Por supuesto que Jesús NO era un “jipi”.

Por supuesto que Jesús NO era un “jipi”.

Jesús nos mostró el amor de Dios, Jesús nos mostró la compasión y la misericordia de Dios, que como gallina quiere reunir a sus hijos bajo sus alas, que de tal manera ama al mundo que da su vida por él, que toma forma de siervo, que vive entre los humildes y quebrantados, que hace salir el sol para justos y pecadores, que es un Padre que ama a su hijo desobediente, que vive humildemente y no busca para sí sino darse por los demás.

Sin embargo, claramente Jesús no es un “hippie”. Se enoja, se irrita, es duro, es directo, diría incluso que insulta a gente y en su cara le enrostra su pecado y su maldad, los descubre y los ataca de forma directa, polémica y confrontacional, incluso con algunos se niega a hablar, a otros les responde casi con ironía.

A mucha gente le encanta este segundo aspecto, lo invocan siempre que pueden, se deleitan en ese Jesús que enrostra la maldad o es capaz de gritar o irritarse.

Sin embargo hacen trampa y lo hacen contradictorio. Jesús se irrita, sí, se enoja Jesús sí, es duro y directo Jesús sí, pero no con cualquiera, no con todos, con algunos nada más, gente muy particular que lo saca de quicio de forma muy clara.

Jesús detesta a los religiosos que siguen rituales y formas pero no la misericordia, le molesta en exceso las tradiciones que se usan para negar la bondad o el amor o incluso cuando se usa la ley para negar la vida y el bienestar de los demás.

Jesús no soporta a los maestros de la ley que se creen superiores que los demás y los tienen por pecadores y no se juntan con ellos.

Jesús se irrita con aquellos maestros que ponen pesadas cargas a los demás, pero ellos no se atreven a llevar nada semejante.

Jesús no tiene paciencia con los líderes que buscan puestos, honores o quieren ser vistos. Es tan duro, que dice que cuando ganan conversos, los hacen más hijos del infierno que ellos mismos.

Jesús se molesta con los que se jactan de ser santos cuando en realidad esconden sus hipocresías, también le irrita que se crean dueños de la verdad y piensen que solo ellos son autorizados a predicar o enseñar.

Jesús realmente no tiene paciencia con los mercaderes de la fe, puede incluso vandalizar sus actividades.

Jesús desprecia de forma muy sincera a Herodes ese falso Rey al que muchos judíos amaban porque se hacía llamar judío gobernaba para sus intereses en la mantención del templo a costa de su sumisión a Roma.

Jesús es muy duro con los escribas, los fariseos y todos los maestros de la ley por sus impiedades.

Jesús se molestaba mucho con los religiosos que veían los crímenes hechos por sus antecesores contra los profetas y servidores de Dios y sin ninguna autocrítica ni temor ni reconocimiento “edificaban sus tumbas diciendo que ellos jamás harían eso”, decía que con eso daban testimonio de ser exactamente iguales a ellos.

A todos ellos, Jesús los confrontó, los atacó, o a veces ni siquiera les dio su tiempo ignorando sus preguntas o respondiendo evasivamente, otras les indicó que estaban perdidos, les dijo zorras, lobos rapaces, mentirosos, hipócritas, y condenados. Discutió duramente con ellos y los atacaba públicamente, delante de todos.

Jesús fue duro con los líderes religiosos de su tiempo y con líderes políticos que se valían de la religión como Herodes, y todo amor con los pecadores más despreciados de la religión o las personas más ignoradas por esta: samaritanos herejes, extranjeros, prostitutas, publicanos, pobres, leprosos, enfermos, condenados, ladrones, adúlteras, mujeres, niños, e ignorantes de la ley de Moisés, a todos ellos trató con amor profundo, sin juicios, sin irritación, sin desprecio. Él solo despreció a los que despreciaban a esas personas. A ellos y solo a ellos juzgó y confrontó duramente.

La iglesia en cambio, nosotros, actuamos al revés, tenemos compasión con nosotros mismos, con nuestros líderes, con nuestra hipocresía con nuestros mercaderes de la fe y queremos ser duros con la gente que está afuera, con los condenados de siempre, con los que nadie ama ni tolera, con los que saben bien que son pecadores y queremos enrostrárcelo dejárselo claro cada segundo, despreciar más y más a los excluídos y los que representan el ejemplo de lo que no hay que hacer.

En cambio, con nosotros mismos, con nuestros errores pasados y presentes como iglesia, los queremos esconder, los tapamos, decimos “son cosas del pasado” “olvidémoslo” “nosotros no lo haríamos” y tratamos de esconderlos y no darles importancia. Y con eso damos testimonio que Jesús está irritado contra nosotros.

Sí, Jesús está enojado, y no es nada pacífico, con los que usan esa imagen de Jesús para sentirse superiores a los que están fuera, precisamente los líderes religiosos que aman juzgar a todos menos a sí mismos y sus practicas, instituciones, tradiciones y formas.

La iglesia debe imitar a Cristo, aunque la iglesia no es perfecta como él, y por lo tanto, toda su dureza debe ser con si misma y sus impiedades, inmisericordias, con su propio poder institucional y su deseo de juzgar a los demás y creerse superior a ellos, eso es lo que nos toca. Así de dura es la cosa, y es que Jesús no era un hippie.

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