Recuerdos en EOC: Reflexión sobre el comando Jungla.

Esta es una reflexión que escribimos en julio de 2018, días después de la creación del llamado “Comando Jungla”. En un aniversario más de la muerte de Camilo Catrillanca a manos de dicho comando, y en un contexto en que poco o nada ha cambiado, lo suscribimos nuevamente.

Hay un pasaje muy bonito del Antiguo Testamento, que es el de Eliseo y la guerra con los Sirios.
En la cultura popular canuta, esta historia se centraliza en que Eliseo está rodeado del ejército sirio, en ese entonces, enemigos de Israel, y su ayudante asustado exclama ¡qué hacemos! entonces Eliseo pide que Dios abra los ojos de su ayudante, y entonces él puede ver que hay un enorme ejército de caballos y carros de fuego a su alrededor para defenderle. Fin…

Sin embargo, eso es un aspecto secundario de esta historia, la mejor parte viene después. Eliseo ora para que ahora el ejército enemigo se vuelva ciego, y así sucede. Pero esa no es todavía la parte más importante en realidad, la parte maravillosa, el milagro viene después y tantas veces pasa desapercibido o es omitido…

Cuando el ejército queda ciego, cuando el ejército enemigo queda completamente inhabilitado por este increíble milagro, sucede algo más milagroso de Dios por medio de Eliseo. Y es que éste en lugar de vencer radicalmente al ejército enemigo, en vez de aplastarlo, humillarlo, lanzarlo por un barranco y destruirlo por medio de la violencia militar, decide ayudarles. No los mata, les da pan y agua, los libera y los despide, entonces el ejército, agradecido, nunca más invade la tierra, se hace una duradera paz, mejor que muchas batallas ganadas.

Muchos -si no la mayoría- de los que creen (o dicen creer) en la literalidad de las Escrituras, y les gusta la aplicación radical de los conceptos en ella expresada, nunca jamás seguirían el notable consejo de Dios por medio de Eliseo. No lo harían los literalistas norteamericanos (cuyo apoyo a las guerras estadounidenses es casi patológica), ni sus seguidores en estas tierras de tantos cuyo temor a Dios y a su Palabra es en realidad excusa para perseguir los intereses ajenos pero jamás los propios, cuyo realismo siempre es para lo propio nunca lo ajeno…

Pero yo creo en esa radicalidad de la paz como herramienta para la paz, que la guerra no crea paz verdadera, ni sostenible. Que si robas y matas a un pueblo, por más que lo aplastes, nunca crearás paz, sino batalla, sino pelea, pues puedes aplastarles, pero no a sus hijos, no a sus herederos, no a las otras víctimas que dejas en casa, solas, sin padre, sin familia, sin nada, y que pronto no tienen nada más que perder sino su sed de justicia.

Los conquistadores españoles y luego los chilenos han combatido por siglos al pueblo mapuche, se han debatido por el dominio de la tierra. Son siglos de derramamiento de sangre, de injusticias, de violencia, y aunque el español y el chileno han ganado, robado, matado y atentado, esto no se detiene, ni ayer, ni ahora, ni parece vaya a suceder nunca.

Todos prometen paz por medio de la guerra, le han llamado “pacificación”, ahora “guerra contra el terrorismo” (aunque en Chile no hay terrorismo jurídicamente hablando y si bien hay algunos intentos de resistencia, la resistencia, ni siquiera en la tradición del derecho natural ha sido considerada inmoral…)

En medio de ella, en una batalla desigual en todo sentido, el pueblo mapuche sufre, sufre el robo de sus tierras, sufre el sacrilegio a sus costumbres sagradas, sufre la destrucción de su cultura, sufre y sufre, y se le criminaliza y criminaliza, y se aplica “mano dura” y los gobiernos, sean de izquierda o derecha, sean Bachelet o Piñera, compran armamento, equipamiento y entrenamiento militar, pero no ganan, ni ganarán, porque quieren ganar un conflicto aplastando, matando, violentando, a familias, a niños, a comunidades enteras. Pero así nunca ganarán, solo sembarán mayor radicalidad.

No ganarán así en Chile, donde el conflicto no califica para guerra civil -aunque sí para una gran injusticia- y no ganarán en ninguna parte nunca, ni en Palestina ni en Siria, ni en Colombia, ni en parte alguna. Porque la guerra se detiene cuando se da paz, la paz no es una meta, es la forma para solucionar conflictos sin aplastar al otro, y con esto no satanizo las legítimas resistencias de muchos grupos oprimidos, sino que lo digo al fuerte, al que va a ganar, al que pelea con tal ventaja que tiene la fuerza de pelear como contra un ejército enceguecido, lo digo por el abusador que no quiere dejar su abuso: no maten ni aplasten a sus víctimas derrotadas y derrotables en batalla: denles pan y agua, con eso llegarán a la paz.

Chile no necesita más contingentes policiales, ni aplastamientos militares, ni más equipamiento militar avanzando (mucho menos contra familias, niñas, adolescentes), no solo porque eso ha significado una brutal violencia contra personas, mujeres, hombres, niños y familias completas, sino porque aquel es el germen, es la semilla, que sirve para propagar y cosechar más violencia en el futuro (aunque el pueblo mapuche tiene muy poco para defenderse)

El conflicto se va a solucionar cuando realmente se use la paz como medio, cuando sea el entendimiento, el reconocimiento, la colaboración y sobre todo el fin a un robo de siglos, el que prime.

Por la vida, por las familia, las de verdad eso sí, las de carne y hueso, por el Dios de paz, por el amor de Cristo, NO MÁS REPRESIÓN CONTRA EL PUEBLO MAPUCHE, pongan fin a las represión y la violencia.

Sigan el ejemplo que nos da Eliseo en esta historia, aquí y en todo lugar, en el mundo entero, donde se producen y compran armas para “asegurar la paz”, pero eso no es pan, sino hambre, sino locura, sino dolor. Bienaventurados los pacificadores, bienaventurados los hombres y mujeres de paz.

Ahora, una canción de la gran Violeta Parra:

Arauco tiene una pena
Que no la puedo callar,
Son injusticias de siglos
Que todos ven aplicar,
Nadie le ha puesto remedio
Pudiéndolo remediar.
Levántate, huenchullán.

Un día llega de lejos
Huescufe conquistador,
Buscando montañas de oro,
Que el indio nunca buscó,
Al indio le basta el oro
Que le relumbra del sol.
Levántate, Curimón. .

Entonces corre la sangre,
No sabe el indio qué hacer,
Le van a quitar su tierra,
La tiene que defender,
El indio se cae muerto,
Y el afuerino de pie.
Levántate, Manquilef

Adónde se fue Lautaro
Perdido en el cielo azul,
Y el alma de Galvarino
Se la llevó el viento sur,
Por eso pasan llorando
Los cueros de su kultrún.
Levántate, pues, Callfull.

Del año mil cuatrocientos
Que el indio afligido está,
A la sombra de su ruca
Lo pueden ver lloriquear,
Totora de cinco siglos
Nunca se habrá de secar.
Levántate, Callupán.

Arauco tiene una pena
Más negra que su chamal,
Ya no son los españoles
Los que les hacen llorar,
Hoy son los propios chilenos
Los que les quitan su pan.
Levántate, Pailahuán.

Ya rugen las votaciones,
Se escuchan por no dejar,
Pero el quejido del indio
¿Por qué no se escuchará?
Aunque resuene en la tumba
La voz de Caupolicán,
Levántate, Huenchullán.

Esteban Quiroz González, abogado, también conocido como El Otro Canuto (EOC), candidato a constituyente al distrito 8.

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