Antes de dormir, un poema, del gran Frederick Douglass

Antes de dormir, un poema, del gran predicador metodista, ex esclavo estadounidense, reformista y activista por los derechos de los negros y las mujeres, el gran Frederick Douglass, aquí un poema donde describe el sistema esclavista estadounidense y sus vínculos con la religión en USA:

Venid, santos y pecadores, oídme contar
como piadosos sacerdotes azotan a Nell y Jack,
y compran mujeres y venden niños,
y predican que los pecadores al infierno irán,
y cantan la unión celestial.

Balan y gimen y berrean como cabras,
se tragan una oveja negra y cuelan las motas,
se cubren con negras chaquetas delicadas,
luego agarran a sus negros por el cuello,
y los ahogan, por la unión celestial.

Te imponen penitencia si tomas un trago,
y te condenan si robas un cordero;
pero privan al bueno de Tony y a Doll y a Sam
de derechos humanos y de jamón y pan
del raptor es la unión celestial

Leen y cantan un canto sagrado,
y oran una larga y sonora oración,
y enseñan el bien y practican el mal,
saludando al tropel de hermanos y hermanas
con palabras de unión celestial

Nos asombra que pueda cantar;
o alabar al Señor en la iglesia,
unos santos que gritan, flagelan y humillan
y que a sus esclavos y a Mamón se aferran,
en una culpable unión de conciencias.

Cultivan tabaco, maíz y centeno,
y explotan y roba y engañan y mienten
y en el cielo amontonan tesoros,
blandiendo la vara y el látigo,
esperando la unión celestial.

Le parten el cráneo al buen Tony
y predican y mugen cual toro de Basán,
o burro que rebuzna, llenos de maldad,
y al bueno de Jacob agarran por los pelos
y tiran de él por la unión celestial

Un pulcro robahombres que chillaba y gritaba,
que se alimenta de carnero, de buey, de ternera;
pero que nunca se dignó ayudar
a los pobres negros hijos del dolor;
estaba henchido de unión celestial.

“No ames el mundo”, dijo el predicador;
y movió la cabeza y un ojo guiñó;
y se apoderó de Tom y de Nick y de Ned
y les racionó la carne y la ropa y el pan
pero amaba mucho la unión celestial.

Otro predicador hablaba quejumbroso
de Uno que se afligía por todo pecador;
y ató a la vieja Nany a un roble;
e hizo saltar a cada golpe sangre
y rezaba por la unión celestial.

Abrían otros dos las quijadas de hierro
y movían las zarpas ladronas de niños;
asentaban en bagatelas a los niños suyos;
y azotando espaldas y vientres de negros
mantenían la unión celestial.

A Jack todo lo bueno otro se lo arrebataba,
y agasaja a sus casquivanas y a sus libertinos,
que van atildados como tersas serpientes,
y se llenan la boca de pan endulzado;
y en esto consiste la unión.

“¡Lector! ¿Estás con los ladrones de hombres en simpatía y propósito, o del lado de sus víctimas pisoteadas? Si con el primero, entonces eres el enemigo de Dios y el hombre.”

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