos y hermanos en la fe a lo que como Pedro, Juan y Santiago, les podemos decir: “Mi alma está muy triste hasta la muerte; quedaos aquí, y velad conmigo.”.

La tristeza dice la Escritura, dice una famosa alabanza, puede durar toda la noche, el llanto puede ser largo, pero al final amanece, no huyamos de la noche ni del llanto ni de la duda, es indeseable pero existe, solo debemos saber que existe un amanecer, que ahora no está, pero viene.

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