Recordando a Violeta Parra.

Yo que me encuentro tan lejos

Esperando una noticia

Me viene a decir la carta

Que en mi patria no hay justicia

Los hambrientos piden pan

Plomo les da la milicia, sí

De esta manera pomposa

Quieren conservar su asiento

Los de abanicos y de frac

Sin tener merecimiento

Van y vienen de la iglesia

Y olvidan los mandamientos, sí

Violeta Parra.

A mí me tocó descubrir la obra de Violeta Parra al mismo tiempo que leía Isaías, Ester, Miqueas, y Amós, mientras leía una y otra vez en el metro, 3 horas diarias el Antiguo Testamento. No pude evitar ver el paralelismo, el parecido. Tanto dolor y sufrimiento por la injusticia, tanta denuncia del abuso, tanta incomprensión, soledad y persecución, tanto amor que le daba la gente sencilla, tanto desprecio que recibían de la élite, y una vez muertos, todos diciendo “si te hubiésemos escuchado antes”, “era una grande que denunciaba los abusos, que decía las cosas como son”.

En Violeta Parra, con temas como “la Carta” sobre el abuso a los trabajadores, “Qué diría el Santo Padre” sobre el abuso de poder, “Arauco tiene una pena” sobre el atropello a los indígenas, “Arriba quemando el solo” sobre los trabajadores pampinos, o “Miren como sonríen” sobre el abuso de los gobernantes y la opresión, hay más parecido a un profeta bíblico, que lo que hay en cualquier soñador que predice futuros catastróficos en claves incomprensibles, que es como vemos lo profético hoy por hoy, sin entendimiento del contexto de la Escritura.

Y con esto no la cristianizo ni la elevo a profeta judía, porque ella no era eso, solo les muestro que si hay algo que se parezca al estado y vida de los profetas bíblicos, lo de Violeta es más cercano, que varios estafadores y predicadores de catástrofes con contenidos secretos en extraños éxtasis tipo Nostradamus. Eso estoy diciendo (porque sé que me van a crucificar por este post, como siempre) y es que solemos creer que un profeta era algo parecido a Nostradamus balbuceando símbolos incomprensibles que forzamos a realidades posteriores a ellos, cuando es más parecido a alguien como Violeta Parra, que llama la atención sobre la injusticia que observa, sufriendo terriblemente por ello, viviendo sola y triste, denunciando las consecuencias de esa injusticia y pecado. Un día como hoy, 5 de febrero, fallecía Violeta Parra, se quitaba la vida de un balazo, luego de una vida de profunda depresión, sufrimiento y tormento gigante. Oírla, leerla con atención, te traslada esa profunda depresión y agonía con la que se afligía profundamente, porque “en su patria no había justicia”, por esas profundas penas de amor también que tenía. Antes la había criticado por “gracias a la vida” y su contradictorio y terrible suicidio. Pero si la escuchas con atención, el tono, la letra, la forma, esa canción no es alegre, es una canción de despedida evidente, de gratitud ante el adiós ante el fin, no de gratitud ante el goce. Es la carta de despedida una vida cansada y deprimida, en la que veía al bueno tan lejos del malo, lo mismo pasa con otra de sus más emotivas y desgarradoras canciones como “qué pena siente mi alma” y por sobre todo “maldigo del alto cielo” una canción “jobsiana”. Si hasta su canción de cumpleaños era triste, escrita desde la carencia. Violeta Parra y ese destino trágico de tantos artistas profundos, incomprendidos, sensibles, de los que este mundo no es digno. Me hubiese encantado que Violeta, junto con su enorme deseo de justicia, hubiese tenido más razones para tener esperanza, ese viento apacible que llegó a Elias cuando se veía agobiado por la injusticia de su pueblo y solo a causa de su denuncia, o el que llegó finalmente a Jeremías, tan o más llorón que ella, que comía dulzura y amargor.

Si Violeta hubiese quizá tenido tratamiento a su depresión, quizá nos acompañara con su arte y vida más tiempo. Es necesario entonces que luchemos contra la depresión, con esperanza que no avergüenza, porque la curva del universo moral es larga pero se dobla hacia la justicia, esa es la confianza que tenemos los que creemos en Dios, y también obviamente tratando la depresión con medicos especialistas obviamente. Violeta es única, y en días como éste, yo la “recuerdo”, así triste, cabeza gacha, pensativa, cantando sobre la injusticia, denunciando la maldad, hasta la desesperación, un día triste es el 5 de febrero, no sólo para el arte chileno y latinoamericano, sino para la historia ética y espiritual del país.

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