La retórica del anti “nuevo orden mundial” en el mundo evangélico.

Muchos evangélicos, siguiendo muchas veces más vídeos conspiracionales de youtube que la Escritura o la tradición cristiana, predican sobre el eventual advenimiento de un nocivo y diabólico “nuevo orden mundial” al que aparentemente se oponen, naturalmente, porque sería obviamente satánico.

De esta manera disciernen políticamente: existe una conspiración diabólica en cualquier forma política nueva.

Evidentemente, yo no diría jamás que “lo nuevo” solo por ser nuevo es bueno, que sería el mismo extremo al revés, sino que quisiera razonar con ustedes sobre los problemas de este razonamiento.

Si no oponemos “a lo nuevo” porque “es obvio” que es malo y diabólico, tenemos que observar un concepto implícito ante esa aseveración ¿es lo actual bueno y divino? Si “lo que viene” es diabólico ¿estamos ahora en lo divino o es diabólico “también”?

Porque si lo malo “viene” entonces ahora no está, entonces actualmente ¿estamos en lo bueno?

La respuesta obviamente es no, no estamos en lo bueno, ni en lo divino, ni nada de eso, tenemos un mundo lleno de hambre, guerras, injusticias, opresiones, impunidades, violencias, desigualdades, discriminaciones, exclusiones y divisiones, las mujeres venden su cuerpo para comer, los hombres golpean a sus mujeres y caen el delincuencia y la droga, las familias son destruidas por la usura, el endeudamiento, la miseria, la explotación, el costo de la vida y la violencia sexual, los abuelos son despreciados y considerados cargas negativas con pensiones cada vez más mala. El hambre sigue aumentando, la destrucción de la Creación sigue ampliándose con toda su catástrofe humanitaria, los asesinatos de indígenas y de defensores del medio ambiente no se detienen, la desigualdad crece con los años, el racismo, la discriminación aumentan, la corrupción política se mantiene y aun crece, no estamos claramente “en lo bueno” ni en la voluntad de Dios, estamos en lo diabólico, pues lo diabólico “roba, mata y destruye”.

Entonces ¿tiene sentido temer a lo “nuevo” porque se presume malo cuando ya estamos en lo malo? No.

La cosa debería ser al revés, necesitamos anhelar y producir cambios, transformaciones, por supuesto que necesitamos “nuevos ordenes” nuevas economías, nuevas políticas, nuevos políticos, nuevos sistemas que corrijan los que tenemos, que se hagan cargo de este camión descontrolado lleno de dinamita que en lugar de bajar su velocidad hacia el choque inminente la está subiendo permanentemente mientras muchos gritan queremos más velocidad y mientras unos pocos ven el caos que viene, al que llamamos humanidad.

¿“Lo nuevo” será bueno solo por ser nuevo? Claramente no, lo nuevo será bueno si se guía por una ética de amor al prójimo, de no amar a las riquezas que es raíz de todos los males, será bueno si pone valor en las personas y no en las cosas, si pone énfasis en el bien común y no en el individual, si mira el largo plazo y no el corto, si pone énfasis no en la utilidad y crecimiento en un mundo con recursos limitados sino en la dignidad de las imágenes de Dios, las personas y en la mayordomía de la creación.

Si el énfasis sigue siendo crecer en un mundo limitado y colapsado en cuanto a la disponibilidad de recursos y no en que todos vivan bien con lo que hay con una producción sustentable, entonces vamos a perecer.

Tan necios y ciegos somos que nos hacen vivir aterrados con los males imaginarios que vendrán bajo el aterrador concepto de “nuevo orden” que no somos capaces de ver los males reales y actuales que están justo frente a nosotros en el “actual orden”.

Ya decía Pablo, “no se conformen a este siglo, sino sean transformados”, nosotros en cambio decimos “estamos conformes con este siglo, no queremos transformaciones porque es obvio que serán malas”. Un cristiano, tal como los profetas, tal como Jesús, tal como la iglesia primitiva, tal como los reformadores, no puede ser un conformista, debe ser un reformista, un transformador, un renovador, un corrector ¿de qué cosa? ¿De las libertades ajenas o de la conversión forzosa? No, debe ser una persona que viva, predique y practique la justicia con lo demás, para que amando y buscando la paz de los demás, la gente vea la gloria de Dios en nuestro corazón y vida.

Las religiones y el cristianismo, cuando ha perdido su esencia, se acomodan junto al poder, obtienen privilegios, obtienen beneficios y participa de él, y se sienten cómodos, felices y así se olvidan del huérfano, se olvidan de la viuda y el extranjero, se olvidan de los oprimidos, se olvidan de los pobres, los trabajadores, los esclavos y los excluidos y postrados ante “aquel que promete todos los reinos si le adoras” comienzan a tener miedo a perder su poder, miedo a perder las riquezas y favores que tiene, y se transforma en defensora de lo establecido y opositora tenaz del cambio, primera línea del “dejemos todo como está”.

