[Navidad] [Modelo bíblico de familia] [Mujeres y sexualidad]

Cuando uno lee la genealogía de Jesús en la Biblia, normalmente piensa que es una parte sin mayor importancia, mucho más allá del tema de las profecías como “hijo de David”.

Sin embargo, al leer la genealogía ubicada en Mateo 1, uno puede notar una curiosidad: Mateo tiene cuidado de mencionar solo a los “padres”, y raramente a las “madres” de Jesús. En particular, solo menciona a 5 “madres o abuelas” del Salvador: Tamar, Rahab, Rut, Betsabé, y María.

-Tamar fue una mujer que se hizo pasar por prostituta con tal de obtener su anhelo de ser madre, poniendo a prueba la hipocresía de su suegro Judá (Génesis 38).

-Rahab fue una prostituta extranjera que se casó con un judío (Josué 2)

-Rut fue una moabita (extranjera) viuda que tomó a su suegra como madre, y que con intrépida iniciativa suya se casó con Booz, un judío, aunque eso iba contra las leyes (Rut)

-Betsabé fue la esposa de Urías, David adulteró con ella, y luego mató a Urías para esconder su embarazo (2 Samuel 11)

-María quedó embarazada antes de “conocer” a su esposo, cuestión que para todo el pueblo era lógicamente “fornicación” digna de condena, sin embargo José porque “era justo” no quiso condenarla para que muriera (Mateo 1:18-19).

Como vemos, las madres de Jesús no son precisamente seguidoras o practicantes de modelos muy ortodoxos ni tradicionales (y eso que nos hemos saltado las fichas de los padres…), son familias normales “con problemas”, son familias de esas que nosotros llamamos altanera, prejuiciosa y rápidamente “en pecado”, pero la gracia de Dios no califica a las personas, pues él hace salir el sol sobre justos y pecadores, pues él no actúa por apariencias, y allí donde nosotros vemos “mujeres” o “familias” erradas, pecaminosas, contrarias a nuestro manoseado “plan divino” que casi nadie cumple, Dios ve la oportunidad de nacer, de manifestarse en gracia.

Es posible que nuestra familia no sea “la ideal” que la moralina vende y la que la religiosidad exige, es posible que no responda al tan anhelado e idealizado “modelo infalible” que tanto decimos defender (y que en realidad escasean en nuestra congregaciones, llenas de madres solteras, de divorciados, de convivientes o abuelos que hacen de padres por el abandono) pero tengamos fe, en familias como las nuestras escogió nacer el Cristo, no en familias que parecen o prentender ser perfectas, sino en familias restauradas y restaurables, problemáticas y prejuzgables como las nuestras.

Y si Cristo nació en familias llenas de pecado o no “ideales” y si el Padre hace salir el sol sobre justos y pecadores ¿por qué nosotros nos empeñamos en tapar el sol de justicia y misericordia a los que consideramos pecadores sin siquiera vernos a nosotros mismos por un segundo, sin siquiera recordar la gracia o eliminar el prejuicio juzgando sin saber? ¿por qué hay tantas familias en las que no permitimos que Cristo nazca cerrándoles la puerta como si eso fuese asunto nuestro? ¿Por qué le decimos altaneramente a las madres solteras que su relación con su hijo no es familia sino hasta que tenga un marido (pues eso subyace a que la única familia posible es la matrimonial)? Cristo quiere nacer y bendecir a todas las familias de la tierra, si bendijo la de estas familias y a la nuestra, lo hará con cualquiera.

Mujeres, no dejen que esta sociedad obsesionada con la (su) sexualidad, con la sexualidad femenina en particular, las siga juzgando y condenando, mucho menos en nombre de Jesús. Cristo el que no halló a nadie digno de condenar a la adúltera, y el que era acusado de ser amigo de las prostitutas, el que hablaba con las extranjeras y el que invitaba a las mujeres a aprender del Reino en lugar de servir a las mesas, no está interesado en juzgarlas, sino en amarlas, en dar gracia y restauración, como se la dio Dios a Agar, esa madre sola y abandonada que fue rescatada por “el Dios que ve”, “el viviente que nos ve” tal como somos.

Seamos justos como José, no condenamos, no difamemos, antes bien, amemos. Eso es parte de la navidad.

El Otro Canuto

Imagen: Fotógrafa británica Natalie Lennard, una versión “occidentalizada” pero realista del nacimiento de Cristo el Señor.

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