¿La Constitución de Lagos o de Pinochet?

El debate sobre la firma de la actual Constitución es en realidad bastante irrelevante. Lo importante es en realidad que nuestra Constitución nunca ha sido democrática, nunca ha llevado el origen en el pueblo chileno y por ende no da unidad.

Ahora bien, incluso si la actual Constitución la hubiese firmado un santo o hubiese sido democrática, lo cierto es que la actual Constitución no da el ancho para los desafíos que estamos viviendo, relativos a la crisis de representatividad, a la concentración del poder, a la independencia de los poderes del Estado, o a la capacidad para abrir la democracia en lugar de cerrarla, pues traba las reformas sociales declarándolas inconstitucionales en la forma o en el fondo.

Sin embargo, claro debo ser, Lagos sí firmó algo, y no fue en realidad una Constitución, sino simplemente un decreto, el Decreto N°100 que sistematiza la Constitución de 1980 que es en realidad un Decreto Ley (N°3464 de 1980). Con este acto quiso maquillar el hecho que una Constitución de una república democrática llevara la firma de un genocida. Pero como todo maquillaje es simplemente una mentira. La letra chica que tan aburridos nos tiene.

El título que les comparto aquí lo evidencia, lo firmado es el decreto que sistematiza la Constitución del 80. El concepto “Constitución de 2005 o Constitución de Lagos” no existe en el constitucionalismo chileno, lo inventaron más o menos en noviembre de 2019, los mismos que celebraron la Constitución sangrienta de 1980, tan pronto la vieron en peligro, avergonzándose de su origen pero no de su fondo.

Espero sinceramente que la Constitución futura no lleve la firma de nadie ¿por qué debería firmarla alguien? ¿Cuál es su sentido? Que lleve, simplemente, la afirmación de ser la primera constitución participativa de Chile, que nos dé un proyecto de país en que reconozcamos los desafíos que se nos avecinan, en que podamos establecer un marco de respeto y sana convivencia entre cada habitantes, fe, ideología y pensamiento, y sobre todo, un marco de mayor solidaridad y justicia.

Por ahora tenemos entonces el decreto presidencial N°100 de 2005 que reordena el decreto ley (Los decretos leyes son las normas que impone un dictador) N°3464 de 1980, pero tenemos la oportunidad de tener una Constitución que sea eso, una Constitución y no un decreto, un contrato social hecho democráticamente y no un asalto hecho por un grupo pequeño de poder a fuerza de tanques.Debemos recordar que el Constitucionalismo ha sido considerado, entre otros, como una secularización de la eclesiología democrática reformada y anabautista. Tenemos mucho que aportar allí.

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