Colón llega a “América”. Conmemoración de la Conquista.

En el colegio nos enseñaron el “descubrimiento de América” en esta fecha, 12 de octubre.

Dicha idea de “descubrimiento”, tiene un fuerte contenido ideológico, pues nos quiere decir que aquí no había nadie, y que un día un grupo de europeos españoles llegó y se dio cuenta que el mundo era más grande y lo habitó.

De hecho, por este morbo, le cambiamos el nombre acá en Chile, y le pusimos “Encuentro de dos mundos”, y aunque sea cierto que dos mundos diversos se encontraron, la voz “encuentro” esconde nuevamente la verdad, un encuentro es algo pacífico, amable, es un diálogo, pero no fue tal cosa.

El pretendido “descubrimiento”, el rebautizado “encuentro”, fue en realidad una conquista, y la conquista una guerra, y una guerra fue un genocidio, pues aquí había gente antes de que Colón llegara a las que se les arrebató su vida y territorio.

En el caso católico, se utilizó, como siempre, a Dios como justificativo, a que Dios le habría dado al Papa el derecho a repartir a los Reyes europeos (España y Portugal) la tierra, obteniendo así un “título legal” para el saqueo y robo de este continente, a cambio de encargarles incluso la propia evangelización. Pero fue una evangelización violenta, por la espada, por el desprecio, la esclavitud, la explotación y la anulación. Eso evidentemente no es evangelización, no es una buena noticia, fue simplemente una guerra revestida de ropas religiosas.

En el caso protestante, fue incluso peor, también se utilizó un justificativo divino y teológico para la conquista, pero ni siquiera se les consideró humanos con un alma. Los protestantes, haciendo uso de la teología de la predestinación calvinista, se declararon a sí mismos como elegidos y a los indígenas como malditos por Dios, no elegidos, y dignos entonces de morir y de ser saqueados. En las tierras del Norte entonces casi no se molestaron en convivir con ellos, simplemente los exterminaron. De hecho, en ese contexto, las enfermedades que traían los europeos y que mataron a los indígenas eran vistas como verdaderas plagas del éxodo que demostraban que Dios estaba con ellos para darles la tierra.

Esa es nuestra realidad. Y aunque pueden buscarse excepciones, sobre todo en el ámbito católico, con grandes siervos de Dios como Bartolomé de las Casas, o con algunos misioneros ingleses que sí miraron a estas personas como imágenes de Dios, la regla general es lo que les comentamos.

Por supuesto, a Dios se le usa como entelequia legitimadora, se apela a los más absoluto y sublime para hacer lo más detestable, negando la enseñanza de Jesús de amor, de bondad, de entrega y servicio, todo ello para esconder el verdadero propósito diabólico: matar, robar, destruir, por envidia, por ambición de poder, de riquezas, de fama.

Y así se han utilizado y apelado a otras verdades objetivas para fundamentar la violencia contra los indígenas: algunos cristianos apelaron a la teología, algunos empiristas han usado la biología evolutiva y la antropología para legitimarla, algunos marxistas han utilizado el materialismo histórico (la dialéctica) para explicar su eliminación y superación o para poder dar origen al proletariado etc., pero todos estos argumentos son meras justificaciones que esconden solo una cosa: el estorbo que representan para ciertos proyectos históricos y culturales los que son de una cultura diferente, a la que miran bajo criterios muy cuestionables como “inferiores” por su falta de “desarrollo material”.

Hoy por hoy no es Dios ni la biología ni la dialéctica histórica la que se usa para legitimar la violencia contra los pueblos indígenas y minorías étnicas en el mundo, sino otras fuentes de verdad objetiva en un mundo secular: el crecimiento económico, el avance de la economía, el progreso científico. Este es el nuevo sagrado nombre por el que se violenta a estas gentes, se profanan sus santuarios naturales, se les priva de su derecho de propiedad, de sus tradiciones, de su dignidad.

El asunto de la conquista y sus efectos nos ha constituido como sociedad, todos los americanos llevamos en nuestra cultura, música, arte, ropa, forma de pensar, de hacer política y de entender religión la influencia -para bien y para mal- de este proceso, todos somos genéticamente tan españoles como indígenas (y por cierto africanos, pues producto de la esclavitud todos llevamos sangre africana por muy “blancos” que seamos o nos creamos).

Hay que aprender entonces a vivir con esa realidad, para no odiarse a sí mismo, pero tampoco para mirarse como el producto de un proceso heroico o carente de sufrimiento, pues no es así. Hay -simplemente- que dar cara a nuestra identidad, de la que como hijos no somos responsables pero sí herederos de sus efectos, algunos de los cuales nos enorgullesen, como el arte, otros que nos duelen.

Por eso, se requiere reparar, corregir y prevenir y hacer lo que siempre debimos haber hecho y aprendido del evangelio de Cristo: amar, respetar, servir, colaborar, ayudarnos los unos a los otros, seamos diferentes o no, tengamos o no las mismas fe o visión del mundo. Pues este proceso no ha terminado para los indígenas, hoy son ellos contra el dios del progreso económico y tecnológico occidental, es su conciencia que sacraliza la tierra y la protege en contra de un modelo económico industrial de inspiración cristiana (bastante distorsionada) que al no ver en la tierra nada sagrado, la destruye con el solo propósito de obtener bienestar material, lo que no es otra cosa que el proyecto del inglés y puritano Francis Bacon, de “torturar la naturaleza para que entregue conocimiento y desarrollo material con el fin de obtener una gran restauración hacia la situación adánica”, y que busca, en un contexto protestante, glorificar a Dios por medio de la abundancia material (la revolución industrial fue un contexto protestante que tenía esta visión).

Como cristianos, este día nos recuerda los crímenes cometidos falsamente en nombre de Dios, y los crímenes que se siguen cometiendo falsamente en nombre de un progreso material fundamentado en una distorsión grave de la teología cristiana, de las que son partícipes creyentes y no creyentes. Mas aparece en el fondo de todo esto el llamado de Cristo a todos los cristianos de buena voluntad: este es el resumen de la ley, de esto dependen todos los profetas: ama a Dios con todo; y el segundo es semejante: ama a tu prójimo como a ti mismo. Y ¿quién es mi prójimo? cualquiera que se encuentra en necesidad, cualquiera que es víctima de alguna injusticia.

Aquello nos interpela tanto como personas como iglesia y sociedad.

¿Qué estamos haciendo entonces por esto?

EOC.

En la foto: cuadro de la conquista española, cuadro de la masacre a los indígenas en lo que hoy es USA, y foto del proceso hoy. Los indígenas sobrevivientes contra el modelo de desarrollo del que todos somos parte, del modelo que permite que este celular funcione, y que tenga energía para decir esto, del modelo que no es inocente, cuesta sangre y vidas y está destruyendo a la humanidad y la casa que nos dieron para cuidar, pues los indígenas hoy no solo protegen su propiedad y sus creencias, sino de alguna manera están dando una lucha de cuyo resultado puede depender la vida en la tierra.

Esteban Quiroz González, abogado, conocido también como El Otro Canuto.

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