La desigualdad social en la muerte por COVID-19, por Betsabé Ávila Contreras.

Dada la contingencia referente al funeral del tío de nuestro presidente de la República quien fuera arzobispo de La Serena Bernardino Piñera, a las acusaciones contra el arzobispo no me pronunciaré, pero al incumplimiento de las normas sanitarias, sí.

Nacida y criada en el evangelio, cuna de oro dirán mis hermanos pentecostales, siempre ha sido parte de mi ADN el servicio, el socorrer a nuestras hermanas y hermanos, pero sobre todo a quien lo necesite, ejemplo que veo de mi madre,
inspirada en ello quiero contar brevemente la vivencia y experiencia cercana respecto a los protocolos que infringió nuestro presidente y sus asesores.

La ultima semana de septiembre del año 2019 conocí en el hospital Barros Luco al hermano Demetrio Ávila Pérez, de 99 años de edad, lo conocí ya que mi madre junto a dos hermanas en la fe se hicieron cargo del anciano (en el año 2018) quien no tenía familiares, solo sus hermanos en la fe y dado a su estado de total indefensión se vieron en la necesidad de ingresarlo a un hogar de ancianos privado y pagado por nuestros hermanos en la fe, en septiembre del año pasado superó una operación a la cadera contra todo pronostico y sobrevivió hasta el día 3 de junio del presente año, día en que fue llamado a la presencia de nuestro Dios, causa de su deceso Covid-19.

Nuestro hermano en la fe, mi amado hermano Demetrio Ávila Pérez fue un fiel servidor de Cristo, llamado al evangelio a los 20 años llegó a la antigua jotabeche-40, resumiendo una historia de vida llena de fe y esperanza, pero por sobre todo amor de Dios.

El día 3 de junio a las 6:00 am nos llaman del hogar de ancianos, llamado que nos despertó a todos en casa, para darnos la noticia del deceso de nuestro hermano Demetrio.

Una mezcla de sentimientos, sabiendo que nuestro hermano descansa y que se fue en paz, ya que por testimonio de la cuidadora le dijo la noche anterior: “vaya a descansar no más mire que si me tengo que ir, me voy”, se fue, pero se fue a
descansar, no tengo dudas que Dios lo llamo a su presencia.

A las 11:00 am viene uno de los procesos más duros al que me he tenido que enfrentar; ver familias desesperadas intentando realizar los trámites de defunción de sus seres queridos en el Registro Civil, y digo que es un proceso duro ya que existe una pandemia, el miedo a contagiarse y saber que no vas a poder despedirte de tus seres queridos con un servicio fúnebre digno.

Posterior a este trámite, nos reunimos fuera del hogar con los encargados de la funeraria quienes ingresan al hogar de ancianos para retirar el cuerpo, ver como bajan desde la carroza la “bolsa mortuoria”, evidentemente con mi madre no pudimos ver el cuerpo, ya que por el riesgo de contagio no ingresamos al hogar, sale el féretro completamente sellado, acto seguido una carroza y nuestro vehículo que se dirigen al cementerio.

Mientras manejaba recordaba que el 20 de septiembre Demetrio cumplía 100 años y yo quería realizar su cumpleaños, pero eso no se iba a realizar… llegamos al cementerio y el protocolo era estricto, allá nos esperaban 4 hermanos en la fe, los funcionarios del cementerio nos
dieron instrucciones concretas, no pudimos siquiera tocar el féretro, ingresó la carroza nosotros cantamos unas alabanzas mientras la carroza llegaba a la tumba, recordamos
muy brevemente la vida de nuestro amado hermano, en total fuimos 6 personas, sin instrumentos como estamos acostumbrados en nuestra iglesia, sin un coro, un par de
himnos a capela y a la casa.

Hoy al despertar recibo el video en que existió un funeral con instrumentos de cuerda, un sepelio con camarógrafos y fotógrafos, con familiares no directos, un pariente pidiendo ver el cuerpo y a sabiendas de que no se puede… me pregunto como cristiana, por qué esa diferencia, el clasismo es real hasta en una pandemia e incluso si esa pandemia te ocasiona la muerte.

Pensaba en el día 3 de junio del presente año en que mi hermano Demetrio Ávila a los 99 años partió del escenario de esta tierra, sin un velorio, sin un sepelio en el que estuviera una guitarra y una mandolina o un acordeón, sin un “Cuando allá se pase lista” o “En el cielo una morada”, yo como hija de Dios comprendo plenamente que la palabra de Dios es clara e incluso quiero citar un versículo que me conforta “Porque para mi el vivir es Cristo, y el morir es ganancia” Filipenses 1:21, pero aún así no dejo de pensar en las miles de familias y amigos que no se han despedido de sus seres queridos, es por esto que escribo este humilde texto, para decir que el principio de igualdad ante la ley no se cumplió y esto no es solo un tema de legalidad sino de calidad como seres humanos, no nos olvidemos que hay personas que lloran a sus deudos y que no han asistido a sepelios.

Para finalizar, no me puedo despedir sin antes enviarle un abrazo de amor y paz a cada uno de quienes hemos perdido fieles guerreros en la fe, duele, duele no despedir como quisieramos pero Dios nos confortará, dará paz y así lo creo fielmente. Nos veremos pronto en gloria.

Apocalipsis cap. 21 vers. 4 “Enjugará Dios toda lágrima de los ojos de ellos; y ya no habrá más llanto, ni clamor, ni dolor; porque las primeras cosas pasaron”.

PD: soy Ávila como mi hermano Demetrio pero es solo alcance de apellido.

 

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