Aportes evangélicos a la tradición constitucional chilena

Dos desconocidos aportes evangélicos a la tradición constitucional chilena, fueron los trabajos del Dr. David Trumbull, padre de la presencia evangélica en Chile y del español don José Joaquín de Moras.

El pastor congregacionalista David Trumbull era doctor en derecho, y escribió uno de los primeros libros sobre Historia Constitucional Chilena “The constitutional history of Chili”.

El Dr. Trumbull fue un claro activista para la reforma a la Constitución de 1833 con el fin de obtener libertad de conciencia religiosa, por esto sufrió gran resistencia por parte del conservadurismo que afirmaba que la libertad de conciencia y la laicidad del Estado era un ataque a la verdadera religión y la Iglesia, era el ateísmo impuesto por el Estado y un sacrilegio a la verdad.

Trumbull escribió: “Se planea introducir otros cambios que hagan plena justicia a nuestros derechos, a los derechos de todas las personas como criaturas de Dios, para poder adorarlo conforme a su palabra y conforme lo dijeron nuestros padres: “Sin malicia a nadie, y con solidaridad para con todos” pedimos que nadie sea agraviado, sino esto para nosotros, para nuestros hermanos y para nuestros compatriotas, que se nos concedan los derechos que Dios ha hecho inherentes a todo ser humano…”

Trumbull luchó por diversas leyes laicas, como los cementerios laicos, los matrimonios mixtos y seculares, y el derecho a predicar su fe. Consiguió con eso leyes y una reforma a la Constitución de 1833. Uno de sus aprendices, el pastor presbiteriano chileno Jose Manuel Ibañez Gumán fue redactor de la ley de Registro Civil.

Accedan aquí a su libro en la Biblioteca de Harvard: https://curiosity.lib.harvard.edu/latin-american-pamphlet-digital-collection/catalog/43-990101355020203941

José Joaquín de Moras fue un español, convertido en protestante, cuestión que reveló al final de su vida, él redactó la Constitución de 1828, de carácter liberal, que eliminó los grupos privilegiados, desestimó la “seguridad” como el elemento central del Estado, puso énfasis en la libertad, la igualdad y eliminar el abuso de poder, estableciendo por ejemplo la prohibición de realizar allanamientos sin orden previa.

Fue un golpe decisivo a la cultura monarquica autoritaria y oligarca, fundante de la tradición constitucional chilena democrática, con reconocimiento de derechos de los ciudadanos, Portales y el conservadurismo lo desterrarían y establecerían la Constitución autoritaria y conservadora de 1833, la cual caería nuevamente recién en 1925.

José Joaquín de Moras es considerado padre del derecho público chileno, impartió las primeras clases de derecho público en Chile a través del Liceo de Chile, y estableció las bases de la tradición constitucional republicana y democrática de Chile, que influenció a otros importantes políticos progresistas como el liberal Domingo Amunátegui Solar, hombre clave en la lucha por la igualdad religiosa, admirador de José Joaquín de Moras y de otro gran canuto, el gran Diego Thompson, apóstol de la educación pública en Chile.

Se trata de protestantes que no tenían miedo al cambio, sino que lo anhelaban, no solo para sus intereses sino también el de los demás, y que recibieron fuerte resistencia por parte del poder oligárquico, tradicionalista y conservador. Dos referentes que podemos mirar en estos tiempos. Asimismo, la Constitución de 1925, primera Constitución que reconoció un catálogo de derechos a los ciudadanos, reconoció la función social de la propiedad y además el acceso a derechos sociales, fue la que estableció y consolidó la libertad de conciencia religiosa y la separación de la Iglesia Católica del Estado, la cual fue ampliamente celebrada por todo los evangélicos chilenos.

Hoy podemos aprender de todo esto, para ponernos del lado no del miedo, sino del diálogo, ponernos del lado de la esperanza antes que de la frustración, y ponernos del lado del servicio antes que del mero interés personal, ponernos del lado de la justicia antes que nuestra comodidad.

Amos 5:24 ¡Pero que fluya el derecho como las aguas, y la justicia como arroyo inagotable!

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