Recordando a Joane Florvil pasados 3 años de su muerte.

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Hoy, 30 de septiembre, se cumplen tres años de la muerte de nuestra hermana en la fe, Joane Florvil.

Mujer, migrante, extranjera, haitiana, negra. Que vino a nuestro país cual Jacob migró a Egipto en búsqueda de una mejor situación, cual Jesús huyó a Egipto para salir a mejores condiciones, cual Ruth cambió Moab por otras tierras donde hacer su vida. Y que nosotros como chilenos, en lugar de amar al extranjero como a nosotros mismos, en lugar de cumplir el “fui extranjero y me recibisteis” de Jesús, le dimos el peor de los recibimientos.

Acusada, cual José, cual Mardoqueo -como extranjera- de un crimen que no cometió, enjuiciada públicamente bajo la calumnia de abandonar a su bebé. Ella nunca lo había hecho, fue un horrible malentendido, pero la prensa la mostró en todo lugar como malhechora aprovechadora y mala madre, la gente la humilló cual Jesús como criminal, por algo que ella no hizo ni haría jamás, si supimos en su funeral que -siendo adolescente- ella, que vivía en la frontera de Haití con República Dominicana, encontró un bebé abandonado y ella misma se hizo cargo de él como mamá, como si fuera un hijo de su vientre, como buena madre de familia.

Y en el hipotético caso de que sí hubiera sido así, si ella cual Agar, hubiera abandonado a su bebé para no verle sufrir ¿no deberíamos mirarla con los ojos salvadores y misericordioso que Dios tuvo con Agar? O ¿acaso han estado ustedes en las faldas de una mujer que se ve obligada a dejar atrás al fruto de sus entrañas? No fue el caso de Joane sin duda, sin embargo debemos tener ese cuidado antes de hablar y enjuiciar a quien es hallada en esa situación.

Hoy recordamos entonces a Joane, hay hambre y sed de justicia por ella, por su calvario, por su muerte, en circunstancias muy extrañas que aún no se aclaran, pero también está el llamado en la esperanza cristiana de que salgamos a evitar ser de los que juzgaron y crucificaron a Joane, y salir a amar y ayudar a muchas Joane que aún están aquí, luchando, buscando salir adelante, dando la pelea que todos damos cada día. El amor de Cristo debe constreñirnos a hacerlo, de otra manera no seremos sus seguidores.

Aunque no fue mucho lo que pude hacer por ella, tuve el honor y la tristeza de cargar su ataúd allá en la Primera Iglesia Metodista de Santiago en su funeral hace algunos meses, pero mejor seria que todos tengamos el honor y la alegría de ayudar a los migrantes a cargar su maleta de ilusiones, que todas las personas de buenas voluntad y especialmente los que creemos en Jesús -quien se encarna en cada migrante- podamos salir a amarlos, porque todos hemos sido, seremos o hemos tenido ascendientes y descendientes migrantes, y porque también nosotros somos peregrinos en este mundo, buscamos una patria bendecida, el Reino de Dios, donde no hay diferencia entre ricos y pobres, ni esclavos o libres, ni de nacionalidad, ni entre hombres y mujeres, ni de color de piel, mas todos son uno en Cristo Jesús.

Esteban Quiroz González, abogado, conocido también como El Otro Canuto.

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