Cuando luego de siglos de dominación y colonialismo, en América comenzó la idea de la independencia, siguiendo las nuevas ideas y nuevos órdenes de la revolución francesa, el fin de los mayorazgos, el fin de los títulos de la nobleza, el fin de los privilegios de cuna, el advenimiento de un orden político democrático, basado en nuevas ideas, la Iglesia se opuso tenazmente a ese nuevo orden, lo acusó de satánico y estuvo aterrada con él, dijo que era ateísmo, desobediencia a la autoridad y a Dios, antirreligiosidad, odiosidad, etc.

Pasó el tiempo y las revoluciones modernas vencieron y los países se independizaron de sus colonias dando lugar a nuevos ordenes en el mundo, nada de lo que advirtieron sucedería sucedió, y la iglesia volvió a acomodarse junto a las estructuras de poder de la democracia y la República a la que tanto se opuso, de hecho es capaz de reivindicar a sus militantes que como minoría formaron parte de las reivindicaciones para adorarlos como héroes y edificar sus tumbas cuando en vida fueron considerados su peor dolor de cabeza y atribuirse así el mérito de los cambios sociales que protagonizaron. Se olvidó de su vieja retórica y hoy y ahora bendice las estructuras actuales y teme nuevamente a los cambios, y así, un ciclo sin fin, donde el común denominador es olvidar el clamor de los “que no caben” de los que están unidos “en el baile de los que sobran” para proteger el statu quo.

¿Qué si quiero nuevos ordenes nacionales y mundiales, nuevas economías, nuevas formas políticas? Por supuesto que sí, los quiero porque soy cristiano, y veo que el mundo actual y vigente es realmente satánico y lleno de males, lleno de injusticias, no puedo estar conforme con lo que tenemos.

¿Qué si lo nuevo puede ser igual o peor de malo? Pues claro que puede serlo, sin embargo, allí hay una diferencia, como cristiano tengo esperanza, no pesimismo, como cristiano no quiero huir de este mundo, sino ser sal en él, como cristiano creo que Dios está en Cristo reconciliándose con la humanidad y llamándola a ello, para que nos amemos unos a otros y vivamos en paz, si en eso fallamos podremos decir que nos engañaron o que nos equivocamos, pero no podrán decir que perseveramos en lo que sabíamos estaba mal porque tuvimos miedo a lo nuevo, satanizando el futuro y amando el presente y su mal, divinizando lo existente y haciéndonos ciegos al dolor de la gente.

Por favor, menos teorías conspirativas y más esperanza, menos youtube y más datos duros sobre la miseria y opresión el mundo, más compromiso con el cambio sin ingenuidad, esto es, con lucha, y menos compromiso con dejar todo como está para profundizar vian inacción las injusticias y dolores de nuestro siglo.

Es gracioso que crean que viene un mundo gobernado por, que sé yo, los que tuvieron el poder de poner su símbolo en el dolar, (ojo de la providencia o ojo que todo lo ve) y no ver que si alguien puso su símbolo en el billete más importante del mundo, y de la nación que muchos llaman “cristiana” y “elegida”, quiere decir que el poder e influencia de esa gente, ya está instalada, no viene, sino que es.

Lo otro que es impresionante es que haya quienes en serio creen que luchan contra algo que denominan como “nuevo orden mundial globalista” o “globalismo” y con ello se oponen a los esfuerzos de organismos internacionales que trabajan por la paz, la salud, contra hambre y el respeto de los derechos humanos, esto es la dignidad humana y el respeto de las culturas, religiones, cosmovisiones y diversas formas de vida (luchan contra la ONU, Unicef, OMS).

Sin embargo, esos mismos que luchan contra estos esfuerzos benignos (y muy cristianos por lo demás) , a pretexto de lucha contra el “globalismo” no se oponen sino que apoyan a políticos que con retóricas nacionalistas no obstante siguen todas las imposiciones del globalismo económico como el Fondo Monetario Internacional, o el Banco Mundial, quienes sí interfieren y mucho en las decisiones y recursos internos de los países a través de sus órdenes neoliberales.

Así, los supuestos luchadores contra el globalismo anti ONU, son en realidad defensores de un globalismo económico transnacional que no cede ante las dignidades de las personas, ese es todo su objetivo, reventar todo esfuerzo por corregir las injusticias globales y promover la explotación global, por eso esos mismos antiglobalismo antionu, votan a favor del tpp, votan a favor de los tratados de libre comercio y siguen todas las instrucciones ideologico económicas del Fondo Monetario Internacional que intervienen las decisiones internas de los países.

No pueden ser en realidad anti nuevo orden y anti globalistas si siguen apoyando el neoliberalismo económico y su poder transnacional mercantil, si dicen ser anti globalistas anti ONU y a la vez apoyar el libre mercado, lo que en realidad son es globalistas que no creen que deban existir condiciones mínimas de dignidad humana y paz en medio de la aldea global sino que gobiernen el mundo las corporaciones transnacionales, por eso son útiles al poder, rascan donde no pica, sino donde sirve a ese poder con el que dicen luchar. Vaya paradoja, son antiglobalistas pro mastercard, por lo tanto, no son anti nuevo orden mundial, son pro nuevo orden mundial pero in límites para el poder económico.

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